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Sor María Inocencia Ortíz Pérez profesa sus Votos Perpetuos

 Sor María Inocencia Ortíz Pérez profesa sus Votos Perpetuos La alegría aumenta entre las Hermanas Franciscanas Cooperadoras Parroquiales de la Asunción al tener una mujer valiente más al servicio del Señor. Texto y fotos: Oscar Ibrahan Rodríguez G. ibrahanrodriguez@yahoo.com Síguenos en www.fidesdiariodigital.com Con mucha alegría Sor Inocencia expresó: “gracias Señor por el don de tu llamada”, ella se comprometió definitivamente al servicio del Señor, mediante la profesión de sus Votos Perpetuos.


Este acontecimiento eclesial se celebró en la parroquia Espíritu Santo de Monjarás, municipio de Marcovia, Departamento de Choluteca. La Eucaristía fue presidida por Monseñor Guido Charbonneau y concelebrada por los sacerdotes: Medardo Núñez, Karol Jonathan Hernández, Mercedes Rivera, Mamerto Galindo, Marvin Ramírez y Heber Espinal.
En la homilía Monseñor Charbonneau dijo: “el ofrecimiento de toda su vida de parte de Sor Inocencia nos llena de admiración y de estupor. Admiración por el valor que ella tiene. Estupor por el misterio que hay en ella. Ese misterio es la llamada de Dios a ella y la respuesta que ella da a Dios…   Aquí tenemos delante de nosotros a una mujer sencilla como María: se presenta a Dios tal como es, con sus dones y sus limitaciones. Hará públicamente la renuncia a todos sus bienes. Se postrará por el suelo, signo de su deseo de morir para este mundo para resucitar con Cristo y para ser testigo de Él. Acompañemos a nuestra hermana con nuestra oración y nuestro apoyo. Tomemos el compromiso de orar siempre por ella.” reiteró el obispo.

SOBRE LA CONGREGACIÓN:
Las hermanas Franciscanas Cooperadoras Parroquiales de la Asunción, fueron fundadas en San Vicente, El Salvador en enero de 1945 por el Padre José Aurelio Fernández Pérez, OFM, Misionero eminentemente Franciscano.

CARISMA “Tener a Cristo como Supremo amor, cooperando en su obra redentora con Espíritu misionero de sencillez y minoridad”.

ESPIRITUALIDAD Su espiritualidad se fundamenta en la vida y obras de San Francisco de Asís y Santa Clara de Asís. Haciendo propias las características de: pobreza, penitencia, alegría, minoridad, sencillez, fraternidad. Se ponen bajo la protección de María Santísima en su misterio de la Asunción.

MISIÓN Su misión está enfocada en cooperar en las parroquias y trabajar en la pastoral catequética, evangelizadora, de la caridad y educativa.

Testimonio de Sor María Inocencia Ortiz Pérez
Yo sigo apostando por el Reino de Dios, y estaré eternamente agradecida porque fijó su mirada en mí. Si me hubieran preguntado en algún momento si pasó por mi mente ser religiosa les diría “nunca”, solo sé que lo conocí, lo amo y lo sigo, siendo consciente que no tengo nada que ofrecerle más que mis miserias y mi gran deseo de amarlo toda mi vida siéndole fiel hasta que Él me llame para siempre a su lado. Servir a Cristo en este estilo de vida como franciscana cooperadora es lo mejor que me ha pasado, porque encontré lo que siempre busqué, como lo es: “Tener a Cristo como supremo amor, cooperando en su obra redentora con espíritu misionero de sencillez y minoridad”, ayudar a otros desde un carisma tan amplio, me hace feliz y exclamar como Pedro: “que bien estamos aquí”.
Nací en El Salvador, un 19 de Julio de 1980, mis padres: Juan Ángel Ortiz Gómez y María Victoria Pérez Luna son salvadoreños también.
Somos ocho hermanos (seis mujeres y dos varones), ocupo el séptimo lugar de la familia.
Ingresé a la congregación un 06 de enero de 2004, iniciando el postulantado en Sonzacate, El salvador.
En el año 2005 pasé al pre noviciado en comunidad Nuestra Señora de la Esperanza, Guatemala.
El 25 de enero de 2006 inicié el noviciado en Juticalpa, Olancho, Honduras, y el 15 de noviembre de 2008 hice mis primeros votos temporales en la parroquia Santa Gertrudis, de esta localidad hondureña.
En esta oportunidad quiero hacer mía una de las frases del Beato Monseñor Oscar Arnulfo Romero “ Con tu todo y mi nada, haremos muchas cosas” porque Él es el omnipotente, el que lo tiene todo y yo solo pongo mis manos vacías y pobres, pero con deseos de trabajar para Él y eso me basta.
Hasta el día de hoy no me arrepiento de decirle sí al que me pensó, me creó y me llamó para formar parte de esta gran familia franciscana cooperadora. Es así como le sigo diciendo “gracias Señor por el don de tu llamada”.

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