Diócesis San Pedro Sula

Fiesta mundial con la Familia Vicentina

Inicia el Año Jubilar Vicentino, conmemorando el 400 aniversario del nacimiento de su carisma de servicio a los pobres.
Fiesta mundial con la Familia Vicentina
Fotos: Padres Vicentinos
Texto: Johanna Kattan
jokattan@suyapamedios.com
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Hablar de San Vicente de Paúl no es un tema solo de los católicos, se trata de un legado mundial. No es solo recordar a un hombre, es vivir con un estilo que nos envuelve en un amor sin límites, sin color, sin religión, sirviendo a los más necesitados.
En todo el mundo han celebrado la inauguración y apertura del Año Jubilar Vicentino, conmemorando el 400 aniversario del nacimiento del carisma vicentino: evangelizar a los más pobres. Para este acontecimiento han elegido el lema: “Fui forastero y me recibiste…” (Mt 25, 35)uno de los pasajes del Evangelio más queridos por los vicentinos.

En Honduras esta fiesta, que apenas comienza,  se celebró a lo grande, con toda la Familia Vicentina, FAMVIN, que día a día se entregan a la misión de servir a los más necesitados. En la zona norte, tanto en San Pedro Sula, como en Puerto  Cortés y Cuyamel, se festejó con gozo, identificados con un carisma que ha transformado el corazón de miles de hondureños.
En la celebración de los sampedranos participaron los diversos grupos y asociaciones con espiritualidad vicentina Hijas de la Caridad (HHCC), Padres Vicentinos (CM), Juventudes Marianas Vicentinas (JMV), Asociación de la Medalla Milagrosa (AMM), Asociación Internacional de la Caridad (AIC), Conferencias de San Vicente de Paúl, Misioneros Seglares Vicentinos (MISEVI), Obras Sociales Vicentinas (OSOVI), Comunidades Laicales Vicentinas (CLV) y programas de diversa índole.
“Celebrar 400 años del carisma vicentino significa dos cosas: recordar un momento importante en la historia de la Iglesia, cuando San Vicente de Paúl en 1617 empezó a vivir y a llevar a cabo lo que el Señor le pedía, de evangelizar a los pobres y de servir a los más pequeños y necesitados. Al mismo tiempo, significa que ese carisma después de cuatro siglos, sigue vivo y sigue presente entre nosotros aquí en Honduras, hoy también son muchas las personas que comparten este hermoso carisma vicentino, se sigue evangelizando, anunciando las buenas noticias y se sigue sirviendo a los más necesitados”, explica el párroco Vicente Nacher, desde la parroquia que lleva el nombre de este santo.

VICENTINOS SIRVIENDO EN LA COSTA NORTE En Puerto Cortés también se celebró la eucaristía solemne de inauguración y apertura del Año jubilar Vicentino, la misa fue presidida por el sacerdote José Luis Induráin, superior de la comunidad, y los padres Mikel Sagastagoitia (párroco) y Félix Mariezkurrena (vicario parroquial).
En las primeras bancas de la Parroquia Sagrado Corazón de Jesús en Puerto Cortés, las ocuparon los diversos miembros de la Familia Vicentina de esa zona, sacerdotes de la Congregación de la Misión, las Hijas de la Caridad, que acompañan los Hogares de Ancianos y Niños y el Consultorio parroquial.
También hubo presencia de las Voluntarias Vicentinas (A.I.C.), la Sociedad San Vicente de Paúl (Conferencias de jóvenes y adultos), Juventudes Marianas Vicentinas (J.M.V.), del misionero laico vicentino Pedro Azcárate junto con su familia,  la Asociación de la Medalla Milagrosa (A.M.M.), los agentes de promoción humana,  la comunidad San Vicente de Paúl del Barrio de Pueblo Nuevo, acompañada de su coro, que armonizó toda la celebración, e integrantes de las diversas obras e instituciones sociales presentes en Puerto Cortés.
Y en Cuyamel también hubo fiesta, con la eucaristía presidida por el párroco Ángel Echaide y acompañado por los misioneros vicarios parroquiales Javier Irurtia y José Alberto Ramos. Toda la feligresía de Cuyamel y sus alrededores, especialmente los jóvenes de JMV allá presentes, dinamizaron esta fiesta eclesial.
El párroco Mikel destaca que el carisma propio de los padres Vicentinos, compartido con el resto de la Familia Vicentina, es el que recogen las Constituciones en su primer numeral: seguir a Cristo evangelizador de los pobres.  “Por eso entendemos que un vicentino, como lo hizo San Vicente de Paúl,  siempre ha de integrar la Misión y la Caridad; el anuncio de la Buena Noticia con palabras y obras hacia los más pobres”.
“El perfil diario de un vicentino ha de estar marcado desde una oración que nos ayude a ponernos en sintonía con Dios, desde la cercanía al que sufre, como diría San Vicente: contemplativos en la acción, y apóstoles en la oración”, agrega el padre Mikel.
La Familia Vicentina en Honduras, también hoy, trata de responder a las necesidades de los pobres. Haciéndose presente en las diversas obras sociales que se han ido abriendo a lo largo de los años (hogares de niños, jóvenes, ancianos, enfermos, VIH, niños de la calle, iniciativas agrícolas, educación,…) y en lugares de difícil acceso, como las misiones de Barra Patuca y Puerto Lempira, en la Moskitia, departamento de Gracias a Dios.
Tendrán actos a lo largo de todo el año, sobre todo en las fiestas de San Vicente, Santa Luisa y Medalla Milagrosa. Convocando a los fieles a la participación en el sostenimiento de las diversas obras y en la misión.

