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Predestinados a la gracia y al amor

Predestinados a la gracia y al amor Jóse Nelsón Durón V. Hay una frase del Señor Jesús que infarta el alma, sacude y enajena los sentidos poniéndolos a adorar al eterno y santísimo Padre que nos distingue tan especialmente: “¿No saben ustedes que son el templo de Dios y que el Espíritu de Dios habita en ustedes?” (1ª Cor 3,16).

Pregunta directa que despierta de cualquier letargo y abre los ojos a maravillas celestiales jamás vistas por alma alguna caminante en la tierra. La respuesta, igual que la pregunta, debería ser terrible y sorprendente, en especial para quienes caminamos flotando en la marea irresponsable de la superficial veleidad de la vida, que no acaban de asentar los pies en el amor caritativo y de elevar sus almas al amor sin límites que quiere Dios.
Son pocas pistas, pero definitivas y prístinas; el valor de un ser humano, si pudiera tasarse con unidades también humanas, rebasaría los cortísimos límites que nuestro egoísmo permite conceder y elevaría nuestra consideración por el otro y por nosotros mismos por encima de las usuales bardas que construimos para diferenciarnos con ventaja del prójimo. La dignidad de la vida es la maravilla, la sorpresa inefable que el santísimo Padre amorosamente elaboró para ser Su morada entre sus hijos.
La repuesta marcará nuestras sendas y guiará nuestros pasos; y sus consecuencias constituirán lo que puede llamarse reprobación o aprobación divina, pues Él concede la predestinación a la gracia y la gloria a todos respetando la libertad: “Dios hizo al hombre libre aunque sabe de antemano como cada persona utilizará la libertad.” (www.corazones.org). Y: “Para Dios todos los momentos del tiempo están presentes en su actualidad. Por tanto establece su designio eterno de “predestinación” incluyendo en él la respuesta libre de cada hombre a su gracia.“ No. 600 del Catecismo de la Iglesia. He ahí la clave, todos estamos predestinados a la gloria, pero somos libres de ganarla o perderla. “Pues a los que de antemano conoció, también los predestinó a reproducir la imagen de su Hijo, para que fuera él el primogénito entre muchos hermanos; y a los que predestinó, a ésos también los justificó; a los que justificó, a ésos también los glorificó”. (Romanos 8:29-30)
Parecen estas palabras propicias para acompañar los hechos de la vida con la paciencia cimentada en la pre-ciencia Divina, es decir, el conocimiento previo de Dios de la naturaleza individual de Sus hijos y para corregir lo necesario a fin de conducir nuestros pasos por el camino adecuado. Dios nos da la libertad, pero no nos deja solos. Va tejiendo la historia; cada hilo es nuestra vida y cada puntada un llamado de atención para mantener los ojos abiertos y los pies bien puestos. Estamos llamados a una vida serena y a dedicarla al amor a Dios y al prójimo como a nosotros mismos. Para posibilitar esto la sociedad se ordena y encarga a personas elegidas por el pueblo en libertad (actualmente y en la mayoría de los casos) para vigilar el cumplimiento de las reglas que ella misma escoge para regirla. Con esto en mente, escojamos bien y votemos en consecuencia, recordando también un refrán que dice: “Decir es de charlatanes, hacer es de hombres formales.” En otro plano, pidamos de manera especial que resplandezca la verdad y la justicia, no permitamos que las lágrimas sean vía de escape ni el sentimentalismo presión para torcer fallos; hay muchas realidades ocultas que no conocemos y son otros los encargados de aplicar la justicia adecuadamente. La verdad y la justicia social y legal, junto con el buen gobierno y la democracia, son las formas sociales del amor, en cuyo seno es posible encontrar la serenidad existencial que tanto necesitamos. Esa tranquilidad de espíritu debe ser compartida y transmitida por todos lados, para que sea posible lo que nos pide el Señor: “Amen a sus enemigos, hagan el bien a los que los odian y rueguen por los que los persiguen y calumnian, para que sean hijos de su Padre celestial, que hace salir su sol sobre los buenos y los malos, y manda su lluvia sobre los justos y los injustos”. Así sea.

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