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¿Y ahora qué sigue?

¿Y ahora qué sigue? P. Juan Ángel López Padilla Pues terminaron las elecciones primarias en Honduras. Como siempre queda lo que, por ley, hay que cumplir. La declaratoria oficial de quiénes salieron electos al final, después de sortear bastante, los manteles de las papeletas electorales, no sólo por el tamaño.  


Es decir,  eso es tarea del Tribunal, que desde hace miles de años venimos pidiendo a gritos que sea técnico y no político, al igual que el Registro Nacional de las Personas; y más allá de aclarar que lo de “miles de años” es un hondureñismo para decir que “ya ratos”, lo puntualizo para que no me vayan a salir diciendo con que ahora estoy a favor del candidato del Partido Liberal; porque, aunque les duela a algunos, voy a estar de acuerdo con quién quiera que sea, del PAC, de Libre, del Partido Nacional, cada vez que sus ideas y propuestas sean sensatas y acorde a la búsqueda del bien común. Suficiente cabeza tengo, y que no uso sólo para sostener el pelo, como para pensar como tantos, que es urgente despolitizarlo todo en Honduras. Aquí se come política, se traga política y se aguanta política. Casi hablamos más de política que de fútbol y, para un sacerdote, eso es pecado no sólo grave, sino gravísimo; pero estamos en este mundo y el Señor pidió a su Padre, no que nos sacara del mundo, sino que fuéramos “uno como Él y el Padre son uno”. La sana religión une, tanto como la mala política, divide.
En fin, mi pregunta es ¿Y ahora qué sigue? Porque no es posible que después de haber visto vídeos de algunos que echaban papeletas en las urnas como quién le quisiera echar al “chanchito” de los ahorros, escuchado reclamos de tantos descontentos que los “sacaron” de las planillas y otras acciones bastante parecidas a las rifas “apuntadas” de los barrios; nos quedan aún largos meses, de aquí hasta noviembre, para seguir en lo que llaman por estos lares: la contienda electoral.
Quisiera creer que ahora si vamos a leer, mejor, a estudiar el Mensaje de la Conferencia Episcopal respecto al asunto de las elecciones. Más que nunca, en nuestra historia reciente, hay un imperativo que no podemos obviar para nada: debemos ser capaces de analizar a consciencia por qué debemos votar. Hay que insistirlo a tiempo y a destiempo. No se trata de ¿por quién voy a votar? Sino de responder a la intención, a la motivación legítima que debe existir al ejercer el sufragio. Además, ya que tanto dijeron que en las elecciones primarias no era el momento para hablar de propuestas, ahora es más que exigido que las conozcamos.
Todo este proceso ha estado tan viciado, con tantas manipulaciones, contubernios, leyes trastocadas o interpretadas de manera antojadiza que es muy riesgoso que sigamos por la ruta que nos divide, a seguir sembrando más odio para cosechar mucha más sangre derramada.
A nuestros políticos, sobre todo a los que han salido favorecidos por primera vez en los diferentes niveles electivos, por favor, cámbienle el rostro a esta Honduras nuestra. Lean el Mensaje de la Conferencia y atrévanse a ser distintos, porque si van a repetir las mismas mañas de sus antecesores, sepan que sólo ampliarán la tumba en la que la historia les sepultará.

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