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A las puertas de una nueva Cuaresma

A las puertas de una nueva Cuaresma P. Juan Ángel  López Padilla Esta semana, en la única reunión en la que pude participar por aquello de que la salud me está jugando una mala pasada, me dediqué a platicar con los asistentes sobre el mensaje del Santo Padre para la cuaresma de este 2017 y al mismo tiempo me comencé a preparar para una serie de programas que, en Suyapa TV, me han solicitado, sobre el tema.


Mi gran problema, fue que no alcancé a avanzar mucho en la profundización del mensaje, porque con sólo las primeras frases me terminé deteniendo, porque ahí sentí que estaba bien resumido lo que de ésta y todas las cuaresmas, debemos esperar.
“La Cuaresma es un nuevo comienzo”, nos ha recordado el Papa. Esta no es una frase trillada ni un slogan cualquiera. Es muy humano, llamémosle natural, el deseo de volver a empezar. Cuantas veces después de haber fallado en nuestras relaciones interpersonales o bien en nuestras tareas, quisiéramos tener la posibilidad de volver a empezar, de reiniciar, de hacer un “borrón y cuenta nueva”. Lamentablemente, muchísimas veces, nuestras faltas, sobre todo el gran pecado cometido contra el mal uso del tiempo, no tiene una vuelta atrás. Pero, en relación con nosotros mismos y con el proyecto que Dios tiene para cada uno, si es posible este volver a empezar que en buen cristiano se llama: conversión.
El gran problema, a mi juicio, es que esta palabra se entiende tan mal y se esgrime sobre todo, para discursar sobre lo que deben hacer los demás.
La conversión es algo propio del que cree. De hecho, es un tanto inútil, pedirle a quién no cree que se convierta, porque su referencia a volver a empezar, es limitada. La conversión nace de saber que lo que se vive actualmente no es, ni lo que merecemos, ni lo que necesitamos. Por eso, toda conversión es realmente otra manera de llamar al amor. No se convierte quién no se sabe amado. Puede uno cambiar, circunstancialmente, pero no convertirse, si la motivación, no es el amor.
El Papa, luego dice que la Cuaresma es “un camino que nos lleva a un destino seguro”. Claro, hay que caminar. Particularmente me fascina esa manera que tiene Jesús de hacernos ver las cosas desde una perspectiva tan diferente a las medidas de nuestro mundo. Para el caso, este domingo, sí, hoy, en el evangelio de Mateo hay una frase que lo hace a uno pensar mucho: “nadie puede a fuerza de preocuparse añadir un codo a su vida”. El codo, era en tiempos del Señor una medida de distancia, no de tiempo; y la vida, se mide normalmente por el tiempo, no la distancia. Aquí entra de nuevo la Cuaresma. Más allá de ser un tiempo, debe ser una distancia que debemos recorrer.
La persona que aspira a la conversión, camina, no se queda estático. De hecho, convertirse es sinónimo del verbo caminar, pero no de un caminar sin sentido. La meta es clara porque el destino no es cualquier cosa, es una persona, es Aquel por el que vale la pena darlo todo.
Cuaresma es sinónimo de cambio y, hay tanto que cambiar, en nosotros como en nuestro ambiente para que la vida venza a la muerte porque no hay Cuaresma sin lucha, ni triunfo sin algo que perder.

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