Diálogos "Fe y Razón" Punto de Vista

De por qué fuimos creados

De por qué fuimos creados
Diac. Carlos  E. Echeverría Coto
carloseduardiacono@gmail.com
Aprendí de muy niño, de boca de mis pares que Dios es creador nuestro y de todo cuanto existe. No cabía duda en mí; se trataba de un hecho fundamental y fundante. De alguna manera era uno de los cimientos de mi fe, y la de tantos otros.
Habiendo crecido me sorprendió que algunos pudiesen negar lo que para mí era un hecho irrefutable. Luego me acostumbré a la controversia en torno a este tema, si bien quienes pensaban diferente en mi entorno eran realmente pocos.
Un buen día uno de mis alumnos me sorprendió con una pregunta nueva, quizá vieja como el mundo, pero nueva para quien no se la había planteado. ¿Qué motivó a Dios a crearnos, junto con todo lo que existe? Desde entonces cada vez que se toca el tema de la creación descubro que son muchos que a ella se refieren y yo mismo la planteo para cosechar respuestas.
Generalizando un poco, me he dado cuenta de que muchas opiniones coinciden curiosamente con una idea de Dios que ya ha sido planteada por alguna cultura, en el intento secular del hombre, queriendo de entenderlo todo, incluyendo a Dios.
Algunas respuestas coinciden con la mitología maya, presente en el Popol Vuh: Dios sintió un buen día la necesidad de ser adorado, al punto de destruir sus primeras creaciones hasta conseguirlo. Otras parecen originadas en el mundo sumerio, que concluyó que los hombres fueron creados como sirvientes, ante el deseo de estar cómodo.  No falta quienes piensan como los antiguos aztecas y explican que Dios se sentía como vacío, con una especie de angustia existencial y necesitado de compañía.  Otros más llegan a asimilarlo al dios Momo de los griegos, siempre en busca de entretenimiento y diversión.
Pero reflexionando seriamente, desde la revelación misma y la teología que en ella se origina, cabe una sola respuesta. Fuimos creados por amor.  Podemos entender, con Aristóteles, maestro de la filosofía ática, que el ser es bueno.  No se refiere a una bondad moral sino ontológica. Pongámoslo más fácil: existir es algo bueno, un bien; no existir no lo es. Vale decir que Dios quiso compartir con nosotros (y con otros) la existencia. Pero fue más allá. A los humanos nos hizo a imagen y semejanza suya, con inteligencia para buscar la verdad y comprenderla; con voluntad para tomar las mejores decisiones; con sensibilidad y afecto para poder sentir el amor y poder amarlo a Él, al prójimo y a nosotros mismos.
Como si fuera aún poco, Dios es providente, fiel a sus promesas, y quiso hacerse hombre para redimirnos, invitándonos a la salvación, nos ha dejado sacramentos y una Iglesia para que podamos santificarnos, es decir, permanecer en Él y con Él. Nos ha hecho hijos y, como tales, herederos.
¿No debemos recordar esto una y otra vez para estar agradecidos, para convertirnos en serio y ser cada día más de Él? Quizá lo debiéramos hacer ahora, durante la cuaresma.  Y meditar y orar con el salmo 8: ¿Qué es el hombre para que de él te acuerdes?