Diálogos "Fe y Razón" Punto de Vista

Calidad educativa

Calidad educativa
Diac. Carlos  E. Echeverría Coto
carloseduardiacono@gmail.com
Desde el 1° de febrero tenemos una nueva Ministra de Educación. Por el bien de Honduras, independientes y políticos de uno u otro color, todos debemos desearle sabiduría, firmeza, perseverancia y gentileza en el desempeño de sus funciones. Tiene preparación académica, experiencia administrativa y carácter para poder desempeñarse con acierto. Esperemos que también pueda tener, en su primera quincena, y con apoyo de los funcionarios del ministerio y el Consejo Nacional de Educación, la hoja de ruta que se precisa.
Por mi parte creo que casi todo debe girar en torno a la calidad educativa. Cuando se aprobaron los derechos del niño se dijo, entre otras cosas, “Todo niño tiene derecho a la educación”, con lo que estamos de acuerdo; pero se olvidó precisar “educación de calidad”. Poniendo a salvo algunos ámbitos de excelencia, ésta parece ser la asignatura pendiente para el Ministerio de Educación.
Es bueno saber de qué está hecha la calidad educativa. La misma depende de la calidad de sus agentes y componentes.  En primer lugar depende de la calidad del recurso humano. De los maestros y de los alumnos, luego, de la calidad de las autoridades educativas y de los padres de familia y, finalmente, de otras personas ligadas al quehacer educativo.
La calidad del maestro depende de su formación académica, de su actualización y de su vocación de servicio. La calidad del alumno depende de su hogar, su voluntad de estudio y las estrategias de aprendizaje que emplee. Gran importancia tiene la clase de directores departamentales e institucionales que se tenga, y de los funcionarios del ministerio en todas las áreas y niveles, pues son los responsables de que todo suceda conforme a lo programado. Los padres de familia, por su parte, son los principales educadores antes y durante todo el proceso escolar. Su responsabilidad es irrenunciable; su presencia en la escuela, necesaria; su voz, deberá siempre escucharse.
La calidad educativa depende también de los objetivos y contenidos de aprendizaje, así como de las técnicas y estrategias utilizadas. Los primeros deben estar estrechamente relacionados entre sí, ser pertinentes a las competencias que se persigue formar y siempre actualizados. Las segundas deberán tomar en cuenta la edad de los alumnos, los paradigmas educativos empleados y la urgencia de interesar y apasionar al estudiante con el aprendizaje.
Cuatro observaciones puntuales nos pueden ilustrar mejor lo anterior, que es un complejo pero necesario capítulo del esfuerzo que en esta materia se debe desarrollar. 1)  Hay que centrarse en el aprendizaje previsto en los objetivos, lo que implica no aumentar “ad infinitum” los contenidos. Cada vez la humanidad aprende más y no es posible enseñarlo todo, añorando el saber enciclopédico. 2) El aprender debe ser un placer, no un castigo. Por ello las tareas deben ser pocas pero inteligentes. Con frecuencia muchos niños no descansan en su casa; ellos y sus padres se desvelan cumpliendo deberes que generan rechazo y no ayudan a aprender más. 3) La formación integral supone enseñar valores como orden y limpieza, pidiendo que todos cooperen en ello; o el respeto a los demás, castigando –padres y maestros- severamente el bulling; o la sana alimentación, sugiriendo a los padres dietas balanceadas y desterrando de tiendas y comedores escolares la comida chatarra. 4) Los materiales y herramientas instruccionales tienen que ser apropiados integralmente y no sólo a medias. Por ejemplo, las guías de educación sexual –al parecer no consensuadas- hablan de los aspectos biológicos y mecánicos del tema, pero en ellas el amor sagrado y profundo de la pareja es paradigma ausente.

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