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“No os opongáis al malvado…”

Al encuentro de  la palabra... según San Mateo para la Lectio Divina “No os opongáis al malvado…” (Mt 5,38-48 – VII Domingo del Tiempo Ordinario) P. Tony Salinas Avery asalinasavery@fundacioncatolica.org Seguimos el itinerario espiritual que nos ofrece el “Discurso de la Montaña”, con él se nos verifica el sentido profundo de la palabra Evangelio, éste es en verdad una Buena Noticia.

Con esta lectura nos vemos unidos al domingo pasado, buscando el hilo de continuidad entre ambos evangelios. Hoy terminan las “seis antítesis”, a través, de las cuales Jesús desarrolla su discurso sobre el sentido de la Ley demostrando que Él no quiere abolirla sino darle un horizonte de plenitud.
Todo se abre con la célebre enseñanza que parte de la “ley del Talión” formulada con base a un pasaje del libro del Éxodo con la fulgurante imagen del “ojo por ojo, diente por diente” que el original del capítulo 21 del Éxodo continúa con esta inexorable lista: “vida por vida, mano por mano, pie por pie, quemadura por quemadura, herida por herida, lividez por lividez” (vv. 23-25).
El término “ley del talión” fue acuñada en una época posterior sobre la base del altín ius talionis, pena que consistía en infringir al reo por lesiones personales una lesión igual a la que él ha causado a otros. La norma estaba ya presente en la antiquísima ley romana llamada de las “Doce Tablas”. Pero el concepto y la praxis del talión ya eran conocidas en a legislación del Antiguo Oriente, como lo atestigua el famoso código babilónico de Hammurabi (s. XVII a.C.).
La norma había entrado por igual en la legislación bíblica. Jesús lleva la fría y rígida justicia distributiva “al monte” del perdón y la misericordia. Esa ley debe cambiar por la ley del amor. Invita a todos sus discípulos a responder ante la agresión con un acto superior en generosidad y perdón por el de la maldad de quien lo ha ofendido y a la mezquindad de quien exige puntuales e implacables venganzas y resarcimientos.
El mensaje de Jesús opera un cambio radical que permita al corazón humano, una nueva dirección que no lleve a la espiral inacabable de odio y venganza que suscita el no poder perdonar las ofensas. Es tan cierto y claro esto para Jesús mismo, que nos ha prevenido contra no sólo la ley del talión, sino también la “ley de Lamec”, el lúgubre personaje, descendiente de Caín, que en el capítulo 4 del Génesis nota este infame canto: “Por una herida mate a un hombre, y a un joven por una contusión. Caín será vengado siete veces; Lamec lo será setenta y siete” (4,23-24). Hoy en día por una violencia mínima recibida se reacciona con una violencia desproporcionada y gratuita juntando en una infinita espiral, la injusticia y la violencia deshumana.
Junto a la enseñanza de Jesús de este domingo, bien se puede completar con el recuerdo que el propio Jesús hace de Lamec, a pregunta de Pedro sobre “¿Cuántas veces se debe perdonar al hermano, hasta siete veces?”. Respondió el Señor, con la lapidaria enseñanza que resuena con mucha fuerza todavía hoy y que es la síntesis del pasaje del evangelio de hoy: “No te digo hasta siete, sino hasta setenta veces siete” (Mt 18,21-22). El nos quiso decir al responder a Pedro, que hay que perdonar siempre, no importando la clase de injusticia que se nos haya cometido. El amor hecho perdón página difícil de vivir del evangelio, es la mayor prueba de ser discípulos del Nazareno.

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