Diócesis Trujillo

Se marchan dos misioneras dejando una estela de amor

Se marchan dos misioneras dejando una estela de amor
Sor Josefina Arzóz Sáez compartió las tristezas y alegrías en que viven las familias en la Parroquia
San Juan Bautista de Trujillo y sor Elena Villalba, por diez y ocho años se unió al trabajo misionero
que han venido desarrollando las hijas de la Caridad en esa diócesis.
Texto y fotos: Wilfredo Rivera Martínez
Wilgabcris@yahoo.es
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Entre lágrimas y abrazos los agentes de pastoral de la Parroquia San Juan Bautista despidieron a dos Hijas de la Caridad que por casi cincuenta años prestaron sus servicios en el Departamento de Colón y ahora específicamente en la Diócesis de Trujillo.
Sor Josefina Arzóz Sáez compartió las tristezas y alegrías en que viven las familias en la Parroquia San Juan Bautista de esa ciudad puerto y sor Elena Villalba, por diez y ocho años se unió al trabajo misionero que han venido desarrollando las hijas de la Caridad en esa diócesis.
Cabe destacar que estas son las últimas hermanas que vinieron de España y ahora las que asumirán la tarea pastoral son Centroamericanas. La nueva Superiora de esta misión es sor Geraldina Cáceres y también ha llegado sor Rosario Morales.
En el homenaje de despedida sor Josefina Arzos Sáez dijo: Muy amados hermanos y hermanas. Me siento muy feliz, al estar con ustedes. Hace cuarenta y nueve años que tuve la dicha de venir a esta bella misión de Trujillo, donde nos recibieron muy bien y he sido muy feliz. Nos acogieron con gran amor, cariño y hospitalidad y fueron muy generosos. Vine para evangelizar y fueron ustedes los que me evangelizaron.
He aprendido mucho de ustedes; les doy las gracias y también a Dios que me lo concedió. Los amo mucho y oro por ustedes, porque se lo merecen y siempre seguiré orando. Yo vine a esta misión, porque sentí el llamado de Dios, lo pedí y me lo concedieron, me he sentido muy realizada como Hija de la Caridad y como misionera, aunque indigna. Ahora ya no puedo trabajar como antes.
Nuestras constituciones dicen: Las misioneras cuando llevan muchos años y van perdiendo fuerzas, pueden regresar a su país de origen. Esto es lo que voy a hacer. Yo sé que Dios lo quiere y por eso me voy. No puedo irme sin despedirme de ustedes, siempre vamos a seguir unidos, en la fe, en el amor y en la oración y unidos para siempre en el cielo con Dios, la Santísima Virgen y los santos. Que Dios nos bendiga a todos y nos conceda la gracia de ir a la gloria por toda una eternidad. ¡Muchas gracias!
Por su parte la Hermana Sor Elena Villalba quien estuvo por doce años y medio como superiora de la misión, se despidió de la siguiente manera: Hace diez y ocho años, el diez y siete de febrero llegue a Trujillo, yo soy fruto del Huracán Mitch, cuando el Huracán Mith yo trabajaba en un hospital en Barcelona, cuando yo observaba las noticias y me pregunta un médico y ¿usted qué tan misionera es? ¿No le gustaría ir a Honduras? Y le conteste: doctor si me dejaran ir andando iba ahora mismo, así se quedó la cosa; pero era por la noche no pude dormir y por la mañana yo escribí a la visitadora, yo sé que después de un huracán hacen falta enfermeras para ayudar, no me contesto.
Entonces el primero de enero me dijo: ¿estarías dispuesta a irte ahora mismo? yo le dije: que si, me dijo; no digas nada. Porque yo era supervisora de un hospital entonces ella fue a hablar con el director del hospital, ya que esa plaza no podía quedar abandonada. Para no cantarles toda la historia yo me vine en febrero. Vine para un año y llevo diez y ocho, con eso les digo lo que ha sido para mí venir a Trujillo.
Lo que más me impacto cuando vine bueno fue lo del huracán las carreteras, estaba todo destruido pero la gente; la gente me impacto porque yo ya había trabajado en África y es mucho lo que hice pero allí es otro estilo. Al llegar aquí ustedes la gente me impactó, su dulzura, su amabilidad, su acogida yo siempre he dicho he venido a recoger el fruto de lo que las hermanas habían hecho. No era normal yo nunca me esperaba un tipo de recibimiento de parte de los jóvenes, me cautivaron y cuando llego el año en que me tenía que ir porque se me venció el contrato, pedí a ver si se me lo podía renovar y me dijeron: bueno otro año y al tercero renuncié a pedir el otro.
He trabajado, sor Josefina ya lo ha dicho ya las fuerzas se me han terminado, creo que he hecho lo que he podido; bueno mucho más tal vez podía haber hecho pero si estoy contenta de la labor que el Señor me ha permitido, muchos jóvenes que algunos están en el Norte me llaman.
Yo no hice nada, más que abrir a la hora la puerta y regañarles, también si no venían a clases yo lo asumí como una madrastra, si hacían o no hacían como les ha impactado. Entonces yo me voy muy pagada, demasiado me han dado ustedes, pero ya como dice sor Josefina ya me siento cansada ya no puedo hacer lo que antes hacía, voy a mi país que sé que allí voy a seguir trabajando, pero de otra manera.
Aquí ya no sabía hacer casi nada más que seguir al Señor, ya no puedo ya me canso, me voy muy contenta y muy agradecida ustedes han sido geniales, dejo buenas amistades, buenos amigos y buenas amigas les llevo en el corazón siento algo en mi pecho porque sé que hay gente que no la voy a volver a ver porque muy lejos donde nos vamos; pero que van en el recuerdo, van en mi corazón, hacen ya veinticinco años que no voy a África; pero aun veo las caras me acuerdo del trabajo que hice, verdaderamente eran milagros de Dios Concluyó.