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Necesitamos cristianos valerosos, anclados a la esperanza

Necesitamos cristianos valerosos, anclados a la esperanza “Los cristianos perezosos, los cristianos que no tienen ganas de ir adelante, los cristianos que no luchan para hacer que las cosas cambien, las cosas nuevas, las cosas que nos harían bien a todos”. Vaticano - Sean cristianos valerosos, anclados a la esperanza y capaces de soportar los momentos oscuros. Es la exhortación que hizo el Papa en su homilía de la Misa celebrada en la capilla de la Casa de Santa Marta. Y agregó que los cristianos perezosos, en cambio, están detenidos y para ellos la Iglesia representa un bonito aparcamiento.


El celo del que se habla, la valentía necesaria para ir adelante, debe ser nuestra actitud ante la vida, como hacen quienes se entrenan en el estadio para ganar. Pero esta Carta habla también de la pereza que es lo contrario del coraje.
Son perezosos, los cristianos aparcados: han encontrado en la Iglesia un lindo estacionamiento. Y cuando digo cristianos, digo laicos, sacerdotes, obispos… Todos. ¡Y hay cristianos estacionados! Para ellos la Iglesia es un estacionamiento que custodia su vida y van adelante con todos los seguros posibles. Estos cristianos detenidos me hacen pensar una cosa que de niños nos decían a nosotros los abuelos: ‘Estén atentos que el agua detenida, esa que no corre, es la primera que se pudre’”.
Lo que hace valerosos a los cristianos es la esperanza, mientras los “cristianos perezosos” no tienen esperanza, están “jubilados” – dijo el Papa Bergoglio – y es lindo jubilarse después de tantos años de trabajo, pero – añadió – “¡transcurrir toda tu vida jubilado es feo!”. En cambio, la esperanza es el ancla al que aferrarse para luchar también en los momentos difíciles:
“Este es el mensaje de hoy: la esperanza, aquella esperanza que no decepciona, que va más allá. Y dice: una esperanza que ‘es un ancla segura y firme para nuestra vida’.
La esperanza es el ancla: la hemos tirado y nosotros estamos aferrados a la cuerda, pero allí, andando allí. Esta es nuestra esperanza. No hay que pensar: ‘Sí, pero, está el cielo, ah qué bello, yo permanezco…’. No. La esperanza es luchar, aferrado a la cuerda, para llegar allá. En la lucha de todos los días la esperanza es una virtud de horizontes, ¡no de clausura! Quizá sea la virtud que menos se comprende, pero es la más fuerte. La esperanza: vivir en la esperanza, vivir de la esperanza, mirando siempre adelante con coraje. ‘Sí, padre – podría decirme alguno de ustedes –, pero hay momentos feos, donde todo parece oscuro, ¿qué cosa debo hacer?’. Aférrate a la cuerda y soporta”.
El Obispo de Roma puso de manifiesto que “a ninguno de nosotros se nos regala la vida”, por lo que es necesario, en cambio, tener coraje para ir adelante y soportar. Los cristianos valerosos, tantas veces se equivocan, pero “todos nos equivocamos” dijo el Papa ; “se equivoca el que va adelante”, mientras “el que está detenido parece que no se equivoca”. Y cuando “no se puede caminar porque todo es oscuridad, todo está cerrado”, es necesario soportar y tener constancia. En conclusión, Francisco invitó a preguntarnos si somos cristianos cerrados o de horizontes amplios y si en los momentos feos somos capaces de soportar con la conciencia de que la esperanza no decepciona:

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