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Destacadas misioneras extienden sus manos a los más necesitados

Destacadas misioneras extienden sus manos a los más necesitados Su amor es la fortaleza y energía que no les produce cansancio para atender las solicitudes de los más necesitados. Texto y fotos:Eduardo García enrique.gb80@yahoo.com Síguenos en www.fidesdiariodigital.com Las mujeres se han ganado a pulso cada vez más, un rol preponderante en todos los campos de la sociedad y con dedicación, entrega y capacidad contribuyen al desarrollo de la sociedad desde sus diferentes profesiones o vocaciones.


Como un homenaje en el Día Internacional de la Mujer, Fides honra a tres mujeres, dos extranjeras y una nativa, que con su labor a favor de los más necesitados, son un claro exponente de esa mezcla de ternura, entrega y capacidad que las caracteriza.

SOR EMILIA En la aldea de Suyapa encontramos a Sor Emilia Granel, de la Fraternidad Verbum Dei, una dama de corazón noble que a sus 72 años, refleja la fortaleza y energía que le abastece su amor por ese don de servicio a Dios y los demás.
Le gusta que le llamen Sor Emi, la misionera que vino desde Zaragoza, España. Arribó a nuestra capital dejando en su patria a su familia y amigos, porque Dios la llamó a cumplir una misión para atender al mandato de su congregación. Lleva 50 años de estar en América Latina y de servicio tiene 23 en Honduras y siete en Guadalajara, México. Llegó en 1993 a nuestro país y desde entonces presta sus servicios a los más necesitados.
En la aldea histórica de Suyapa, Sor Emy comenzó hace 23 años con sus proyectos de solidaridad, para darle una esperanza a los más desposeídos. Actualmente atiende a 16 comunidades donde habitan personas de escasos recursos, ella dirige cinco proyectos, entre dotación de casas y becas acompañados estos de oración, apostolado y evangelización.
Desde los 18 años deseaba ser totalmente feliz. “A esa edad, Dios puso a mi tío en mi vida y era la persona más feliz cuando yo me iba al hospital a llevarle cosas, a cantarles con los amigos de la parroquia. Entonces ahí comenzó a cambiar mi vida, es ahí donde despertó la vocación en mi”, recuerda Emi.
Dice que sus padres no querían que se vinera de misionera porque la perderían y ella tampoco tendría tiempo para verlos cuando quisiera. Eligió estar bajo la obediencia y observar las normas que hay en la fraternidad. Entonces les dijo que se venía y sus padres la acompañaron y aquí la tenemos.
Expresa que los 23 años de estar en Honduras los valora como un tesoro, igual los 49 de vida misionera al servicio de Dios. “Es el mayor tesoro que Dios ha podido poner en mis manos”.
“El ser humano está creado de espíritu y de cuerpo y hay un vacío dentro de uno que si no lo llena Dios, estás perdido, andás siempre insatisfecho. Porque es Dios el que tiene que ocupar ese hueco”.
“Soy muy feliz con muchos problemas, no míos la gente me los provoca. Cuando te mira una madre y te dice: me han extorsionado, me quieren matar; qué le puedes decir a esta madre? Dale consuelo, una ayuda. Entonces es lo que hago, ayudar a hacer el bien al que Dios pone en mi camino”.
Añade que atiende a más de 500 personas. “Desde el Huracán Mitch no he dejado de hacer cosas, porque me han llegado de España ayudas humanitarias. También los sábados vienen 400 niños a catequesis de pre comunión, comunión, infancia, confirma y madres, ahí pues estamos dando las ayudas a catequistas”.
“Las becas las empezamos desde el huracán, porque veíamos la necesidad en las familias. Porque los niños no tenían los recursos para estudiar, porque los padres no tenían trabajo, entonces empezamos a becar. Hay unos 300 niños becados”.

APOYO EN LA PASTORAL “Para mí lo más importante es Dios y de ahí parto. No trabajo sólo por lo social, trabajo para dar a Dios y doy a Dios desde una casa; desde una comida; desde unos estudios; desde un padre nuestro, una enseñanza en la fe.
“Todos los años tenemos tres retiros: Adviento, Cuaresma y Resurrección. Trabajo con el pueblo de Dios, con las madres de las 16 comunidades de fe que hay en torno a la aldea Suyapa. Cuando vine en 1993, primero se empezó con una comunidad y de ahí fui abriendo otra y otra, así se trabaja con las familias y madres. Se trabaja sobre la palabra de Dios, sobre las comunidades. Luego de cara a lo que es una evangelización; la catequesis desde pequeños, los retiros con los jóvenes, con los catequistas, con los niños con los adultos, acá en el templo del Divino Niño”, detalló la misionera de Zaragoza.

