Caminar Punto de Vista

Llamado a la responsabilidad

Llamado a la responsabilidad
Jóse Nelsón Durón V.
El universo es uno solo. La tierra es una sola. Honduras es también una sola. Cada uno es uno solo. Dios no se repite. En conformidad con la física, no hay dos gotas iguales y sabemos que cada día trae su propio afán; siendo únicos, Dios nos concede permanentemente, junto con la razón, el don y la gracia de la adaptación. La idea de hace un nanosegundo ya pasó y a su paso alteró la mente, de tal manera que ya no somos el mismo. Somos personas en proceso, maleables, cambiantes y el poder de adaptación a toda circunstancia, así como la tendencia a buscar la comodidad y el placer, es muchas veces nuestra mayor debilidad… es más, el rayo de sol que entibia nuestro cuerpo salió del sol hace 8 minutos con 19 segundos y la posición relativa del sol también cambió en ese tiempo. Cambiaron también quienes nos rodean y es una realidad que en el caminar continuo de la vida hemos de ir adaptándonos en el convivio con los demás para posibilitar el crecimiento de todos; para ello, la sociedad ha establecido reglas y normativas de buena conducta, de educación y demás requisitos de convivencia. Una sola es la familia, la sociedad y la vida, y la oportunidad de prolongarla eternamente, aunque el llamado a la conversión es continuo.
Justo al inicio del maravilloso tiempo de Cuaresma, nuestra Conferencia Episcopal nos dice que el voto no tiene precio e invita a todos los candidatos a puestos de elección popular a hacer propuestas sólidas, fundamentadas y factibles, a evitar la “propaganda vacía y engañosa” y a actuar coherente y responsablemente en la búsqueda de la preferencia popular. Con el fraterno amor caracterizador del caminar cristiano, nuestros obispos quieren invitarnos a ser agentes responsables de la catarsis que necesita nuestro pueblo, delineador de su futuro y escritor de su propia historia. Los tiempos que vivimos son de una delicadeza tal que nadie exagera al decir que estamos a punto de correr el pestillo del porvenir y que en los más próximos años se definirán entre otros: la posibilidad de que nuestras propias decisiones sean vehículo para transformaciones sumarias de índole económica, social y cultural de nuestra dolida patria; la posibilidad, por sobre los acontecimientos locales, de la mejora en la calidad de nuestras relaciones internacionales, sobre todo ante el giro de los sucesos políticos en otros países y la formulación y delineación de un futuro más digno para todos. Soñamos en una patria donde la justicia camine con nosotros, la cultura sea la música de fondo del devenir patrio y la serenidad el entorno de nuestro caminar hacia la Patria definitiva, cuya frontera es el amor.
Ciertamente que la Iglesia nos llama en esta Cuaresma y nos invita a la oración, la penitencia y el ayuno, para que el abandono en la misericordia divina y la confianza en el amor del buen Dios, nos recuerden la fragilidad y la pobreza de nuestro ser; para que el reconocimiento de nuestras fallas sea acicate para la inversión de nuestras actitudes soberbias y egoístas y podamos girar nuestra mirada sobre el otro, que es uno más de los inapreciables dones que el Señor nos concede (Papa Francisco) y contribuyamos a la restitución de lo que se nos ha negado y a la construcción de un mundo mejor, cada día más semejante al Reino que el Señor Jesús quiere fundar en la tierra. Es un llamado a la responsabilidad individual y colectiva en función del bien común, cuya calidad depende efectivamente de cada uno de nosotros. Nuestra responsabilidad no tiene precio, como tampoco lo tienen nuestra dignidad, nuestra libertad y la idoneidad de la transformación de cada uno de nosotros en imagen y semejanza del maravilloso Dios que nos ha creado. Ser responsable, maduro, respetuoso y solidario con nuestros prójimos, alentados por el auténtico amor y respeto a Dios, es el llamado, inmerso en una súplica al Divino Creador por fortaleza, coraje y cordura en nuestras decisiones, todas ellas encaminadas al logro del bienestar y serenidad de todos. Acoger el llamado es una decisión, como lo es el amor, el respeto y el camino de la santidad. Pongámonos las sandalias y echemos a caminar.

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