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Interés e intención

Interés e intención Jóse Nelsón Durón V. Entrados ya en un nuevo proceso electoral, tienen estas palabras una connotación de urgencia en las situaciones que las sociedades afrontan y cuyas raíces, profundamente arraigadas en la historia, implantaron la injusticia social como programa de gobierno y la corrupción como programa personal de funcionarios y empresarios;

se opacó o destruyó el principio de autoridad y la gradación de las desigualdades sociales ya no es natural, pues es producto de muchas responsabilidades compartidas por quienes, pudiendo hacer, se desentendieron.
Recientemente escribíamos sobre la implantación de la subjetividad en el mundo y la describíamos como deseo irreprimible de protagonismo, exacerbado por el entusiasmo mediático, que ha nublado la conciencia del gozo eterno y menosprecia e ignora el gozo eterno de la conciencia. El protagonismo en todos los ámbitos parece prevalecer sobre el bien común, demostrándonos que el interés personal o de grupo priva sobre la justicia social, que es la carta de presentación de las sociedades justas, imparciales, ecuánimes, razonables y equilibradas.
Para detectar el protagonismo nada mejor que descubrir o discernir la intencionalidad y desde ella valorar la propuesta y decidir el apoyo. Dice mi suegra, doña Marta: “Lo que se detesta, se atesta”, es decir, aquello que se combate u odia, termina por demostrarse en sí mismo; según Paulo Freire el hombre es un ser inconcluso; está sujeto a la relación opresor-oprimido y en una posición en que es menos (el opresor por su violencia y el oprimido por recibir esa violencia, injusticia y represión). En el proceso de “ser más” recurre a todas sus armas para abandonar la condición de oprimido y se vuelve consciente de su poder para cambiar, que niega a los que dirige, por lo que termina oprimiéndolos.
Es necesario que nuestras gentes aprendan a discernir sobre las reales intenciones de las promesas electorales, pero sobre todo sobre su factibilidad y posibilidad de ser puestas en práctica: disminución de impuestos, triunfo sobre la delincuencia, desaparición de la corrupción, creación de oportunidades de trabajo, cambios en sistema de educación y un largo etcétera. Los pobres merecen la verdad, planteamientos objetivos, demostrables y con cifras reales, de tal manera que predomine la verdad, luz inmejorable que impulsa las naciones. El desarrollo y el bien común, nacido de la justicia social, económica y legal son inaplazables y están sujetos a normas claras y fijas, y no deben depender de la discrecionalidad del funcionario, pues éste, sea el líder o el juez, son susceptibles ambos de caer en la subjetividad y en calidad de opresor al recibir la responsabilidad.
Desde esta columna, ahora que nuestro Semanario FIDES es digital y transmitido por Internet, saludamos a la comunidad cristiana que está en Honduras y a la extendida por todo el territorio de dispersión del pueblo de Dios en el mundo, hasta cuyos límites ha llegado la Iglesia propagando el mensaje de salvación a todos los pueblos. Veinte siglos y un tanto más peregrinando y haciendo realidad lo profetizado por Isaías: “Tú eres mi siervo, Israel; en ti manifestaré mi gloria”, porque la Iglesia es el nuevo Israel, el nuevo pueblo de Dios (Cfr. 2ª Co. 6,11-18), el Resto de la humanidad que perseverará hasta la Segunda Venida del Señor (Rom 9,27-28)… “Es poco que seas mi siervo sólo para restablecer a las tribus de Jacob y reunir a los sobrevivientes de Israel; te voy a convertir en luz de las naciones, para que mi salvación llegue hasta los últimos rincones de la tierra” (Cfr. Is 49, 3.5-6). Las palabras “En ti manifestaré mi gloria” están también dirigidas a ti, si quieres ser luz de las gentes y de las naciones; a “todos ustedes, a quienes Dios santificó en Cristo Jesús y que son su pueblo santo” (1ª Co. 1,2)… ya seas político, profesional, padre de familia, funcionario público o simple ciudadano preocupado por la situación que atravesamos, a todos nosotros están dirigidas estas palabras. El Señor espera que seamos luz en cada resquicio, cargo y actuar en que nos tiene. Altísimo Dios, derrame Su sabiduría sobre Su pueblo que debe elegir gobernantes, para que puedan decir: “Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad. He anunciado tu justicia en la gran asamblea; no he cerrado mis labios, tú lo sabes, Señor. Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad”. Así sea.

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