Buenas Nuevas

“El tentador…”

Al encuentro de  la palabra… según San Mateo para la Lectio Divina
“El tentador…”
(Mt 4,1-10 – I Domingo de Cuaresma)
P. Tony Salinas Avery
asalinasavery@fundacioncatolica.org
Hoy se inicia el tan antiguo itinerario como preparación a las celebraciones centrales de la vida cristiana, como lo es el “Santo Triduo Pascual”. Para ello la Iglesia nos ha regalado la maravillosa práctica de la Cuaresma, que está enriquecida sobremanera en los textos selectos de la Palabra de Dios, para que como un alimento en el desierto cuaresmal, nos sirvan junto a la Santísima Eucaristía de fortaleza.
Se abre este primer domingo, con la narración de las tentaciones de Jesús, construidas por Mateo sobre una triple composición maravillosa y fundamental, concluidas cada una de ellas por la expresión de Jesús: “Está escrito”, a manera de sentencia victoriosa. Las tres tentaciones vienen presentadas, si nos fijamos bien, en dos escenarios bien definidos. La primera tentación está realizada teniendo como fondo el desierto, que evoca alusivamente la crisis de fe de Israel peregrino en las etapas del Sinaí. La segunda está situada bajo el horizonte palestino, la tierra prometida, ya que el tentador ha llevado a Jesús, a el “pináculo” (que es la esquina más alta de los muros del Templo, que desciende perpendicularmente sobre el valle de Cedrón) y la última desde el “monte altísimo” que la tradición popular ha identificado con el Monte de las tentaciones, que se encuentra en el estupendo oasis de Jericó.
Con esta escenografía Mateo presenta el tema muy gustado en toda su obra, a saber: en Jesús de Nazaret se congrega el verdadero Israel fiel, que no cae ante los proyectos diabólicos de poder y de triunfo.
¿Cuál fue el contenido de esas tentaciones? Mateo las desarrolla de la siguiente manera: La primera totalmente basada en un mesianismo terreno, simbolizada en la oferta del pan, ligada a la materialidad de las cosas. La segunda simbolizada por el tentador en el vuelo que le pide desde el pináculo, que podríamos definirla como deseo de todo lo espectacular a los ojos del mundo. Haciendo de Él un mesías de espectáculos y fama. La tercera tentación que es la más fuerte, ofrecerle todo el poder y el bienestar que ofrecería un mesianismo político.
Para el diablo, su osadía ha terminado en fracaso, pre-anuncio de su definitiva derrota. Jesús le replica a cada tentación desafiante, con su única arma la que lo ha alimentado en la oración y el ayuno: la santa Palabra de Dios. No usa ninguna palabra suya sino sólo la “escrita” en la Biblia.
Para Mateo, Jesús es el Maestro vencedor, su doctrina nace de la experiencia de Dios; los cuarenta días de ayuno y oración, han sido la escuela espiritual, a través, de la cual conoce a ciencia cierta, que el hombre no sólo vive de pan, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios. Dios en el desierto ha sido todo su alimento, todo su abrigo, en definitiva ha sido el TODO de su ser. Él viene presentado como modelo del fiel buscador de Dios, que se complace en hacer toda y plenamente su voluntad, capacitado para renunciar a todo lo del mundo para probarse a sí mismo que Sólo se puede vivir de Dios, que sólo Dios basta. Y así, saliendo de las tentaciones del desierto, está ahora ya capacitado como un atleta para correr hasta la meta, es decir que “participó de esa condición para anular con su muerte al que controlaba la muerte, es decir, al diablo, y para liberar a los que, por miedo a la muerte, pasan la vida como esclavos”.