Homilia

Homilía del Domingo 22 de Enero de 2017

Homilía del Señor Arzobispo para el III domingo del Tiempo Ordinario

“El pueblo que habitaba en tinieblas vio una luz grande” (Mt. 4,12-24).
El Evangelio de este domingo nos presenta a Jesús comenzando su misión en Galilea. Sitúa a Jesús en Galilea, (no en Jerusalén, sino en Galilea, lejos del centro religioso y político del país). Galilea de los gentiles, un cruce de culturas y religiones, ¿por qué presenta a Jesús en Galilea de los gentiles?, porque Jesús viene para todos. El Evangelio quiere poner de relieve que “la luz grande” que es Cristo, viene a iluminar a todos los que habitan en tinieblas y en sombras de muerte.
Galilea para nosotros es también nuestro mundo de hoy, sumido en el hambre, la guerra, la opresión, la violencia, la corrupción y la injusticia… es ahí en ese mundo donde surge esa luz grande que es Jesús con el anuncio del Reino. Jesús es la luz del mundo: el misterio de la oscuridad humana se ilumina en Él. Nuestras propias tinieblas, nuestras sombras son iluminadas por Cristo; que dejemos que Él alumbre todo lo que hay de oscuridad en nuestra vida.
Jesús comienza su predicación con un grito: “Conviértanse porque está cerca el Reino de los Cielos”. Esta es su primera palabra. Conviértanse quiere decir también “cambien de dirección”, de manera de ver las cosas. La conversión nos hace salir de nuestra mediocridad y volvernos a Dios. Convertirnos es dejar nuestro egocentrismo para centrarnos en Dios, reconociendo que Él es quien puede reconstruir nuestra vida. Convertirnos es volver a la fuente, volvernos a Jesús, el Cristo, en el que se nos ha revelado definitivamente la verdad sobre Dios y la verdad sobre el ser humano. Convertirse no es intentar hacerlo todo mejor, sino encontrarnos con ese Dios que nos quiere mejores, más humanos. No se trata sólo de hacerse buena persona, sino de volverse a Aquel que es bueno con nosotros y nos ama incondicionalmente.
Nos urge actualmente una verdadera conversión, un cambio profundo, gozoso, esperanzado, porque Él, Cristo, realiza las aspiraciones más profundas de nuestro corazón. Realmente, sólo Él sabe lo que hay dentro de cada uno de nosotros, y lo que vivimos, ¡Sólo Él lo sabe! Hoy, el ser humano ignora lo que lleva en su interior: Muchas veces, se siente inseguro sobre el sentido de su vida en esta tierra. Está dominado por la duda, el vacío, la nada, y el sin sentido de su vida en una huida hacia adelante.
Después en el Evangelio Jesús invita a dos parejas de hermanos pescadores a seguirle: “Vengan conmigo y les haré pescadores de hombres”. ¿Por qué pescadores de hombres? ¿Qué significa esta expresión, “pescadores de hombres?. Significa la llamada a cuidar la vida de los otros. Somos llamados a ser cuidadores de la vida de los otros.
La reacción de estos hermanos es que “inmediatamente dejaron las redes y le siguieron”. Acoger sin reservas la invitación a seguirle es la gran ocasión, la mejor suerte que nos puede tocar. Aquellos primeros discípulos responden inmediatamente a la llamada sin poner condiciones y sin pedir explicaciones.
Abandonan su modo de vida para seguir a Jesús y para dedicarse a la actividad que Jesús les propone… El seguimiento supone una adhesión total a Jesús, una confianza, entrar en una relación de confianza con Él. No serán discípulos simplemente porque han abandonado o renunciado a algo. Se hacen discípulos porque se han encontrado a Alguien.
Los discípulos no están llamados a asentir a una lista de verdades, son llamados a establecer un vínculo, una relación personal y vital con Cristo, esto es lo primero en el seguimiento de Jesús. Después viene el resto. Para ello, también nosotros, tenemos que dejar nuestra barca, nuestras redes, tal vez a nuestros padres y las posibilidades lícitas y buenas representadas en la figura del Zebedeo.
La inmediatez con la que responden y la decisión de abandonar “las redes”, muestran el extraordinario atractivo que ejerce para ellos la propuesta de Jesús: nosotros, ¿escucharemos hoy su voz que nos sigue llamando a la Vida y a poner toda nuestra confianza en Él? ¿Qué cosas me atan a mi barca y a mis redes, ó a todo lo que representa el Zebedeo?
Que en este Domingo podamos abrirnos a su Luz y a acoger su amor y su Vida y decirle: Conviértenos a Ti para que abandonemos nuestra vida mediocre. Llena nuestro corazón del gozo de tu Presencia. Señor, invítanos a seguirte dejando toda seguridad y poniendo en ti toda nuestra confianza. Tú Cristo, que vienes a ofrecernos la Luz de Dios, el regalo de la alegría que no finge, la certeza profunda de la es-peranza que no defrauda.

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