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Ayuno solidario

Ayuno solidario Diac. Carlos  E. Echeverría Coto carloseduardiacono@gmail.com El 1° de febrero recién pasado fui invitado a compartir algo de lo que me ha sido enseñado sobre la Cuaresma y el Miércoles de Ceniza. Generalmente este tipo de charlas suelen ser producto de la invitación de una parroquia, que quiere formar a sus laicos, o bien de parte de un movimiento eclesial, queriendo vivir mejor su Semana Santa, o incluso de un grupo de alumnos convocados por alguna pastoral universitaria. Pero no. Se trataba de una ONG, concretamente de Visión Mundial, dedicada a la protección de la niñez.


Esperaba un auditorio atento y educado y, por supuesto lo encontré. Pero hallé algo más, para mi propia edificación. Encontré un grupo de personas de fe, de diversas denominaciones cristianas, orando juntos, alabando y pidiendo la gracia del Señor para poder alcanzar sus objetivos institucionales. Pero había más:  estaban inaugurando el “Ayuno Solidario”, que se desarrolla este año en unos 15 países de América Latina y el Caribe y que tiene el propósito de sensibilizar, tanto al interior como fuera de su organización, sobre uno de los problemas más nefastos de nuestros tiempos: la violencia contra la niñez.
La escalada de las mil y una formas de violencia contra los niños y niñas en el mundo entero –incluidos los nuestros- puede que esté provocando el indeseado efecto de adormecer conciencias ante hechos tan repetidos, que podríamos considerarlos rutinarios o, peor aún, como parte de la vida diaria. Dicha violencia puede categorizarse como abuso, abandono, o explotación.
Se abusa de los niños en su integridad física  o mental, con el “bulling”, el “ciberbulling”, el abuso sexual o el psicológico. Se detecta al abandono de que han sido objeto cuando no se registró su nacimiento, no se les llevó a la escuela, o se descuidó su vacunación; muchos van a parar a la calle, huérfanos de padres vivos. También se les explota sexualmente, o mediante trabajo forzado, o cuando se les hace participar en conflictos armados; otros son reducidos a la condición de mulas por el narcotráfico.
Para despertara conciencias se hace este ayuno solidario, al que tanto Ud. como yo podríamos unirnos, incluso sin salir de nuestros hogares. Por lo que pude entender, no se trata de un ayuno pasivo, dejando de comer en determinadas fechas; sino de  un ayuno activo, que honra a Dios, se mueve y se incomoda para atender al prójimo, al tiempo que se le une a la oración por la propia toma de conciencia y como intercesión por quienes sufren.
Este ayuno solidario es también activo pues se pretende unirlo a la limosna y actividades en pro de un centro infantil concreto: el Hogar Bencaleth, en la Colonia Cerro Grande de nuestra capital.
Estos hermanos nuestros nos dan un ejemplo concreto de cómo hay que vivir la Cuaresma, integrando las tres herramientas espirituales que la Iglesia recomienda, siguiendo las enseñanzas de Jesucristo (Mt 6, 1-6.16-18): oración, ayuno y limosna. Y escucho la voz del Divino Maestro que me dice: “Anda, haz tú otro tanto”.

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