TESTIMONIO
Vanessa Aguilera,
Voluntaria Vicentina, Puerto Cortés
“Mi experiencia como miembro de la familia vicentina es un regalo de Dios, porque sentía en mi corazón un vacío, aun asistiendo a las eucaristías, a los grupos de formación. El servicio es lo que tanto anhelaba, desde visitar y servir en el Hogar de Niños y Hogar de Ancianos le dio un sentido de compromiso aun mayor con Dios y es lo que alimenta mi fe día a día. Hay una frase que en todo momento hace eco en mi mente y corazón es “ Perdón Señor por todo el bien que dejamos de hacer”, el padre José Luis Indurain dijo esa frase y la he hecho mía porque es muy cierto. Como lo dice San Vicente de Paul, mi llamado es el servicio. Estoy agradecida con Dios por poner personas en mi camino que me han conducido a la Familia Vicentina de la cual me siento orgullosa porque en todo el mundo habremos laicos sirviendo con alegría y entusiasmo porque una fe sin obras, no es fe”.

NACIMIENTO DEL CARISMA VICENTINO
Redacción: Padres Paules en San Pedro Sula
Han pasado ya 400 años desde que San Vicente de Paúl inició la primera cofradía de la caridad. Este santo francés nacido en Pouy el 24 de abril de 1581, tuvo un punto de inflexión en su historia que le hizo pasar de sacerdote acomodado a fiel imitador de la caridad de Cristo. Este momento, se hizo palpable en el 1617, cuando dos encuentros profundos con los pobres, con el mismo Cristo, relatara él, transformaría su historia y la de la Iglesia para siempre.

Primer sermón de misión. Folleville
El primero de estos encuentros se dio en Folleville, como preceptor de “Los Gondi”, familia noble. Él mismo nos lo cuenta en sus escritos “Un día me llamaron para ir a confesar a un pobre hombre gra-vemente enfermo, que tenía fama de ser el mejor individuo o al menos uno de los mejores de su al-dea. Pero resultó que estaba cargado de pecados, que nunca se había atrevido a manifestar en la confesión, tal como lo declaró él mismo en voz alta poco más tarde, en presencia de la difunta esposa del general de las galeras, diciéndole: «Señora, yo estaba condenado, si no hubiera hecho una confe-sión general, por culpa de unos pecados muy grandes que nunca me había atrevido a confesar».
Aquel hombre murió, y aquella señora, al darse cuenta entonces de la necesidad de las confesiones generales, quiso que al día siguiente se tuviera la predicación sobre aquel tema. Así lo hice, y Dios concedió su bendición de tal manera que todos los habitantes del lugar hicieron enseguida la confe-sión general, y con tanta urgencia que hubo que llamar a dos padres jesuitas para que me ayudaran a confesar, a predicar y a tener la catequesis”1.
“Esta gracia fue la que realizó este efecto saludable en el corazón de aquel aldeano, cuando confesó públicamente, y en presencia de la señora esposa del general, de la que era vasallo, sus confesiones sacrílegas y los enormes pecados de su vida pasada; entonces aquella virtuosa dama, llena de admi-ración, le dijo al padre Vicente: «¿Qué es lo que acabamos de oír? Esto mismo les pasa sin duda a la mayor parte de estas gentes. Si este hombre que pasaba por hombre de bien, estaba en estado de condenación, ¿qué ocurrirá con los demás que viven tan mal? ¡Ay, padre Vicente, cuántas almas se pierden! ¿Qué remedio podemos poner?» «Era el mes de enero de 1617 cuando sucedió esto».
Para el padre Vicente, este acontecimiento le hizo intuir la necesidad de crear un grupo de sacerdo-tes que se preocuparan de llevar el amor de Dios a los más pobres, especialmente a los del campo, y que estén bien preparados para la confesión. Años más tarde, el 25 de enero de 1625, vería la luz la Congregación de la Misión, conocidos hoy como Padres Vicentinos o Vicencianos.

Organización de la Caridad. Châtillon-Les-Dombes
El 22 de agosto de ese mismo año, 1617, San Vicente tendría el segundo encuentro con Cristo. Fue en Châtillon-Les-Dombes. Determinado en servir a las pobres gentes del campo, Vicente entra como párroco en este pueblo francés.
En el tiempo de cuaresma, antes de la predicación, los fieles le avisaron de que había un pobre en-fermo y muy mal atendido en una pobre casa de campo. “Me hablaron de su enfermedad y de su pobreza de tal forma que, lleno de gran compasión, lo recomendé con tanto interés y con tal senti-miento que todas las señoras se vieron impresionadas. Salieron de la ciudad más de cincuenta; y yo hice como los demás; lo visité y lo encontré en tal estado que creí conveniente confesarlo; y cuando llevaba el Santísimo Sacramento, encontré algunos grupos de mujeres y Dios me dio este pensamien-to: «¿No se podría intentar reunir a estas buenas señoras y exhortarles a entregarse a Dios, para servir a los pobres enfermos?» A continuación, les indiqué que se podrían socorrer estas grandes necesidades con mucha facilidad. Inmediatamente se decidieron a ello. Luego se estableció en París esta Caridad, para hacer lo que estáis viendo. Y todo este bien proviene de allí”. La intuición de coordinar la caridad, de armar grupos para servir a los pobres, es fruto de su experiencia en Châti-llon.

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