Editorial del Domingo 18 de Diciembre de 2016

Una celebración significativa El pasado sábado 10 de diciembre, se cumplieron 68 años en que la Asamblea General de las Naciones Unidas, emitió la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Es un documento esencial en el cual se señalan en 30 artículos, los derechos que se consideran fundamentales.


Esta Declaración Universal es un documento de orientación, a partir del cual  han surgido los Pactos Internacionales de Derechos Humanos, en los cuales cada país asume la obligación de cumplirlos.
La Declaración Universal de los Derechos del Hombre fue considerada por San Juan Pablo II como “una piedra miliar en el camino del progreso moral de la humanidad” en un discurso pronunciado ante la Asamblea General de las Naciones Unidas En esa misma ocasión, también se refirió a tan importante documento diciendo” continúa siendo en nuestro tiempo (1979) una de las más altas expresiones de la conciencia humana”
Toda sociedad debe tener como núcleo y fundamento la centralidad de la persona humana. Ello obliga a promover la dignidad que le es inherente a toda persona, que surge a la vida como imagen y semejanza de Dios, lo cual es fácilmente comprensible, mediante el ejercicio de  la recta razón.
De manera que los derechos humanos son derechos naturales propios de la persona, y que forman parte integrante de su ser, pues con ellos nace, vive y muere. Su fundamento es la ley natural, que el mismo Dios ha puesto en el corazón de todo ser humano, y que son aquellas normas de moralidad, tan claras y elementales, que pueden ser conocidas por medio de la razón.
Los derechos humanos no surgen de la mera voluntad humana, ni de la realidad del Estado o de los que controlan el poder público. Su fuente originaria es la condición de ser persona humana. Por ello, se consideran universales porque corresponden a todo ser humano, sin hacer acepción de tiempo, de lugar o de sujeto.
Son derechos inviolables, pues cuando se irrespetan o conculcan, se destruye la dignidad de la persona humana. Y son inalienables pues nadie puede ser privado de ellos ni pueden ser enajenados.
Por esas cualidades que les caracterizan, los derechos humanos deben ser tutelados en el conjunto que corresponde a la sociedad entera. De manera que la sociedad debe estar estructurada para alcanzar el Bien Común. Lo cual significa satisfacer las necesidades esenciales, materiales y espirituales, de todas las personas que la integran.
En el conjunto social, económico, político o cultural en que está inmersa la población, la promoción y defensa de los derechos de toda persona, resultan necesarios para garantizar el bien de cada persona y de la sociedad,
Honduras es signataria de muchos pactos internacionales de derechos humanos, y como país está bajo la jurisdicción de tribunales internacionales de derechos humanos. La legislación hondureña reconoce que la persona humana es el fin supremo de la sociedad y del Estado. Señala también la Constitución que los hondureños tienen la obligación de respetar y proteger a toda persona humana.
Y para garantizar las libertades y los derechos de la población entera, se ha creado la Oficina del Comisionado Nacional de Derechos Humanos, regida por una ley especial que determina sus atribuciones.
En la actualidad, Honduras está fuera de la “lista negra” de países violadores de derechos humanos, pues la elección del Comisionado Nacional se hizo con toda transparencia, y se aumentó el presupuesto de dicha oficina. Además se instituyó un Ministerio de Derechos Humanos y se estableció un plan que contiene una política pública, en materia de respeto a la dignidad de la persona humana.
No obstante, se puede afirmar que en Honduras, como consecuencia del alto grado de pobreza en que vive la mayoría de la población, si existe un alto grado de irrespeto de los derechos humanos fundamentales: derecho a la vida, alimentación, salud,  vivienda digna, trabajo etc. y miles de hondureños se transforman en seres excluidos de muchos beneficios de la vida económica, social y política.
Existe también, un clima de violencia criminal que avasalla diariamente a múltiples ciudadanos. Además: racismo, discriminación e impunidad. Es deber de cada hondureño contribuir solidariamente a exaltar la dignidad humana de cada compatriota.
El Señor Jesús lo afirmó: “Busquen el Reino de Dios y su Justicia….lo demás vendrá por añadidura”.

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