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Hermanas en casa y en la congregación

Hermanas en casa y en la congregación Cintia y Ana Carolina, dos Hijas de María Auxiliadora, testimonio de la fe promovida desde su familia. Fotos y texto: Johanna Kattan jokattan@semanariofides.com Síguenos en www.fidesdiariodigital.com Un día visitó el Instituto María Auxiliadora, para matricular en la escuela a su hija Carolina, también llevo a su hija menor, Cintia. Mientras doña Corina Marcía hablaba con la directora, la pequeña Cintia se alejó para entretenerse.

Cuando la madre fue a buscarla, vio a la niña caminando tomada de la mano de una religiosa, sor Luz.
Para la pequeña Cintia, ese momento quedó para siempre. Años después,  Cintia volvió a caminar dentro del Instituto María Auxiliadora,  pero ya no como una niña, sino como una mujer entregada completamente a Dios. Ahora ella es una Hija de María Auxiliadora. Doña Corina, madre de Cintia,  nunca imaginó que su hija menor se convertiría en religiosa, y tampoco se espera otra sorpresa. Cuando su hija mayor, Carolina,  estaba en la universidad terminando de estudiar arquitectura, ésta le anunció su nueva vocación, consagrarse como religiosa.
Quizás este año alguna otra niña, dentro del Instituto María Auxiliadora en San Pedro Sula, tome la mano de Cintia, mientras sirve como educadora en el mismo lugar donde se enamoró de Cristo, sirviéndole con todo su corazón. O tal vez alguna joven en Tegucigalpa pueda identificarse con la arquitecta y religiosa, Sor Ana Carolina, mientras continúa formando a mas hondureñas.

Corina Marcía y Mario Roberto Castellanos es un reconocido matrimonio de 43 años, fruto de su amor son sus cuatros hijos, David, Carolina, Cintia y Mario.  Un hogar basado en fe. Padres de familia que apoyaron la vocación religiosa de sus dos hijas.

FIDES: Pensó alguna vez que sus hijas tendrían vocación religiosas?
CORINA: ¡Nunca lo imaginé! Las consagramos desde pequeñas, pero no con esa visión, sólo con la visión de un seglar al servicio del Señor, pero religiosas nunca.

FIDES ¿Cómo cree que ustedes, como familia, aportaron en  la vocación de sus hijas?
CORINA: Para nosotros es siempre un momento de gracia, compartir con la iglesia esta vocación de las dos muchachas. Surgió pues en ellas, nosotros solamente las incentivamos en el servicio que tenemos dentro de la iglesia desde hace 35 años.  Entonces desde esa laboriosidad constante dentro de la iglesia ellas fueron acompañándonos desde pequeñas pero fue una sorpresa porque no lo promovimos.

FIDES: ¿Cómo se sintió usted cuando su hija menor, Cintia, le dijo “quiero ser religiosa”?
CORINA: Muy sorprendida, con cierta preocupación, porque era muy joven! Preocupada de que no cumpliera la expectativa de sus sueños.

FIDES:  ¿Qué se siente ser papá de dos religiosas?
MARIO: Siento que somos bendecidos con mi esposa, se nos ha hecho un regalo de dos hijas que se han dispuesto a servir al Señor durante toda su vida. Estamos bendecidos, alegres, contentos y agradecidos con el Señor.

FIDES: Pasa bastante tiempo sin ellas,  cuando son asignadas fuera de Honduras cómo pasa ese tiempo?
MARIO: Bueno yo lo veo natural ya que nosotros somos dirigentes de Iglesia, Corina y yo somos dirigentes del movimiento de Cursillos de Cristiandad, nosotros predicamos con el ejemplo entonces se dice que “el que con lobos anda, a aullar aprende”, entonces mis hijos tienen que aprender amar, conocer y servir a Dios, entonces por lo tanto yo me siento bien,  yo le he entregado mis hijas al Señor.

FIDES: ¿Aportaciones como padres que han mantenido la unidad de su familia?
MARIO: Bueno estemos bien claros que debe haber una coherencia de vida tanto en el mundo como también en la Iglesia, nosotros cuando nos movíamos, cuando estábamos todos completos, si íbamos a la mesa, todos a la mesa, a la misa todos a la misa, a la playa todos a la playa, al cine todos al cine, a orar todos a orar. Entonces,  de esa manera,  se fueron forjando valores morales y también espirituales en la familia y el producto de eso pues veo como natural que surjan vocaciones, yo no me lo esperaba porque no sentimos que somos merecedores de que surjan vocaciones.

