Opinión Punto de Vista

Levante

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Luz Ernestina Mejía P.
Periodista
Y ángeles cayeron. Optaron por creerle a quien no debían. Lo que tenían prohibido. Por el Dios Todopoderoso que les había dotado de todo. Adán y Eva. Lo que no debían, creer escogieron: que el día que comieran del fruto  prohibido, que no era otro que su desobediencia se les hiciera pecado, serian como dioses y conocerían lo bueno y lo malo (Gn 3, 5). Al final, el pasado, el presente y el futuro, nunca serian como dioses, no ante quien importa y ante quien, si es Dios. Pero si podrían diferenciar lo bueno de lo malo y ejercer su libre albedrio para decidir entre ambos.  Se trataba entonces, se trata ahora, de aplicar tanta libertad a nuestra conveniencia, o sea mediante la sola escogencia de lo correcto, ante los ojos de Dios y ante los de los hombres. Hoy, seres hechos buenos por la Divina Providencia, toman, retoman y persisten en su rechazo a lo instruido por el Altísimo. Eligen lo protervo. Puede ser lo más fácil. Y divertido y hasta lucrativo. Pero al final nunca será lo mejor. Cuando el ser humano se decanta por lo malo, sea con o sin intencionalidad, se procura sabotear la instauración del Reino, en sí mismos y en los demás,  lo que le rebaja por insignificante que parezca y con lo que reduce a la vez, lo que le circunda. No hay relativismos en la dicotomía bueno – malo. Lo conveniente es protegerse e inmunizarse de lo que trae aparejado dolor, el pecado. Lo que rebaja y reduce a lo que no debe ser, a aquello para lo que no fue creado.  El ser humano, nacido para la grandeza, entonces se convierte en presa fácil de todo lo que significa la caída: angustia, vergüenza, malicia, fracaso y retroceso. Peor. Visible en los autores de crímenes dantescos, mas monstruoso como oculto en los de aquellos que no vemos, a quienes nadie osa señalar, dueños como son, de conciencias. Más sustancial, esta clamada a ser la lucha del católico militante: dominio propio contra auto complacencia. Darle gusto al cuerpo nunca fue más fácil. O lo mismo, atender consejo de ángeles caídos. De ahí que debemos plantar negación rotunda al hedonismo en el proceso de fortalecimiento de la voluntad. Arraigar en nuestro interior el respeto a los demás y a nosotros mismos. Puede ser arduo. Pero la infinita misericordia del que nos creara y mantiene su espíritu de superación constante, aunque lo refutemos, siempre accesible y determinante, hace la diferencia, si lo permitimos, si lo buscamos. Que nuestra historia personal y cristiana termine en levante y no en caída, es asunto propio. Todo lo necesario,  nuestra Iglesia lo sitúa al alcance. La oración siempre escuchada. La que mueva la mano de Dios a favor de lo loable que añoramos. La que evite más ángeles caídos. El ayuno,  que nos de la energía y el compromiso más allá de las posibilidades y nos acerque a la victoria espiritual, la superior y la que nos alcanza la gracia; y la intercesión de María Santísima, poderosa en el corazón de su Hijo, siempre pronta a interceder por nuestras tribulaciones, aunque no lo merezcamos. Tantos recursos más con los que podemos acceder a la misericordia de Dios. Y ser sus servidores efectivos, en el servicio a los demás.