Diócesis San Pedro Sula

Bodas de Plata de Amigos para Siempre

Este programa ejecuta diferentes actividades durante el año, entre ellas: refuerzo escolar, plan de ahorro, becas, visitas domiciliarias, juegos en la calle, salud, formaciones, artes y cultura.
Bodas de Plata de Amigos para Siempre
Texto y fotos: Carlos Moreno
Cc_bombo@yahoo.com
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“Señor Jesús, Amigo de los niños y niñas, tú caminas por nuestras calles y ves el trabajo y las ocupaciones de tantos niños que, en realidad, deberían estar jugando en su casa o estudiando en su escuela” fue parte de la oración oficial del programa vicentino “Amigos para Siempre” en San Pedro Sula.
La mañana del 30 de noviembre con una solemne Eucaristía, presidida por Monseñor Ángel Garachana Pérez y diferentes sacerdotes, dio por iniciado el aniversario número 25 de la fundación Amigos para Siempre.
Para 1991, varios estudios en la ciudad de San Pedro Sula, mostraron la necesidad de trabajar por lo niños. Oficialmente, en 1993, nace este programa, respondiendo a una necesidad urgente: trabajar por los niños de la calle y de los barrios, buscando una prevención en sus vidas.
Amigos para Siempre es una iniciativa de la Asociación de los Padres Paulinos de Honduras, misioneros de San Vicente de Paúl, teniendo como objetivo general, desarrollar una acción socioeducativa con niños, familias y escuelas.
Este programa ejecuta diferentes actividades durante el año, entre ellas: refuerzo escolar, plan de ahorro, becas, visitas domiciliarias, juegos en la calle, salud, formaciones, artes y cultura.
Un total de 16,609 niños han vivido la experiencia de ser parte del programa Amigos para Siempre, que ha atendido a niños y niñas en edades de 4 a 17 años, en los barrios: Cabañas, Suncery, Tepeaca, Fernández Guzmán y Medina.

JUEGOS EN LA CALLE. La manera que este programa capta la atención de los niños es muy particular. Amigos para Siempre sale a las calles más populares con una pelota y un lazo, empiezan a jugar entre sí, hasta que poco a poco los niños que andan en las calles, comienza a unírseles y a jugar.
Esa actividad la realizan más de una vez, hasta que llegan a la confianza de cada infante y así, ellos puedan ir conociendo lo que el programa les ofrece. Una vez que el niño ha ingresado a la fundación, Amigos para Siempre, se encarga de inculcar valores morales y sociales, se les establecen normas, fortalecen el respeto y les ayudan a adquirir una valorización como persona.
Guadalupe de Velásquez, directora del programa, comenta sobre los inicios de esta noble labor: “Fue un sueño poder ver y ubicar un espacio en el que los niños pudiesen jugar y compartir, un lugar donde pudieran tener una vida normal. Al inicio se pensó en ayudarles por un tiempo, luego en el camino, iban surgiendo otras necesidades las cuales nos han mantenido por 25 años, aportando y contribuyendo a que estos niños puedan ir creciendo y fortaleciéndose en valores”.
“Empecé cuando tenía 12 años de edad, actualmente tengo 18 años, estoy a punto de graduarme de Administración de Empresas, gracias al programa Amigos para Siempre. Ahora, desde mis limitaciones, ayudo en nuestra casa en lo que puedo, ahora me siento parte del personal, no necesito tanta ayuda, ahora la doy, y eso me hace feliz. Mi perspectiva de vida ahora es seguir mi carrera universitaria y no dejar de ayudar a la casa que un día me salvó” comparte Venus López, joven activa en el programa Amigos para Siempre.
El padre José Vicente Nácher, miembro de la Asociación de Padres Paulinos de Honduras, relata los sentimientos que afloran para su congregación, al ver realizado este sueño por tantos años: “Es para nosotros una alegría dar gracias a Dios, esta mañana nos han acompañado el Obispo, colaboradores y personal que ha hecho posible que durante 25 años, el programa Amigos para Siempre, haya sido y continúe siendo un programa de prevención infantil.”
“Tú eres el “Amigo para Siempre” que guías el trabajo de los educadores y colaboradores de este programa, para que ayuden a los niños a prepararse un futuro mejor. Lo has hecho durante 25 años, iluminándonos con la espiritualidad de tu amigo San Vicente de Paúl; y estamos muy agradecidos” (Parte final de la oración, hecha por monseñor Luis Solé).