HERMANA CHRISTOPHER Se sentó en una banca junto a nosotros para atendernos, hizo gala de su cortesía de buena mexicana. Hace cuatro años arribó al país y le esperaban en la colonia Sinaí de Tegucigalpa, ahí está ubicado el hogar edificado con amor para atender niños, jóvenes y ancianos.
Ella es la hermana Christopher, Misionera de la Caridad, vestía como la Madre Teresa de Calcuta, con su hábito llamado sari y sus tradicionales sandalias. La Madre Teresa cambió el sufrimiento de los indigentes y de los abandonados para darles esperanzas.
La Hermana Christopher, en Tegucigalpa, tiene a su cargo la congregación fundada por la Madre Teresa de Calcuta. Habita en el hogar “Don de María”, donde actualmente se atienden a 26 personas con discapacidades, incluyendo a niños y jóvenes, además de adultos mayores que han sido abandonados.
Sólo nos dio un nombre y dice que es conocida como Christopher M. C., o sea, Christopher Misionera de la Caridad. Ella cuenta cómo Dios la llamó.
“Yo andaba buscando la felicidad y también mi vocación. No mi vocación profesional, porque ya la tenía. Era mi vocación como persona y recibí la invitación de una amiga que quería ser monja, yo estaba en un grupo juvenil y una amiga que iba a diferentes congregaciones me invitó a las Misioneras de la Caridad. Entonces fui a ese hogar y lo que vi allí me impactó. Los niños que habían no eran normales, todos tenían un mala formación fuerte, o sea de la microcefalia. Entonces lloré y me llevaron a la capilla y vi que las hermanas ninguna de ellas era mexicana”.
Rememoró cómo tomo la decisión de servir a los más desposeídos y de formar parte del hogar que construyó, guiada por el amor de Dios, la Madre teresa de Calcuta. “Después de que paso un año empezó a leer sobre ella, ahora si sabía quien era la Madre Teresa. Regresó otra vez, para decirles que quería tener una experiencia con ellas, las Hermanas de la Caridad”.

HERMANA, MELVA ROSA VASQUES Ella nació en Tegucigalpa y pertenece a la Congregación Nuestra Señora. Es una misionera asignada al sector de Amarateca, Francisco Morazán. Ingresó a la congregación en 1989, hizo sus votos en 1982 y este año está en sus 25 años de vida consagrada. Además, en el 2001 y 2002, ella colaboró con Cáritas de Honduras a nivel nacional con la Pastoral de la Mujer.
Ha trabajado con los Delegados de la Palabra y en la formación de catequistas, desde su parroquia de origen San Maximiliano Kolbe.
“Yo recibí el llamado de Dios estando como profesora de educación media y trabajaba en un colegio católico siendo Delegada de la Palabra de Dios, sentí que Él me estaba llamando a algo más, a un compromiso desde la palabra, Sentí que me estaba llamando a una entrega más radical en la vida consagrada”. Es así como dejé de trabajar y empecé a conocer a las hermanas de la congregación, relató. Trabajé en Caritas de Honduras a nivel nacional, con la Pastoral de la Mujer, fue en el 2001 y 2002 en Cáritas de Honduras, eso me dio la oportunidad de conocer la realidad de cada diócesis, de cada equipo diocesano”. “En aquel entonces se hablaba de género, no sólo el papel de la mujer, igual de ambos. De género quiere decir, conocer hombres y mujeres el papel que tenemos de igualdad en la sociedad. Cuando hablamos así a nivel de participación, que hayan mitad mujeres y mitad hombres, fue bien interesante ver como las mujeres hemos heredado toda una cultura patriarcal”.
“Pienso que el papel de la mujer en la sociedad, es un papel de igualdad con el hombre en cuanto a la responsabilidad en la sociedad. Como mujer del siglo 20 y siglo 21, vi como la mujer fue ganando espacios en la sociedad. Es porque teóricamente se dice que hombre y mujer tienen las mismas oportunidades, pero en la práctica no es así. Si usted está en un trabajo, el trabajo del hombre es mayor aunque tengan el mismo título con la mujer”. La mujer debe tener espacios en la vida pública, no sólo quedarse en el espacio del hogar, estar interactuando con otras mujeres y hombres”.
También así a nivel de mi vida religiosa, me ha ayudado mucho trabajar con los Delegados de la Palabra. He trabajado con ellos a nivel de mi parroquia de origen, San Maximiliano Colbe. Gracias a Dios allí tuvimos una misión y yo fui una de las fundadoras de esa misión. Y fue muy bonito trabajar con los Delegados cuando la parroquia era muy grande. Ahí también tuve la oportunidad de enfocar el papel de la mujer desde la Biblia, ese papel de igualdad.

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