Noticias en desarrollo

Honduras debe cambiar

Honduras debe cambiar P. Juan Ángel López Padilla Como tantas veces se los he comentado, yo no creo en las coincidencias. Me resulta increíblemente providencial, el hecho de que este día, en el que se celebran las elecciones primarias en nuestro país para diversos institutos políticos, y que, mi juicio son las elecciones más importantes de los últimos años, sea además, el segundo domingo de cuaresma que tradicionalmente se conoce como el Domingo de la Transfiguración.


Honduras, debe transfigurarse y no desfigurarse. Son tantos los motivos que tenemos para señalar que hemos perdido el Norte de lo que, en el corazón de Dios, se pretende para esta patria que merece un mejor destino.
Trabajando estos días, mil y un documento de mi tesis, me he encontrado con una descripción de lo que, a juicio de un santo sacerdote, ocurría en nuestra patria, en mayo de 1909.
Lo transcribo tal cual: “En Honduras… La juventud y la misma niñez crece precoz en el mal, ignora hasta de los mismos deberes domésticos y sociales: lo que constituye un serio peligro para la Iglesia como para el Estado. La masa del pueblo en general, falta de criterio moral, corre y está precipitando hasta el más bajo nivel de la depravación; como lo prueba la criminalidad, el alcoholismo, el concubinato ya generalizado, el ningún respeto a las leyes ni divinas ni humanas, lo cual involucra la perversión del principio de autoridad”.
Recuerdo que cuando leí estopor primera vez, hace ya poco más de cuatro años, puse al lado de mis notas un comentario al cual hoy, debo refrendar: “¿hace un siglo atrás u hoy?”
Cuando fueron escritas estas palabras, gobernada un presidente en Honduras que, había alcanzado el poder después de que, una guerra civil, había ensangrentado al país. Dos años después, este presidente fue destituido por otro que ya había gobernado y que, a fuerza del dinero, de uno de los más astutos dueños de una compañía bananera, gracias a sus intrigas, la compra de conciencias, el soborno, etc., reinstauró a aquel presidente en el poder y a la vez comenzaba uno de los capítulos que nos ganarían más adelante, uno de los más horribles apodos que han marcado la historia de Honduras: Banana Republic.
Poco más allá de un siglo después, ya no somos una República Bananera, pero nos han tildado de ser un narco-estado.
Las acusaciones, ciertas o no, que han surgido esta semana contra antiguos y actuales funcionarios del aparato estatal, sólo nos hacen pensar en que efectivamente no hemos hecho en todo este tiempo más que desfigurar la dignidad de esta nación. Alguien es responsable de todo lo que nos está pasando y son nuestras autoridades las primeras responsables de ello, porque la autoridad no se tiene, se gana.
Quiera Dios que entiendan bien eso, los que hoy saldrán electos para presentarse a la contienda general de noviembre. Realmente, no han ganado nada y perderán mucho más si las posiciones que alcanzan lo hacen sin “criterio moral, sin respeto a las leyes humanas y divinas”.
Honduras debe transfigurarse, pero sin el sentido de lo sagrado, de la justicia y de la verdad, nos arriesgamos a otros 4 años sumidos bajo el peso de gobernantes cuya factura hace eco en las puertas del Cielo. Pero no entra.

A %d blogueros les gusta esto: