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La novedad del Evangelio

La novedad del Evangelio Jóse Nelsón Durón V. El doctor José Reina Valenzuela en su libro Historia Eclesiástica de Honduras, Tomo I, relata lo que ocurrió durante los primeros cien años (siglo XVI) posteriores a la llegada del navegante Cristóbal Colón a Guanaja, con base en «los documentos adquiridos en los archivos de España, especialmente el General de Indias de Sevilla; en el Archivo General de Centro América, de Guatemala; en nuestro Archivo Nacional y en el Archivo Eclesiástico de Comayagua, consultados personalmente por el autor… ».

Este libro inapreciable narra el viaje del Señor Jesús a América y su entronización en las tierras vírgenes del novísimo continente, en cuyas playas… “India virgen y hermosa dormías de tus mares al canto sonoro, cuando echada en tus cuencas de oro el audaz navegante te halló…” Estrofa I de nuestro Himno Nacional, cuya letra y música fueron sometidos a concurso por propuesta de los diputados Rómulo E. Durón y Ramón Valladares en el año 1910 durante la presidencia de don Miguel Dávila. Fértiles, generosas e intocadas aquellas tierras, a imagen de la santísima Virgen, esperaban el acontecimiento de su encuentro con el mundo, que despertaba al descubrimiento de los ámbitos desconocidos y de nuevas rutas y riquezas insospechadas. Luz, aunque temerosa, ávida de oscuridad que iluminar, sabedora de riesgos, humilde, sencilla, respetuosa, pero valiente ante las posibles implicaciones, como asintiendo a la voluntad del Creador que vendrá.
Se repite constantemente que nunca se pierde la esperanza, una de las virtudes teologales insertas por Dios en nuestras almas y es, en realidad, lo que nos mantiene caminando y oteando el horizonte con ánimo, consuelo o ilusión. La esperanza es propia de quienes tienen fe y aceptan la voluntad de Dios en sus vidas, por lo que actuar contra las esperanzas del prójimo, especialmente de los más necesitados, es un pecado similar al del rico Epulón que siempre rompía la fija esperanza de Lázaro en una migaja siquiera. No es posible que un auténtico cristiano se pare a alardear de su riqueza sin compartir una migaja en un mundo tan menesteroso; ni que intente romper los tímpanos para conseguir un voto alardeando tener soluciones mágicas e/o irrealizables. Necesitamos cultivar la búsqueda del bien común sin ventajismos, redactar y poner en práctica leyes sin trampas ocultas; políticos honestos y directos, con planes de gobierno prácticos y sin complicidades solapadas con propósitos inconfesables; necesitamos claridad y confianza.
Queremos desechar nuestros temores mediante la escucha de noticias buenas, intenciones claras y novedosas, como aquellos hermanos nuestros que, entre la maleza, esquivos y asombrados, escucharon a «un humilde franciscano diciendo cosas buenas ante el asombro de espectadores que no le entendían, pero que habían visto y escuchado con respeto». Contemplaron fascinados la primera Eucaristía en territorio firme del continente americano, oficiada en un altar improvisado por Fray Alejandro en la mañana del 14 de agosto de aquel memorable año, 1,502. «Su palabra llena de amor a Dios se extendió por toda la serranía hasta que el eco de su voz, como una anunciación de martirios y de glorias, se fue diluyendo en el espacio dilatado de los pinares, para flotar por mucho tiempo entre el perfume de la quebrada montaña y del lejano valle. ¡Este fue el principio!» (J. R. Valenzuela). Recomendamos la lectura de este libro, en que se describen los esfuerzos que debieron realizar los primeros misioneros, que informaban a los pontífices sobre la humildad, la bondad y la creciente fe de la población; sus características y los avances en la evangelización; los desmanes, intolerancias y ambiciones de algunos españoles; las solicitudes de ordenanzas para proteger a los nativos y, sobre todo, la inculturación de las enseñanzas del Señor Jesús y de la fe cristiana. Cinco siglos y un tanto más han transcurrido y la Iglesia continúa llevando el mensaje siempre nuevo del Señor Jesús, alentada por las palabras del ángel a la Virgen María: «El Espíritu Santo vendrá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con Su gloria» y las palabras del mismo Señor Jesús: «Vayan, pues, y hagan discípulos a todas las gentes bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo y enseñándoles a guardar todo lo que les he enseñado. Y he aquí que yo estoy con ustedes hasta el fin del mundo». Amén.

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