Noticias en desarrollo

Doris y Juanita, dejan huellas de amor en el penal sampedrano

Doris y Juanita, dejan huellas de amor en el penal sampedrano Las hermanas dominicas sirvieron desde 1998 en la Diócesis de San Pedro Sula. Con un carisma que abrazaron a familias viviendo con vih y sembraron esperanza en los privados de libertad. Texto y fotos: Johanna Kattan jokattan@semanariofides.com Síguenos en www.fidesdiariodigital.com Su misión era servir unos meses, pero su entrega incondicional fue de casi 20 años. Son religiosas dominicas que en cada acción en la Diócesis de San Pedro Sula, dejaron su amor fraternal. A una de ellas la llaman Juanita, aunque su nombre es Joan Williams de la congregación de Nuestra Señora del Sagrado Corazón de Grand Rapids, Michigan y, la otra hermana es Doris Reagan de la congregación Hermanas Dominicas de La Paz en Columbus, Ohio.

Desde su llegada a Honduras en 1998, han servido en diversas comunidades y pastorales. Han apoyado en la formación cristiana, con los delegados de la palabra, con varias parroquias, con la Pastoral del Buen Samaritano y por su carisma como educadoras sirvieron Talleres de Levadura, y como docentes en el diplomado de Teología en la Universidad Católica de Honduras. Pero dejan una huella profunda especialmente en la Pastoral Penitenciara y a Casa Aurora en el programa Viviendo con VIH. Doris y Juanita, fueron esa escucha que liberó a muchas personas en el centro penal sampedrano. Dieron testimonio con solo tratar con respeto y ternura a los privados de libertad. “Cuando nos pregunta, dónde está tu parroquia, nosotras decimos en el centro penal, porque ahí nos sentimos en casa. Son momentos especiales, en la liturgia, el hablar y escuchar a individuales o en comunidad”, confesó Doris. Juanita ha sido la que guía el coro en la Pastoral Penitenciaria. Durante los Via Crucis en el penal, Juanita con su guitarra caminan en cada estación, motivando a los demás a reflexionar en la pasión de Cristo. “Lo que más me ha llamado la atención en la pastoral penitenciara, es el anhelo de los privados de libertad para sentirse aceptados y que saben que hay alguien con interés en ellos como persona no solo como privados de libertad”, mencionó. “Me enamoré de la naturaleza y cultura de Honduras, pero las personas son más bellas”, comentó Juanita. Las hermanas dominicas se encariñaron de los sampedranos, y dicen que extrañarán a todas las personas de las diferentes pastorales y a la familia dominica. “Yo me siento muy amada aquí en Honduras”. Dejan su corazón en Casa Aurora, donde varias familias que viven con vih se convirtieron en su familia. “Casa Aurora significa casa, casa y casa; estos niños que hemos chineado desde hace 15 y 16 años ahora son jóvenes para graduar del colegio con gran futuro; siempre permanecerán en nuestro corazón”, dijo Doris. Ahora las dominicas regresan a su país natal, Estados Unidos, donde continuarán una nueva misión de vida. “Estamos muy agradecidas, especialmente con Monseñor Ángel Garachana, por recibirnos en la diócesis de San Pedro Sula como religiosas y, dejarnos trabajar en las diferentes pastorales y áreas de la diócesis”, exclamaron las hermanas Joan y Doris.

A %d blogueros les gusta esto: