Política

Política Luz Ernestina Mejía P. Abogada La participación política de los católicos está avalada por el espíritu y la legislación de nuestra Iglesia. El estigma con el que la disfuncionalidad cívica de los políticos ha marcado  el quehacer político, no significa que deba ser mala, al contrario.

En vez de retirarnos y señalarla, los católicos tenemos que incidir en que funcione correctamente. Limitarnos en la comodidad  de  la lejanía,  murmurando o peor absteniéndonos de votar y cumplir con la obligación de elegir gobernantes, no nos hace mejores cristianos. Es deber y derecho a los católicos, el participar en política. Atender lo estatal, propiciar su evangelización, como constitutivo del ser humano, es deber cristiano. La política lejos de despreciarse, debe ser revalorizada por una ciudadanía responsable y mediante una práctica coherente como idealista. De conformidad con el Catecismo y documentos eclesiales, son deberes ciudadanos, el amor a la Patria, el reconocimiento de las autoridades, legitimas, de obligado agregado. Así como la obligación de orar por ellas y la de prepararnos adecuadamente para asumir responsabilidades en forma eficiente. Se nos llama a ser comprometidos y a participar, porque lo político es también campo para la Conversión a la que estamos llamados. Los católicos debemos contribuir al control del poder, nunca volvernos complacientes con sus excesos. Lejos de ello, señalarlos para disuadirlos. La iglesia nos exhorta a respetar la autonomía de lo político, (Gaudium et spes, # 36), Somos conscientes de que la labor de la Iglesia  “por razón de su misión y de su competencia no se confunde en modo alguno con la comunidad política” Centesimus Annus ( 45 y 46). Laicismo y activismo político no son excluyentes. Nuestro Catecismo, afirma que el ser humano debe ser evangelizado en toda su integridad, lo que incluye lo político. En los tiempos de Jesús en el mundo, el mesianismo se consideraba como una expresión humana, sobre todo política. Tenemos presente que los motivos de los gobernantes de aquel tiempo por la condena de Jesús, no fueron de otro tipo, más que políticos. Le acusaban de “ revolver” al pueblo. Los católicos estamos llamados a ser diferentes en todos los ámbitos de la vida, en lo político fundamentalmente por su condición cohesionante con la sociedad: en la unión, en el servicio, en la solidaridad que debemos. Los laicos estamos exigidos a “impregnar” la realidad que nos circunda. Para ello participar en política, crear organizaciones atinentes, es permitido y fomentado en la “responsabilidad personal” en el activismo en la vida pública. Es pertinente nuestra vinculación ciudadana con  la garantía a los derechos fundamentales, en su esencia de la igualdad que debe primar entre los seres humanos. Hemos sido creados a imagen y semejanza de Dios. Para incidir en el alcance del Bien Común, entendido como cauciones a la dignidad humana, a su ventura y a la creación de condiciones para concretar su desarrollo y su derecho a vivir en paz. Para velar por la libertad, para que exista justicia social, económica y si, política. Para que haya equidad en esta sociedad cada día más desigual. En el marco de las leyes de Dios y las de los hombres. Que no pueden ser excluyentes. Todo impulsado hacia el progreso que se funde en la verdad, la justicia y el amor justificado en el Primer Mandamiento de la Ley de Dios, “Amaras a tu prójimo como a ti mismo”.

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