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De esperas y esperanzas

De esperas y esperanzas Diac. Carlos  E. Echeverría Coto carloseduardiacono@gmail.com Una espera es el lapso de tiempo que transcurre entre el momento en que se tiene la certidumbre de algo va a ocurrir, y el acaecer de ese algo. Diré que estoy a la espera de un amigo, pues me avisó que vendría. Una madre embarazada, espera el feliz nacimiento de su hijo.

Quien ha terminado su carrera, está a la espera de que le entreguen su título. Y si presté un dinero, espero me sea devuelto.
Son muchas las cosas que esperamos, positivas éstas, negativas ésas, indiferentes aquéllas.  El optimista siempre esperará lo bueno, lo favorable, lo que aprovecha. El pesimista siempre espera que suceda algo malo y, cuando no, espera lo peor.
Otra cosa es la esperanza. La esperanza es el estado de ánimo que surge cuando se presenta como alcanzable lo que se desea o espera. También esperanza es el estado de ánimo que surge cuando alguien creíble nos promete que nos dará o hará algo o llegará aquello que se desea o espera. Esperanza es la del niño a quien su madre le pone da una medicina y le asegura que dormirá bien y que mañana no le dolerá.
Y también es esperanza nuestra certeza de que podemos alcanzar todo lo que Dios nos ha prometido.  Al respecto nos enseña la teología que se trata de una virtud, nacida de la confianza, es decir, de la fe plena que tengo en Dios y que le tengo a Dios. La esperanza como virtud también se deriva del amor; el que sé que Dios me tiene y que no piensa dejar de tenerme y el que yo le tengo, pues quien ama confía sin límites y espera sin límites. Estas tres son virtudes que nacen en Dios y por eso tienen el nombre de virtudes teologales: fe, esperanza y amor.
A veces digo “tengo la esperanza…”, cuando debería haber dicho “espero…”. Y nos sucede decir lo contrario, pues digo que espero, cuando en realidad tengo una firme esperanza. Por eso es bueno pensar cómo es que esperamos, si en actitud de espera o con esperanza.  Y usted me dirá: “Pero, ¿no depende esto de lo que estoy esperando?” Le contesto que claro que sí, aunque también depende de quién espero yo algo.
Digamos de una vez que,  respecto a lo que Dios ha prometido,  sólo cabe la esperanza. Pero es posible tener esperanza en relación a cosas más transitorias pero siempre importantes.  El punto crítico está en no confundirse. Tiene derecho a tener esperanza quien no se sienta a esperar que las cosas sucedan solas, sino que se agacha a trabajar por ellas. Para lo cual vale lo que dijimos de la confianza. ¿Confío en mí y en mi perseverancia?  Y respecto a otras personas, preguntémonos: ¿confío yo en alguien (y por qué)?.
Perdone si le dejo un ejercicio a modo de tarea. Reflexione: habiendo pasado ya las elecciones primarias, de cara a las elecciones generales y al futuro que habrá de seguir, ¿hay lugar para la esperanza (o únicamente para la espera)? Sería triste si la respuesta fuese negativa. Yo al menos creo que hay lugar para la esperanza, sin ingenuidad. Espero, (digo bien), espero que usted visualice esperanza en el horizonte de Honduras…  y que no se equivoque al perseguirla.

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