Punto de Vista Reflexión

… y volvieron a sus casas por otro camino

… y volvieron a sus casas por otro camino
P. Juan Ángel López Padilla
Siempre me ha gustado el final del evangelio que leemos el día de la Epifanía, o como le gusta llamarle a la gente “de los Reyes Magos”. Es una frase programática que cierra el tiempo de la Navidad y nos introduce en el tiempo durante el año o Tiempo Ordinario. De hecho, la clave de este tiempo, es que de ordinario no tenga nada, sino que lo volvamos increíblemente extraordinario.
En fin, lo que me llama la atención de esta frase de Mateo es que nos empuja también a nosotros a volver a nuestras casas, a nuestros quehaceres, a nuestros estudios, a nuestra vida de familia, a cuanta actividad tengamos por delante.
La Navidad es un tiempo hermoso, pero es necesario que se termine. Es necesario que guardemos los arbolitos y el “nacimiento” que hicimos en nuestras casas. No me gusta la expresión esa de “deshagamos” el nacimiento. Me suena un poco duro y hasta cargado de violencia. De la cual ya hay suficiente en nuestro derredor.
Le tengo un tanto de miedo a aquellos que quisieran que la Navidad se prolongara por mucho tiempo más. En el fondo, es el reflejo de que no estamos conformes con nuestro diario vivir y por eso, más aún, es necesario que le aprendamos a los Magos venidos de Oriente: hay que volver a lo nuestro. Por otro camino. No podemos volver por el camino de Herodes. Hay que atrevernos a caminar senderos nuevos, rutas nuevas.
Lo que antes nos ha parecido difícil, sobre todo encaminarnos hacia la persona con la que más nos urge entablar una plática sincera y fraterna. Esa plática con algún hijo, con el conyugue, con aquel que nos peleamos. Eso que hemos aplazado desde el año pasado, hay que dirigirnos con fe hacia eso. Sin miedo, con esperanza.
Se trata de volver a lo nuestro, pero no de la misma manera. Es imprescindible que, ahora que recién estamos a la mitad del mes de enero, hagamos la primera evaluación de nuestros propósitos de fin de año.
Parte de nuestro proceso de fe, pasa por esta capacidad que debemos tener todos de atrevernos a llenar de Dios todos los espacios por dónde vamos pasando.
Tanto que se habla del año “político” que vamos a vivir en estos meses. Más allá de la política barata que hay en nuestro mundo, debemos ser conscientes de que eso no va a cambiar mientras aquellos que deben andar esos caminos, no lo hagan. Todos los laicos que sienten en su corazón un llamado a cambiar ese ámbito, deben hacerlo. No es tarea de nosotros, los pastores, inmiscuirnos en la política partidista y nuestra participación debe ser siempre la de velar porque, los caminos que se sigan nuestros dirigentes, siempre sean los de la búsqueda del Bien Común, de la ética. Saber denunciar, pero también saber proponer porque siempre hay algunos que rápidamente se ideologizan y pierden el norte.
Quisiera creer que, como los Magos, podemos regresar a nuestras actividades con un nuevo corazón. Un corazón transformado, para transformar. Un corazón, que habiendo conocido al Verbo Encarnado en la sencillez de un pesebre, sepa encarnar los valores del Reino, donde quiera que se desenvuelva.

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