Editorial

Editorial del Domingo 25 de Diciembre de 2016

Vivencia cristiana de la Navidad
La Navidad es un tiempo que debe ser vivido a profundidad. Es la celebración de una muestra indubitable del amor de Dios, hacia cada uno de los seres  humanos, pues envía a su Hijo único, para que se encane en el vientre purísimo de la Virgen María, y asuma la naturaleza humana; se convierta en “verdadero hombre” y pueda así ser disponible para perdonar los pecados de los hombres y darles el gran regalo de la salvación eterna.
La celebración del misterio pascual (la pasión, muerte y resurrección del Señor Jesús) es el único tiempo litúrgico que la Iglesia vive con mayor intensidad que la navidad.
La navidad se prepara durante el Adviento. El Adviento (tiempo de espera y de esperanza) son las cuatro semanas que preceden la navidad. Y es muy propicio para ir disponiendo, la mente y el corazón, de manera que se pueda vivir con mayor idoneidad y mejores actitudes, el conjunto de celebraciones que contiene la navidad.
Navidad es un tiempo litúrgico que abarca desde las primeras vísperas de la navidad del Señor que comienzan el 17 de diciembre. En estas Vísperas se medita, se ora y se contempla la primera venida de nuestro Señor Jesús. Cuando irrumpe en la historia de la humanidad, incubándose en el vientre virginal de Santa María, como aquél que viene como “luz”, para que el Reino de Dios se haga presente en la tierra.
Y la vivencia de la navidad se alarga hasta la fiesta del Bautismo del Señor, donde se inician las primeras semanas del tiempo ordinario, que preceden a la Cuaresma.
El 25 de diciembre, se celebra la Solemnidad de la Natividad del Señor. Ese es el día cuando se hace viva la memoria del nacimiento del niño Jesús, en el portal de Belén, acontecimiento, que llena el corazón humano de la certeza del amor de Dios, para cada persona. El Hijo de Dios que asume la naturaleza humana para redimirla del pecado.
El 26 de diciembre se hace la memoria de san Esteban, el primer mártir de la Iglesia; el día 27 la memoria de san Juan Evangelista, el único apóstol que estuvo al pie de la cruz; el día 28  se recuerda a los Santos Inocentes, el conjunto de niños martirizados por el rey Herodes, en su locura de querer hacer morir al niño Jesús.
El 30 de diciembre se celebrará la fiesta de la Sagrada Familia: Jesús, María y José. Esta fiesta tiene por objetivo reconocer e imitar las virtudes y las relaciones que reinaban en esa familia. También es preciso pedir al Señor que esas virtudes también se  encuentren presentes en las familias actuales. Es un día que tenemos que consagrar para hacer oración por las familias de Honduras. Es necesario recordar que son muchas las familias abatidas por la pobreza, que tienen ingentes necesidades y que requieren de la ayuda solidaria de sus hermanos, especialmente quienes se denominan cristianos.
El 1 de enero se celebra la solemnidad de Santa María; Madre de Dios. Es una fecha para exaltar la figura de la Virgen María en la obra de la salvación de la humanidad entera, mediante la aplicación del título más preciado para ella, dada la doble naturaleza humana y divina de nuestro Señor Jesús.
El domingo 8 de enero se celebrará la Solemnidad de la Epifanía del Señor que es la manifestación de Jesús como Señor de todos los pueblos y la presencia de los Magos venidos de Oriente para adorar al Dios niño. En la liturgia católica romana se rememoran tres momentos de la historia: la Adoración de los Magos; el Bautismo en el río Jordán y las Bodas de Caná. Son momentos de manifestación de Jesús como Señor.
El lunes 9 de enero tendrá lugar la Fiesta del Bautismo del Señor, el cual se puede considerar como el comienzo de su “vida pública”. Este acontecimiento puede también interpretarse como la “unción mesiánica” de Jesús, que por ello sería llamado Cristo (que significa ungido). Ungido por el Espíritu Santo; consagrado para la  misión de hacer presente el Reino de Dios y la salvación de toda la humanidad.
La Navidad tiene sus tradiciones culturales que necesitan desarrollarse en el seno de la familia. La presencia del nacimiento rememorando el acontecimiento de la cueva de Belén. La novena de navidad para la oración en familia y las delicias culinarias para compartir alrededor de la mesa, en alegre reunión donde abunde la paz y el amor entre todos los familiares.
Al final de la navidad cada cristiano que la haya vivido intensamente, deberá estar convencido de que ha sido elegido para que “Cristo viva en él” y que debe dedicarse a compartir su fe y su existencia, sirviendo a los demás, en actitud solidaria y fraternal.
Así se expresó el Señor Jesús de su primera venida: “Yo he venido para que tengan vida….. y la tengan en abundancia”.

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