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Editorial del Domingo 5 de Febrero de 2017

Una nación desigual La solidaridad, debería ser el principio ordenador de la sociedad hondureña, tomando en cuenta que la institucionalidad pública y privada, debe ser preservada y potenciada, para promover la igualdad esencial entre todos los ciudadanos.


De esta manera será posible crear políticas públicas, fundamentadas en la fraternidad y la solidaridad. Y así promover la igualdad de oportunidades, sociales, económicas y culturales, para todos los hondureños.
No se puede negar que existe una injusta polarización en la población hondureña. Que una porción minoritaria de ciudadanos, han logrado una considerable acumulación de los bienes de la economía, de las oportunidades de crecimiento personal y que tienen cubiertas las necesidades personales y familiares de educación, vivienda, vestido y salud.
En el otro extremo, existe otro núcleo de población, cuyas necesidades básicas propias y las de la familia, son cubiertas de una manera precaria, ellos son la mayoría. Por ello les resulta imposible lograr oportunidades para su alimentación y educación adecuadas. Tampoco tienen una apropiada atención en salud; ni vivienda; ni un empleo que les permita un ingreso justo.
En esas circunstancias, muchos se ven orillados a emigrar, frustrarse o entrar en el campo de la delincuencia, pues no encuentran posibilidades de un trabajo digno. Ya por no haber logrado obtener una capacitación laboral, o por falta de centros de trabajo.
Mejorar, en una actitud solidaria, las condicione de vida de los más pobres, en las varias comunidades debe ser la tarea principal del gobierno central. Igual función devienen obligadas a realizar las distintas alcaldías. Sobre todo creando oportunidades de trabajo comunitario que les permitan, a los más pobres, obtener un ingreso permanente.
Así la solidaridad tendrá las características de una determinación firme, perseverante y práctica de las autoridades electas de trabajar por el Bien Común. Es una forma de reconocer los vínculos que unen a los miembros de las comunidades entre sí, sirviendo al crecimiento de los más necesitados, con la colaboración de todos.
En la situación en que subsiste la población hondureña, el principal objetivo de quien esté constituido en autoridad, debe ser la disminución de la pobreza. Lo cual comienza por realizar la función pública que el pueblo les ha encomendado con integridad. Ello significa no sólo manejar los fondos públicos con honradez, sino que entregarse al desempeño de su cargo con un profundo sentido de servicio, sin pretender obtener un beneficio personal o particular por medio del favoritismo político, el nepotismo o aumentar el propio peculio.
Ha llegado el momento histórico, en que ya no se pueden sostener los altos niveles de impunidad que han prevalecido en el país, y que han sido causa del altísimo nivel de corrupción, que se ha evidenciado en los diferentes gobiernos que se han sucedido, en la era democrática. Corrupción que ha succionado los recursos económicos necesarios para elevar la calidad educativa, las atenciones en salud, la promoción de la vivienda social. Déficit profundo de dignidad humana, lo cual hace que los programas sociales del actual gobierno, aun siendo muchos, resulten insuficientes para suplir las carencias acumuladas que existen en la población empobrecida.
Lo mismo sucede con el crecimiento económico de la nación, que en los últimos años ha sido de 3.5%, lo cual no permite superar adecuadamente el enorme rezago cultural, social y económico que abate a la mayoría de la población.
Ahora que la nación está inmersa en un año electoral, el tema principal de la campaña de todos los partidos debe centrarse, alrededor de las estrategias que utilizarían si se constituyeran en gobierno, para combatir la desigualdad y disminuir la pobreza.
El Papa Francisco ha manifestado que “la desigualdad es la causa de todos los males sociales”. Por ello agregó el pensamiento de un antiguo sabio: “No compartir con los pobres los propios bienes es robarles y quitarles la vida”. Palabras dirigidas a expertos financieros y a gobernantes. Indicándoles la necesidad de practicar la misericordia.
La justicia social, es un valor ético que debe ser impulsado por quienes aspiran a la función de gobernar, para mejorar la realidad social, política y económica de la población. Pero con una mirada a fondo, considerando la condición estructural de la pobreza y la exclusión, para buscar soluciones efectivas.
El Señor Jesús mostró la única pobreza aceptable: “Felices los pobres en el espíritu…. Porque de ellos es el Reino de los Cielos”.

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