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Aldea Suyapa un lugar de encuentro y milagros

Está ubicada a ocho kilómetros del centro de la ciudad capital  y a finales del mes de enero y principios de febrero se vuelve el epicentro de fe.  Miles de personas con sus corazones desbordantes y agradecidos,  emprenden un viaje de esperanza hacia esta aldea en busca de encontrarse con la pequeña y milagrosa imagen. Aldea Suyapa un lugar de encuentro y milagros Suyapa Banegas sbanegas@semanariofides.edu Fotos: Archivo Síguenos en www.fidesdiariodigital.com El lugar es visitado por hondureños y extranjeros, el vaivén de los pobladores se nota al echar un vistazo sobre él sector. La aldea Suyapa, un lugar de encuentro con la “Morenita”,   hace años era un pequeño poblado como muchos en nuestro país, con las características de los pequeños poblados y la idiosincrasia de su gente.

Hoy atrás quedaron las calles de tierra y un hermoso parque, su infraestructura ha cambiado con el paso de los años, pero la devoción  a quien quiso ser parte de esta aldea permanece.
Esta comunidad está ubicada a ocho kilómetros del centro de la ciudad capital y a finales del mes de enero y principios de febrero se vuelve un epicentro de fe, miles de personas con sus corazones desbordantes de peticiones y agradecimientos emprenden un viaje de esperanza hacia Suyapa en busca de encontrarse cara a cara con la pequeña pero milagrosa imagen.

ALDEANOS QUE ESCONDEN HISTORIA Su gente es cálida y amable y uno nunca se puede imaginar las historias que se pueden esconder detrás de un rostro alegre o de alguien que espere pacientemente a un comprador. Así,  denotando alegría contagiosa,  encontramos en uno de los puestos permanentes a la señora Doris Suazo procedente de Santa Bárbara, quien es comerciante en la aldea y llegó aquí el 15 de agosto de 1985, cuando tenía escasos 18 años.
Ella  recuerda perfectamente cómo inició su actividad comercial: “Nosotros vendíamos sobreros, recuerdo que venían muchísimos inditos y nos buscaban los sombreros, me tocaban la puerta a las cinco de la mañana diciendo señora queremos  sombreros, nos levantábamos a la hora que nos solicitaban, los vendían a 1,  2 y 3 lempiras. En ese entonces cuando llegué aquí no tenía hijos  y luego salí embarazada y me quedé con mi familia. Con mi esposo me conocí en la frontera de Guatemala pues ambos éramos comerciantes y veníamos a vender aquí”.
Recuerda cómo era la actividad comercial. “Nosotros sacábamos venta hasta medio día, después de medio dia uno guardaba porque no había nada y no se  miraban  vendedores, las calles eran de pura tierra, yo solita vendía,  por todas partes de aquí me ponía a vender pues todo estaba vacío. El 3 de febrero venían bastantes inditos y en todos los corredores de las casas les daban donde alojarse, hacían fogones y traían sus tamales con frijoles y hasta compartían con los que se acercaban, hacían café en latas de leche”.

UN MILAGRO DE VIDA Doña Doris una mujer que a través del comercio estaba gestando un futuro y que ya había encontrado un lugar donde habitar en la aldea Suyapa, había sufrido la pérdida de su primogénita. A raíz de esto, ella le pidió  a la Virgen de Suyapa que le hiciera el milagro de concebir una niña.
“Yo le hice promesa a la Virgen que quería quedar embarazada y que casualidad que el 14 septiembre se me murió mi primer niña, a los dos años exactos nace la otra niña en la fecha que se me fue al cielo la primera, eso fue,  segura estoy,  gracias la Virgen de Suyapa.
Cuando nació la niña le ofrecí un “milagrito de plata y que ella intercediera para que no se me muriera,  porque a raíz de la pérdida había quedado con trauma y que no quería pasar por ese dolor de nuevo.  Pues ella allí esta y ahora es abogada. Actualmente tienen tres hijos, dos varones más a los que ella se los pidió al Señor de Esquipulas. Doña Doris sigue dedicándose al comercio y se levanta junto a su esposo todos los días muy temprano para instalar su puesto de artículos religiosos justo frente a la Ermita de Suyapa donde permanece aquella que escuchó su clamor de madre  e intercedió para poder concebir  y preservar la vida de su hija y es por eso que vive muy agradecida con la Virgencita de Suyapa.

EL PASO DEL TIEMPO Y LOS CAMBIOS  En el callejón que conduce a la Basílica de Suyapa encontramos a la señora Ana María Irías Escoto, vive en el sector “La Cruz” de la Aldea Suyapa es otra comerciante que vende cosméticos y se ha dedicado por años a este rubro.
“Toda mi familia somos comerciantes me crie de la edad de 5 años mi mamá era de las primeras vendedoras que se preparaba,  vendía pupusas, carne asada y otras cosas.  Recuerdo que la aldea era diferente,  las calles eran de tierra, ahora vemos un cambio,  hay seguridad, calles adoquinadas recuerdo que antes los mismos aldeanos conformaban grupos de vigilancia.  Ellos cuidaban,  hasta amanecían resguardando la aldea, y no era sólo para la feria sino para todo el año”.
Doña María quien se dedica a la venta de cosméticos, diademas y demás  a ella le gustaría ver en esta  aldea un cambio “La Plaza es la cara de la aldea, ojalá que se pudiera tener mejor arreglado, aquí hay varios negocios si se viera en mayor orden, que por ejemplo se formara un proyecto turístico, que estuviéramos bien ubicados y con una mejor presentación,  que se viera más bonito, porque si la plaza tuviera mejor cara viniera incluso más gente. “Vemos ejemplos como el de Valle de Ángeles,  que bonito se ve,  ojalá se pudiera hacer algo más adelante”.
A la memoria de doña Ana María se vienen lo que tenía esta aldea hace muchos años: “Aquí teníamos un parque hermoso, era similar al parque La Concordia, tenían asientos de cemento alrededor, árboles enormes y quedaba aquí frente a la ermita, sería importante darle una mejor cara a esta plaza para bien de los habitantes”.

APORTE HISTÓRICO
En 1747, en la aldea sólo había unas 25 viviendas, construidas en su mayoría de bahareque, con amplios corredores. Prueba de ello es que la casa donde se veneraba a la virgen sólo medía 14 varas y tres cuartos de largo por ocho varas y una cuarta de ancho. Los vecinos se dedicaban al cultivo de la tierra y la ganadería. A diario se trasladaban hacia el sector de El Piligüin, donde tenían las tierras para el cultivo y la cría de animales, y desde ese lugar acarreaban leña para los fogones y trasladaban sus cosechas.

CURIOSO
El nombre de Suyapa es sinónimo de antigüedad, pues según los historiadores se deriva de la palabra Coyapa, que significa “en el agua de las palmeras”.

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