Punto de Vista Reflexión

Elegir vrs. Razones para votar

Elegir vrs. Razones para votar
P. Juan Ángel López Padilla
Esta semana, la Conferencia Episcopal nos regaló un Mensaje, en vistas a los procesos electorales de este año, en nuestro país. Lamentablemente, se le prestó una baja sino nula atención al contenido de este mensaje y, por otra parte, cuando se comentó el mismo, como está pasando, desde hace un buen tiempo, cada uno interpretó según le pareció que apoyaba su causa, o peor aún, con la intención de seguir con la cantaleta de echarle la culpa a la Iglesia, de lo que es responsabilidad de la clase política, que, ¿de clase?, sólo el nombre.
El Mensaje, tiene una cantidad de elementos dignos de ser estudiados y analizados con lupa y no sólo bajo el tamiz del bendito y llevado tema de la reelección, que a todas luces es el resultado, como lo han hecho en el pasado y pinta que seguirá ocurriendo en el futuro, de las mismas maniobras que saben llevar adelante los que todo lo justifican por vía del control omnímodo de un aparato estatal que es increíblemente endeble.
Nuestra institucionalidad es demasiado frágil. Los legisladores y aquellos que están llamados a hacer cumplir la ley, se les olvida bien pronto que juraron, con la mano derecha sobre ella, defender la Constitución y las leyes. Todo funcionario público lo hace, pero su memoria adolece de un Alzheimer prematuro que a todas luces gira en una amnesia terrible y temporánea, según la conveniencia.
Con tanto dolor se puede constatar que las recomendaciones que hizo la Comisión de la Verdad que se instituyó después de la crisis del 2009, quedó en papel mojado. Se pidió se legislase para que se evitara que esos vacíos que había en nuestra Carta Fundamental, volvieran a reproducir crisis similares o peores. Algo se hizo, pero lo que se hizo, se ignoró.
El problema es que como bien lo señala el Mensaje, no hay transparencia y, además, no la quiere haber.
Por eso, con lo que más me he quedado de este Mensaje, es con el cambio de orientación que los obispos quieren que hagamos, los ciudadanos, en relación a nuestras motivaciones a la hora que llegue, el día de las elecciones. No se trata de ¿a quién elegir? sino de un: ¿por qué voy a votar?
La elección es, hasta cierto punto, secundaria cuando el impulso está ideologizado o motivado por una pasión partidaria que raya en la locura. Eso no es elegir, porque ninguno de los candidatos a ningún cargo de los que están en contienda, realmente ha salido de la voluntad primigenia de una sociedad, sino que muchos, ojalá no todos, han llegado ahí bajo el ímpetu de las simpatías de los dueños de los partidos políticos. Por eso no se elige, sino que se confirma lo que otros decidieron. No es que esto deslegitimiza el proceso, es que así ha sido siempre.
De ahí, la necesidad que existe de volver a las raíces del ¿por qué deberíamos votar? La razón es simple, porque la democracia es una tarea de todos, responsabilidad de todos y su fin es colocar al frente de la nación a aquellas personas probas, sin distinción del partido que sea, para que procuren el bien común, que no olviden a los postergados y que, respeten y hagan respetar la ley.