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“¿No valen ustedes más que ellos?”

Al encuentro de  la palabra... según San Mateo para la Lectio Divina “¿No valen ustedes más que ellos?” (Mt 6,24-34 – VIII Domingo del Tiempo Ordinario) P. Tony Salinas Avery asalinasavery@fundacioncatolica.org ¿Qué piensan ustedes? Jesús dentro de este maravilloso discurso de la Montaña, comunica el sentido de no experimentar ninguna angustia por el mañana.

Las grandes preocupaciones de los seres humanos por el qué vamos a comer o en el tiempo de Jesús, sobre todo, con el qué nos vamos a vestir, queda aquí superado por la confianza que hay que depositar absolutamente en Dios. Comprendemos que de las palabra del Señor, el “no afanarse” por “lo que comeremos, beberemos, o nos vestiremos”, etc., no significa inmovilismo, fatalismo, despreocupación. No se trata de encontrar un lugar común ecológico, ni una histérica reacción contra el progreso necesario al hombre que ha sido colocado en la tierra por Dios no sólo para “custodiarla” sino también para “cultivarla”, como advierte el libro del Génesis. De lo que sí hace referencia Jesús, es a esa exasperación en el obrar, al frenesí de buscar siempre ganancias económicas que logran el desequilibrio de la propia persona y de la paz familiar y social.
Las palabras de Jesús en esta perícopa, acentúa el deseo de ser libres ante la esclavitud que puede obrar la ambición por el dinero. El ser humano puede descaradamente apegarse a las cosas como al único fundamento seguro. Hacer al dinero un dios, que busca quien le adore, quien le pueda vender el alma, quien se llene de sus falsas seguridades. Bien lo decía L. Sciascia: “bello pero irremediablemente muerto, más aún, muerte”.
Jesús de nuevo sobresale de esta oscuridad terrena brillando con la luz de su palabra: “Busquen primero el Reino de Dios y su justicia y todas las demás cosas se les darán por añadidura”. El discípulo de Cristo no se deja devorar por la obsesión del materialismo, su escala de valores no le permite vivir “afanado” por el tener. Por el contrario busca el Reino de Dios, que es la propia persona del Hijo de Dios encarnado que es Jesucristo. Busca además su justicia, es decir, el desapego generoso al dinero,  que le permite hacerse rico, al haber encontrado un sabor a la vida, más suculento que el más sabroso banquete refinado, vive en paz y alegría valores que no se pueden comprar. En una sociedad que exalta cada vez más los vestidos lujosos, el carro elegante o la vida hedonista como símbolo de un status superior, el evangelio presenta ante los ojos del creyente valores más ocultos, pero verdaderos; más incomprensibles a primera vista pero mucho más duraderos y gloriosos.
Tener a Jesús y sus justicia, equivale a experimentar el cumplimiento de las palabras del Salmo 65,14: “Los prados se cubren de rebaños, los valles se llenan de trigo; todo canta y grita de alegría”. Esta es la providencia de Dios oculta en los ritmos biológicos de esta creación obra de sus manos. Por lo tanto, sí es posible vivir en la paz que sólo Dios puede dar; es tan fácil sacar las muchas lecciones de quienes viven, muy llenos de dinero, pero muy pocos felices y serenos. Jesús no vende falsas expectativas, aceptar su Palabra es el camino sapiente para el hombre y la mujer que comprometidos con el trabajo de cada día, saben que todo depende en el presente y en el mañana de Él. Definitivamente confiar siempre en Dios, es el camino recto.

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