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“Iniciaron los 40 días del amor”

“Iniciaron los 40 días del amor”
“En esta Cuaresma tratemos de seguir las huellas de Cristo concretamente, dedicándonos a los hermanos y hermanas necesitados” papa Francisco
Texto y fotos: Eddy Romero
emromero@semanariofides.com
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“Conviértete y cree en el Evangelio… Polvo eres y al polvo volverás”, fueron las palabras que varios obispos, sacerdotes, diáconos y Delegados de la Palabra utilizaron en la imposición de ceniza en el inicio de la Cuaresma 2017.
Miles de personas se volcaron a los diversos templos, algunos por la tradición de recibir su cruz de ceniza y otros por el verdadero sentido de penitencia y preparación para iniciar este itinerario cuaresmal. Lo cierto, es que Los templos permanecieron repletos de personas por lo cual se incrementaron el número de eucaristías para dar abasto a la cantidad de personas que asistieron ese día.
En la Catedral Metropolitana, se celebraron cinco misas. En una de ellas, presidió el cardenal Óscar Andrés Rodríguez, Arzobispo de Tegucigalpa. Le acompañó el padre Luis Gutiérrez.
Mientras se celebraba la Misa, en una de las capillas laterales se confería el Sacramento de la Confesión. Fueron muchas las personas que acercaron al “Trono de la Misericordia”.
A partir de este día, se dejan de cantar los himnos de gloria y el aleluya. En el ofertorio, se presentaron dos bandejas, una de ellas contenía pan, vino, uvas y algunas ramas de trigo, mientras que la otra estaba vacía, como signo de la solidaridad que se debe tener en este tiempo de penitencia.

MENSAJE En la homilía, el cardenal Rodríguez dijo que “en este tiempo debemos pensar que es una oportunidad que Dios nos da para abrirnos a la salvación, a Él, a su vida, a su amor, te doy una nueva oportunidad dice el Señor al iniciar la Cuaresma, para dejar atrás lo negativo, para quitarte cualquier pecado y para empezar de nuevo algo mejor, abriéndote a mi amor, al amor de Dios”.
El prelado hondureño afirmó que este es un tiempo de conversión, por lo que explicó que “muchas veces pensamos que la conversión es para los delincuentes, o algún tipo de pecadores, no, la conversión es para todos, porque todos podemos siempre renovarnos, podemos hacer algo mejor”.
Señaló que la Cuaresma no es un tiempo para estar triste, vivir en la negatividad o en la oscuridad, “para los cristianos, la Cuaresma es una llamada a abrirnos a la vida, a la vida de Dios, es una oportunidad maravillosa para mejorar, es un camino de progreso espiritual, que nos va a llevar a la gran celebración cristiana, a la alegría de la celebración de la Pascua de la resurrección del Señor, son 40 días de amor”.
Quien realmente quiere vivir este tiempo litúrgico con la mirada en Dios, no puede ser indiferente afirmó el cardenal, “no podemos ser indiferentes, excluyentes, no podemos considerar a otros como descartables, sino al contrario, nuestra Cuaresma, es ese trasplante del corazón, para que amar y servir. Por eso, la madre Iglesia nos prescribe tres cosas, ayuno, limosna y oración”.

EL AYUNO
El cardenal Rodríguez presentó en esta celebración una propuesta de ayuno que todos pueden cumplir. Citando palabras del papa Francisco dijo “ayuna de palabras hirientes y transmite palabras bondadosas, todo mundo puede hacerlo. Ayuna de descontentos y llenate de gratitud. Ayuna de enojos y llenate de mansedumbre y de paciencia. Ayuna de pesimismo y llenate de esperanza y optimismo. Ayuna de preocupaciones y llenate de confianza en Dios. Ayuna de quejarte y llenate de las cosas sencillas y las alegrías sencillas de la vida. Ayuna de tristeza y amargura y llenate de alegría el corazón. Ayuna de egoísmo y llenate de compasión por el prójimo. Ayuna de falta de perdón y llenate de aptitudes de reconciliación. Ayuna de palabras y llenate de silencio para escuchar a Dios y a los otros. Si todos intentamos este ayuno, cada día se llenará de paz, confianza alegría y de vida”.

EL OTRO ES UN DON
Al referirse al documento del Papa para esta Cuaresma dijo que “se trata de mi relación con el prójimo. Todo camino serio de progreso cristiano pasa por abrirse a los hermanos, sobre todo a los más necesitados para atenderles, ayudarles y hacerles un lugar en nuestro corazón. En la Iglesia tenemos siempre una Cuaresma solidaria. No es que vivamos en abundancia, pero nada nos impide ser solidarios. Hay sonreír, dar las gracias, recordarle a los demás el amor que les tenemos, saludar con alegría a las personas que nos encontramos, escuchar y detenerse para ayudar y levantarle los ánimos a una persona que está triste, seleccionar lo que uno ya no usa y está en buen estado para compartirlo con el que no tiene nada, corregir con amor, no callarse por miedo, tener buenos detalles con los que están cerca de uno, ayudar a los demás a superar los obstáculos, dar un poquito de nuestro tiempo. En la Cuaresma debe florecer el voluntario, la visita de amistad en los hospitales”.

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