Testimonio
Sor Cintia Corina
Castellanos Marcía FMA
Pues para mí el don de nuestras vocaciones tanto de mi hermana Carolina como la mía, es puro don de Dios, Él en su misericordia vio a bien fijar su mirada en nuestra familia, y no por méritos propios sino por su misericordia nos llamo a la vida religiosa consagrada dentro del instituto de las hijas de María Auxiliadora.
Yo con 17 años, me sentí amada por Él y decidí entregar mi vida a Él en el servicio de los jóvenes y niños mas necesitados. Mi vocación surgió dentro del desastre natural del huracán Mitch en 1998, en el cual me invitaron las hermanas a apoyarle en la ayuda solidaria para nuestros hermanos afectados , es allí que sentí como al dar mi tiempo, mis fuerzas y mi cariño , me sentí realizada como persona.
Ya pertenecía al coro de mi parroquia, y mi familia era comprometida con la Iglesia, pero sentía que yo no daba mi parte por completo, y me empezó a atraer la vida Salesiana, valoré mucho quedarme por las tardes en el colegio colaborando con las hermanas en pequeños trabajos en los que podía ayudarles, al igual los domingos en las clases que daba de catequesis en el oratorio.
Ser religiosa a los 17 años se convirtió en un ideal para mi, y luché con los temores que naturalmente surgen, también estaba de por medio el permiso de mis papás el cual por ser menor de edad y salir de mi ciudad me resultaba difícil obtener de ellos, pero cual fue mi sorpresa que al manifestarles mi deseo y mi decisión de entrar al aspirantado sentí su apoyo total e incondicional. Doy gracias porque mi familia dentro de mi vocación religiosa es una parte muy importante para realizarme como persona y como religiosa. Ellos también son nuestro sostén en todo momento y también nuestro ejemplo de entrega.

Testimonio
Sor Ana Carolina
Castellanos Marcía. FMA
Mi vocación es eso un don, un regalo de Dios para mí; y para mi familia ha sido también vivido así, y el hecho que nos lo haya dado a mi hermana y a mí, es doblemente regalo y un signo fuerte del amor que Dios nos tiene, no privilegio porque fuéramos brillantes, o devotas, o hayamos alcanzado un alto grado de virtud, ¡no!, esto ha sido para que Dios muestre su gloria por medio de nuestras vidas.
Considero el más grande regalo que Dios me haya dado con mi vocación, es el sentirme tan pequeña e indigna y a la vez tan inmensamente amada con misericordia por el Señor, y esto que ha ido siendo una experiencia que poco a poco he ido descubriendo. Me hace muy feliz, me hace más dócil a su voz, me hace que me levante más rápido de mis errores y caídas y pueda volver a Él con presteza, me ha ido haciendo un instrumento más dócil en sus manos…
Cuando el Señor a mis veinte años empezó a inquietarme fuertemente mi corazón con este llamado, yo decía: “pero si yo estoy en un grupo juvenil, tengo apostolado, me reúno con mi grupo… yo puedo servir bien aquí”… pero el Señor me decía: “quiero más de ti”… de modo que me pedía todo, el corazón y todas mis fuerzas, poco a poco fui entendiendo y eso es lo que sigo queriendo: darle todo. Mi familia que es un tesoro para mí, ha sido también un gran apoyo y escuela para descubrir ¿dónde esta Dios?, ¿cómo nos habla?, ¿cómo podemos ir respondiendo mejor a su amor?, ¿cómo conocerlo y amarlo más?, ¿cómo amar a nuestra madre María y hacerla amar?, ha sido una escuela de amor y servicio al también descubrir su paso y su presencia en mis padres Mario y Corina, en mis hermanos David, Mario y mi hermana Cintia con la que compartimos de una manera especial esta vocación.
Sé y siento que con cada uno ellos caminamos juntos en este camino de seguimiento al Señor, de servicio en la Iglesia. El Señor nos ha dado un gran lujo, inmerecido,  al posar su mirada en nosotros, y darnos la fuerte certeza de su presencia y la presencia de nuestra madre la virgen María en nuestras vidas, en nuestra familia, y nos muestra constantemente su amor.

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