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La educación católica debe promover la humanidad

La educación católica debe promover la  humanidad El Papa instó en su discurso a “humanizar la educación”, frente a un individualismo que nos vuelve “humanamente pobres y culturalmente estériles”. El papa Francisco recibió en la Sala Clementina, a los participantes de la Asamblea Plenaria de la Congregación para la Educación Católica. El Santo Padre agradeció las palabras del prefecto de la Congregación, cardenal Joseph Versaldi y dio la bienvenida a los miembros recientemente nombrados, como así también a los componentes de la Fundación Gravissimum educationis, constituida para relanzar los contenidos de la Declaración conciliar del mismo nombre.


El pontífice señaló que tanto la escuela como la universidad tienen sentido pleno en cuanto aportan a la “formación de la persona”. Y en este proceso de crecimiento humano añadió el Papa “están llamados a colaborar con su profesionalidad y con la riqueza de humanidad de la que son portadores, para ayudar a los jóvenes a ser constructores de un mundo más solidario y pacífico. Aún más, las instituciones educativas católicas tienen la misión de ofrecer horizontes abiertos a la trascendencia”.
El segundo aspecto al que se refirió Francisco en su discurso fue promover “la cultura del diálogo”, en un mundo que se ha convertido en “una aldea global con múltiples procesos de interacción, donde cada persona pertenece a la humanidad y comparte la esperanza de un futuro mejor con toda la familia de los pueblos”. Pero, al mismo tiempo, lamentó el pontífice, “hay tantas formas de violencia, pobreza, explotación, discriminación, marginación y propuestas restrictivas a las libertades fundamentales que crean una cultura del descarte”.
Ante este contexto señaló que “los institutos educativos católicos están llamados en primera línea a poner en práctica la gramática del diálogo que forma en el encuentro y la valorización de las diversidades culturales y religiosas. En efecto, el diálogo educa cuando la persona se relaciona con respeto, estima, sinceridad de escucha y se expresa con autenticidad, sin ofuscar o mitigar su propia identidad alimentada por la inspiración evangélica.
Nos anima la convicción de que las nuevas generaciones, educadas cristianamente en el diálogo, saldrán de las aulas escolares y universitarias motivadas a construir puentes y, por tanto, a encontrar respuestas nuevas a los muchos desafíos de nuestro tiempo”.
Por último el Papa exhortó a los miembros de la Congregación para la Educación Católica a “sembrar esperanza”. El hombre no puede vivir sin esperanza, indicó, y “la educación tiene que generar esperanza”, pidió Francisco.
“Estoy convencido de que los jóvenes de hoy tienen sobre todo necesidad de esta vida que construye el futuro. Por tanto, el educador verdadero es como un padre y una madre que transmite una vida capaz de futuro. Para tener este temple es necesario ponerse en escucha de los jóvenes  el trabajo del oído, y lo haremos de modo especial con el próximo Sínodo de los Obispos dedicado a ellos”.
Francisco se despidió agradeciéndoles su trabajo e invocando sobre ellos al Espíritu Santo, por intercesión de María Sedes sapientiae, a fin de que su ministerio en favor de la educación sea eficaz.

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