Superficialidad

Superficialidad Diac. Carlos E. Echeverría Coto carloseduardiacono@gmail.com Por superficie entendemos el límite de un cuerpo, y más exactamente su aspecto exterior. Lo superficial evoca, por tanto exterioridad, en contraposición a interioridad, que hace referencia no sólo a lo que se encuentra dentro, sino a lo que, precisamente por estar ahí, no se ve, o está oculto, pero que contiene lo vital, lo esencial de algo.

Por ello, cuando la terminología se aplica a las persona o a sus ideas, se dice de ellas que manejan un discurso superficial cuando dicen cosas comunes, ya sabidas, sin explicar sus causas, sus principios, su alcance o su significado último. Hacer esto, sería, en cambio, tener profundidad, hondura.
No es casual que hablemos de pensamientos, ideas, discursos o personas superficiales, en estos días de elecciones primarias en algunos partidos políticos, pues hemos tenido una superproducción de trivialidades. El período pre-electoral tiene por finalidad dar el tiempo oportuno a los candidatos para exponer sus ideas, sus planes, sus soluciones a los diversos problemas que tenemos como sociedad. Siempre esperamos análisis rigurosos, comentarios sesudos, argumentos sólidos que pudieran llevarnos a descubrir horizontes de superación y afianzamiento del bienestar colectivo.
Pero no; dejando a salvo algunos pocos que se esforzaron honradamente por explicar sus ideas, quedamos saciados de superficialidad. ¿Qué gana Honduras con que este candidato tenga chocoyos o que este otro sepa mover el atol de elote? ¿De qué me sirve una candidata en bicicleta, si para correr no la quiero? ¿Cómo tomar en serio a quienes en el video se muestran abrazando gente, cuando nunca antes se les vio cerca del pueblo? ¿Cómo puedo votar por uno que se respalda en ser el primo de líder? Sirva lo anterior de muestra, para no hablar de las cancioncitas a veces agradables y pegajosas, pero otras más claramente plagiadas, sin mencionar los falsetes, gritos o cohetería de fondo.
Los únicos a los que he oído exponer ideas son los precandidatos a la Presidencia de la República (aunque no todos). La mayoría de los otros se escudan detrás de su figura o de la bandera, esperando muchos continuar en lisa gracias al voto en plancha.
Habrá que hacer un serio esfuerzo para las elecciones generales. Los políticos tienen la responsabilidad de ser transparentes con el pueblo diciendo, sin mentir, qué podemos esperar de ellos y qué opinan de los planteamientos ajenos. Que nos hablen de empleo, educación de calidad, respeto a las personas, salud para todos, seguridad, etc.; de cuáles son los planes, para cuándo podemos esperar resultados, cómo se van a financiar, etc.
Los candidatos católicos no pueden decepcionarnos. Necesitamos de ellos calidad humana, visión política y coherencia cristiana. Porque, además de la política está la vida diaria, junto con la vida espiritual. Ellos y ellas tienen que reflexionar seriamente el compromiso que están a puntos de adquirir con el Estado, en donde la dignidad del ser humano será ser respetada (Art. 59 constitucional) tanto en cuanto se persiga el bienestar colectivo. Esto no lo puede conseguir quien no tiene calidad humana, quien no es solidario o empático con la mayoría de nuestro pueblo. Ellos y ellas, una vez confirmados como candidatos a las elecciones generales, deberán también orar al Señor pidiendo, como Salomón, la sabiduría que viene de lo alto, para gobernar con acierto. Que así sea.

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