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“Habéis oído… pero yo os digo”

Al encuentro de  la palabra... según San Mateo para la Lectio Divina P. Tony Salinas Avery asalinasavery@fundacioncatolica.org “Habéis oído… pero yo os digo” (Mt 5,17-37 – VI Domingo del Tiempo Ordinario) Continúa el solemne Sermón de la Montaña, con el que Marcos nos presenta la figura de Jesús, como Maestro, que enseña una nueva doctrina basada en su propia persona. En el texto de hoy, se trata de “las seis antítesis”.

Es decir, que Jesús, a través, de un esquema de contraposiciones define la nueva relación que existe entre la Ley del Antiguo Testamento y la novedad de su Evangelio: “Habéis oído que se dijo a los antiguos… pero yo os digo”. Y señalamos su número de seis de acuerdo a todos los temas que trata: el homicidio, el adulterio, el divorcio, los juramentos, la ley del talión y el amor al prójimo. Hoy sólo se nos van a presentar cuatro de ellas, (razón para que usted lea el texto completo Mt 5,17-37).
La novedad del Evangelio, está cifrada en que Jesús se sitúa en el espíritu auténtico de la profecía bíblica, no se trata de ser cumplidores de la letra de la Ley, se trata de vivir de su espíritu. El Decálogo en su radicalismo podría hacernos simplemente cumplidores de leyes, buenas sin lugar a duda, pero permitirían la ambigüedad interior, ya que no tocaría la actitud más interna y profunda que es la que da origen a cualquier elección cotidiana del ser humano, y que tiene su sede según la misma Biblia en el corazón.
“No penséis que he venido a abolir la Ley y los Profetas; no he venido a abolir sino a dar cumplimiento” ha dicho Jesús. ¿De qué cumplimiento se trata? Escrutando detenidamente este Sermón de la Montaña, descubrimos el verdadero cumplimiento de la Ley. Contra los 613 preceptos de la Ley enumerados por los rabinos judíos, Jesús convoca a sus discípulos venidos de esa antigua ley, a adherirse a la ley escrita por Dios en el corazón de todo hombre, que consistirá en un solo mandamiento: “Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y toda tu mente y amarás al prójimo como a ti mismo”. De éste mandamiento “depende toda la Ley y los Profetas” (Mt 22,27-40).
La escuela de Jesús para sus discípulos está basada en la vivencia de una relación con Dios que es Padre, fuente de una vida de relación entre sus hijos, basada en valores radicados en la “roca del ser”, es decir, allí donde las cosas se llaman por su nombre, dónde la apariencia no existe y desde donde se toman las más grandes decisiones de la vida. Se habla por lo tanto, de ese lugar en el interior humano, que es alimentado por la luz divina, sabiendo discernir su relación de hijo en relación a Dios, de hermano en relación a sus semejantes y de señor o lugarteniente en relación a todo lo creado. De aquí se desprende entonces la gran enseñanza del Maestro: sí vives desde lo profundo estas tres maneras de relación, jamás atentarás contra la vida de tu hermano, no te harás cómplice voluntario de toda forma de infidelidad, no abandonarás a tu primer amor con el divorcio, ni en forma alguna perjudicarás a este que es tu prójimo, porque él también es hijo de tu Padre Dios.

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