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El otro es un don

El otro es un don Eddy Romero Periodista Semanario Fides Esta expresión del papa Francisco en el reciente mensaje para la Cuaresma de este año 2017 coincide con la idiosincrasia de Jorge Mario Bergoglio, quién ha venido a dar un aire fresco a la Iglesia del nuevo milenio.

A pocos días de iniciar este kairós  cuaresmal, tiempo privilegiado para volver a Dios, es un momento precioso afirma el Papa, para fijarnos en el hermano, en el próximo, en el otro.
Pero lastimosamente, estas palabras todavía no hacen eco en nuestro país. Pareciera que el dolor, el sufrimiento y la desdicha que viven miles de hondureños no nos interpelan. Así como la parábola del rico y Lázaro, que presenta en este mensaje cuaresmal del papa argentino, existen en nuestros días, muchos lázaros y ricos, ya que en este país se viven grandes inequidades. Pareciera que el autor sagrado utiliza de ejemplo este sobrevivir en estas Honduras, para ejemplificar al mundo el camino de la solidaridad. Encontrarme con el otro, debería ser una de las primeras tareas de los cristianos, ya que es en el más sencillo, en el más humilde, el más pequeño donde atendemos al Señor. Estas palabras, lejos de querer elevar el alma, quieren poner nuestras “barbas en remojo”, para que giremos nuestra mirada hacia aquellos que más lo necesitan. Realmente, el valor más intrínseco del Evangelio, se vive en la cercanía con los demás. Aquellas palabras de Francisco, de salir de nuestro “confort” e ir a las periferias existenciales, cobran más sentido en un país, tan necesitado de ayuda. Honduras, hoy en día es un lugar perfecto para ser cristiano. Si de verdad queremos seguir al Señor, debemos recordar las palabras del mismo Señor cuando tuvo hambre, tuvo sed, estuvo preso, enfermo, forastero, desnudo, de aquel que no sabía, del que se equivoca, del que nos ofende, del que esta triste, de aquel que tiene muchos defectos, o aquellos que ya no están con nosotros. Y esto, es el diario de vivir de miles de hondureños. Por eso, está en nosotros, si de verdad queremos vivir el Evangelio, el responder a ese llamado de amor.
La parábola presenta la figura del rico, en donde se resalta el dinero, a lo que el Papa afirma que “es la causa principal de la corrupción y fuente de envidias, pleitos y recelos. El dinero puede llegar a dominarnos hasta convertirse en un ídolo tiránico”. Es que muchas veces, nos olvidamos de las personas, por prestar nuestra atención a las cosas. Ante esto, hay que tener mucho cuidado. Bien hace la Iglesia en ofrecernos algunas prácticas que ayudan a librarnos de esas tentaciones.
Es en este tiempo privilegiado, que se nos invita a intensificar nuestras prácticas penitenciales del ayuno, la limosna y la oración. Estas expresiones harán que, si realmente las cumplimos, fijemos nuestra mirada en ese don, que en este caso, es el otro.
Bien señala Francisco que el verdadero problema del rico, es no prestar oído a la Palabra de Dios. Es la Palabra de Dios la que hará cambiar los corazones, suscitar la conversión y volver a encaminarnos hacia el Padre. Me gusta mucho pensar en la Palabra como esa espada de doble filo, esta figura que nos recuerda, que muchas veces tenemos que cortar de raíz ciertas actitudes si realmente queremos ser reflejo de Dios, un vitral que deslumbre la luz del Espíritu Santo. Que sea la Palabra, la que nos ilumine en este itinerario, para realmente llegar a la plenitud de la fe, la Pascua de Resurrección, en donde tendremos un triple encuentro; con Dios, con uno mismo y con el otro.

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