Opinión Punto de Vista

El fervor del pueblo

El fervor del pueblo
Por Víctor Hugo Álvarez
Director Semanario Fides
No cabe duda que la fiesta en conmemoración del hallazgo de la diminuta imagen de la Virgen de Suyapa cada tres de febrero, se convierte en un reflejo claro de la nacionalidad, pues ante ella nos sentimos identificados todos los hondureños independientemente de nuestra posición social, económica o pensamiento político.
La Virgen de Suyapa es un emblema de la identidad nacional pues une a sus hijos en un sólo pensamiento y como fruto de esa vinculación nos sentimos hermanos. Pocas son las ocasiones en que los hondureños guardamos nuestras abismales diferencias para unirnos y celebrar al unísono la festividad en honor a la madre de Dios.
María, refleja en si misma todas las experiencias de los seres humanos, su silencio, su disponibilidad, su sumisión a los designios divinos, sus angustias como perseguida y emigrante, su labor en el hogar, la crianza de su hijo y lo que es peor sus dolores ante el sacrificio inmerecido de Jesús.
Opiniones  diversas y multidisciplinarias de estudiosos de la realidad nacional consideran que la Virgen de Suyapa es un referente claro y que ante ella el pueblo hondureño deposita sus angustias, sus tristezas, alegrías y esperanzas. Compartimos esa opinión, pues durante la festividad muchas veces observamos como gente de tierra adentro que con mucho sacrificio peregrinan hacia Suyapa, expresan sus tristezas, pero su máxima confianza en que la Virgen  intercederá por ellos para cambiar la dura realidad en donde desarrollan sus vidas.
Muchas familias que han visto asesinados a sus hijos, hermanos, padres, parientes  o amigos en la vorágine de violencia que nos azota y nos diezma, encuentran refugio en los dolores de María, sufrimiento que se desprende de las torturas y la crucifixión de su hijo Jesús.
Otras, llegan a pedirle a la Patrona de Honduras porque haya justicia, pues algunos de sus parientes llevan años esperando un juicio y con sólo estar en la cárcel por esa espera ya pagaron más de lo que les habría tocado en una condena. La mora judicial es un problema que asfixia, desespera y mantiene en la zozobra a muchas familias del país. También hemos visto caminar sobre sus rodillas a niños, jóvenes y ancianos agradeciendo algún favor concedido por la intercesión de la Virgen. Son cuadros conmovedores que sacuden a cualquiera al observar el fervor de esas personas.
También se observa el desfilar de políticos, algunos queriendo demostrar su generosidad reglando comida ropa y otros enseres a los peregrinos,  pero en el fondo esconden un mensaje subliminal de captar la mirada hacia ellos.
Pero en ese universo, son los más pobres, los desposeídos quienes expresan su amor y esperanza en la Morenita y se les nota el fervor hacia ella. Ellos son la expresión de la religiosidad popular que manifiestan su amor encendiendo velas, consiguiendo agua bendita, asistiendo a las ceremonias.
Llegan ataviados con su ropa  casual, esos vestidos coloridos que usan las mujeres de nuestras etnias o el típico atiendo de los varones con el sombrero calado. Son la particularidad de la fiesta, pero son expresiones genuinas de nuestra cultura.
La Virgen es para ellos su madre, la que los escucha, a quien le ruegan, con quien se sienten seguros y por ello no escatiman ningún sacrificio para estar presentes en la festividad en honor a Santa María de Suyapa.
Creo que hace falta investigar más a fondo sobre estos aspectos y expresiones que se producen en torno a la Virgen de Suyapa. Sabemos que la fe es una de esas causas, pero más allá debe haber otros factores que impulsen al pueblo a buscar en María consuelo y protección.
Tan enorme expresión de fervor, no puede pasar desapercibida por ningún hondureño, porque es nuestro pueblo quien se expresa. Por ello, la Virgen de Suyapa no es sólo historia y veneración, es alguien que toca las fibras de nuestro corazón y sacude nuestra conciencia como nación.

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