Homilia

Homilìa del Domingo 12 de Febrero de 2017

Homilía del Señor Arzobispo para el VI Domingo del Tiempo Ordinario
“Habéis oído que se dijo pero yo os digo” (Mt. 5, 17-37)
Seis veces repite Jesús: “Habéis oído que se dijo pero yo les digo”…  Estamos ante una de las lecciones  más bellas  de todo el Evangelio dentro del sermón de la montaña.
Jesús, se sitúa en el terreno de lo práctico y pone de relieve las actitudes que nos ayudan a vivir como verdaderos discípulos suyos.
En primer lugar, Jesús nos propone liberarnos de la violencia en las relaciones:
“Habéis oído que se dijo a los antiguos: “No matarás” pero yo les digo que todo el que esté peleado…” No basta con evitar el asesinato externo, sino que es necesario que los hombres superen todo tipo de ira y violencia contra el prójimo. La violencia no pertenece sólo de manera exclusiva al terrorista o al asesino… puede estar también en nosotros mismos cuando nos dejamos llevar de la agresividad contra aquellos que no piensan como nosotros o que frustran nuestras necesidades.
Hay formas de matar que son mucho más sutiles… el insulto, la descalificación, la indiferencia, van matando poco a poco a las personas. El Papa Francisco ha interpretado esta antítesis en su Exhortación Evangelii Gaudium diciendo que el mundo capitalista “está peleado con los pobres”, condenando a muerte a millones de personas.
Jesús nos invita a la reconciliación: “Si cuando vas a poner tu ofrenda sobre el altar, te acuerdas allí mismo de que tu hermano tiene quejas contra ti, deja allí tu ofrenda en el altar y vete primero a reconciliarte con tu hermano”. Jesús, buen conocedor del corazón humano, garantiza la calidad de nuestras relaciones a través de la reconciliación y el perdón. La reconciliación es una necesidad humana, un elemento constitutivo de nuestras relaciones con los demás. Por la reconciliación y el perdón recuperamos la relación rota, la amistad perdida, el amor defraudado; podemos decir hoy que el odio y la injusticia enferman; la reconciliación y el perdón sanan. Aquí el acento esta puesto en la reconciliación antes que en la misma ofrenda: “Vete primero a  reconciliarte con tu hermano”.
Jesús también propone abiertamente superar el dominio del hombre sobre la mujer en el sector de las relaciones sexuales: “Habéis oído que se dijo: No cometerás adulterio, pero yo les digo que el que mira a una mujer deseándola”. Las relaciones hombre-mujer son una situación en la que Jesús nos invita a superar la Ley. El “desear”, en el verbo hebreo, significa “adueñarse con violencia” de lo que a uno no le pertenece, es decir, apropiarse del otro y de la relación. Jesús rompe el esquema patriarcal y machista en que la mujer es propiedad del varón y es reducida a un objeto.
La propuesta de Jesús nos lleva a una liberación radical: “Si tu ojo te hace caer sácatelo, si tu mano te hace caer…” Aquí, ya saben, el “ojo” simboliza el deseo; y la “mano” la acción, quiere decir que no hay que dejarse llevar por los impulsos instintivos que destruyen las relaciones humanas, esto significa que la liberación comienza en nuestro propio corazón.
Jesús devuelve la dignidad a las mujeres cuando dice: “El que se divorcie de su mujer, que le dé acta de repudio”. En aquella época y cultura patriarcal el divorcio era una injusticia contra la mujer, bastaba cualquier justificante para despedirla, (por ejemplo el que se le quemara la comida). Ellas no tenían derecho. La ley antigua justificaba el divorcio en circunstancias banales. “Pero yo les digo, todo el que se divorcie de su mujer…” Sí, Jesús devuelve la dignidad a las mujeres e invita a un amor, sin reservas, sin egoísmos y sin convertirlas en un objeto. En una palabra, Jesús está invitando a una fidelidad y a un amor que sea signo luminoso del mismo amor de Dios.
En un mundo tan deshumanizado como el que nos ha tocado vivir, estas palabras de Jesús pueden resultar incómodas ya que, de hecho, parecen ir en contra de la realización personal y de la libertad del hombre y la mujer, tal como hoy se interpreta. Pero lo que Jesús nos quiere decir, en definitiva, es que las relaciones hombre-mujer sean vividas basadas en la libertad y en el amor. Nuestra sociedad necesita hoy hombres y mujeres que testimonien que es posible amar “para siempre” y, al mismo tiempo, tener la comprensión  para los que no puedan vivirlo.
Finalmente, Jesús pone de relieve la importancia de la verdad y  de la autenticidad en nuestras relaciones: “Habéis oído que se dijo a los antiguos: no jurarás en falso… Pues yo les digo: que no juren en absoluto… a ustedes les basta decir “sí “o “no”. Quiere decir que las relaciones humanas, a menudo, se encuentran contaminadas por la mentira, la ambigüedad de las palabras, el doble sentido y la falsedad. Jesús nos llama a vivir unas relaciones humanas en la verdad y en la sinceridad del corazón. Nuestra palabra tiene que ser suficiente por sí misma: “Les basta decir “sí” o “no”.
En el Evangelio de este domingo, Jesús nos propone la superación de la escala de valores que regula nuestra sociedad y nos invita a amar sin medida, como Él nos ama, como Dios nos ama.
En esta celebración nos volvemos al Señor, para decirle: “Tú, Señor, nos quieres libres, libres para amar, concédenos un corazón nuevo. Que seamos testigos vivos de una gran libertad y de una verdadera alegría.

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