Diálogos "Fe y Razón" Punto de Vista

350 responsables

350 responsables
Diac. Carlos E. Echeverría Coto
carloseduardiacono@gmail.com
Responsabilidad se deriva del verbo “responder” y no es por casualidad. Quien tiene una misión, una profesión o un cargo, debe ser responsable por ello. Es decir, debe saber dar respuesta adecuada cuando se le pregunta por su misión, profesión o cargo.
El irresponsable es quien no da respuesta ante quien la necesita, o que da razones pocas o nada convincentes. Por lo anterior se entiende que para ser responsable se requiere, por una parte, sentido moral del deber y, por otra, un razonamiento claro, tanto para comprender los alcances de ese deber como para argumentar adecuadamente al dar respuesta. Cuando se combinan razón y moral se cae necesariamente en el tema de la conciencia.
En efecto, la conciencia tiene ante sí una serie de datos, los interpreta a la luz de ciertos principios o ciertas normas y actúa en consecuencia. Apliquemos ahora todo esto a nuestro país. En primer lugar, hay confusión terminológica, es decir, de vocabulario, cuando queriendo decir “culpable” se dice “responsable”. Por ejemplo, si yo le presto mi auto a un amigo y éste viola la Ley de Tránsito, irrespetando la luz roja de los semáforos, ambos somos responsables: él por ser el conductor, y yo, por ser dueño y prestador. Soy responsable de mi propiedad, soy responsable de habérselo prestado, quizá sin saber acerca de su modo de conducir. Pero es él quien debe ser declarado culpable, por haber infringido la Ley.
Exigir que alguien se responsabilice es parte de la vida ciudadana. Los funcionarios son servidores públicos. Pedir que alguien dé la cara no es ni declararle culpable, ni insultarle. Esto lo entienden bien los padres de familia cuando reciben quejas por comportamientos impropios de sus hijos menores de edad. Son responsables de ellos por tener la “patria potestad”. No podemos aceptar que un funcionario se esconda, o se enoje, o conteste con evasivas o argumentos no atinentes.
En algunos países europeos es frecuente que un ministro, un director o un jefe de oficina presente su dimisión, ante un acontecimiento grave en la materia de su despacho, aunque no sea ni remotamente culpable. Por esto la sociedad civil no debe cansarse de llamar a cuentas cada vez que convenga, además de esperar que las rendiciones de cuentas previstas en la Ley se hagan y se utilicen para ese fin.
Una sociedad de leyes es una sociedad de gentes responsables. Agreguemos que el cristiano, por su condición de bautizado, tiene también responsabilidades. Los mandamientos, son de estricto cumplimiento. Los ideales evangélicos, no son bellas palabras de Jesucristo. Las orientaciones de la Iglesia no están ahí de adorno ni mucho menos para fastidiar a nadie. Qué bueno sería que en la familia, en el trabajo, en la vida pública y en nuestra relación con Dios todos fuéramos más responsables.
Ánimo pues. Empecemos ahora con un nivel adecuado de exigencia. Y que cada quien inicie esta recuperación de seriedad por sí mismo.