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Noche de paz

Noche de paz P. Juan Ángel López Padilla Comenzamos el tiempo del Adviento. Cierto es que los comercios desde hace ratos, nos hacen vivir el ambiente navideño y, no sólo desde el punto de vista litúrgico, sino meramente humano, es bien complicado ir contra esta corriente. No se puede poner pie en cualquier local, incluso en cualquier casa, sin toparse con que ya todo respira a la navidad.


Espero que no me lo tomen a mal y se atrevan a seguir leyendo hasta el final esta reflexión, que hoy les comparto. No se trata, evidentemente, de que estoy en contra de la navidad. Para nada. Estoy de acuerdo que es una de las épocas más hermosas del año y aunque mi instinto religioso me obliga a repetir que lo más importante es la Pascua, eso no quita que cuando escucho villancicos, me da una nostalgia y un sentimiento que ninguna otra época, logra.
Justo, de esos villancicos, es que me vino la idea de la columna de esta semana. Me vi obligado a creerme lo de las ofertas, en uno de los tantos establecimientos que venden electrodomésticos e ir de compras, porque resulta que, en los días de mi ausencia por mi viaje al Viejo Mundo, se quemó la cafetera de la casa cural.  Yo no tomo café, o mejor dicho, muy pocas veces tomo una tacita. El asunto es que, si no hay buen pan, pan casero, no me da por tomarlo pero, había que considerar al resto de la población económicamente activa.
Llegando a la tienda esta, tratando de pasar lo más desapercibido posible, me encuentro con que estaba sonando en la megafonía la canción “Noche de Paz” de Mohr y Gruber. Era ya casi el final de la canción y me recordé cuantas veces me tocó ensayarla, pero luego, al terminar, el cambio fue brusco. De la noche de paz, pasamos a la guerra. Sonó una “canción” que, honestamente desconozco, y que más era un retumbar estridente de una percusión infinita.  Como por arte de magia, se esfumó lo que, en mi retrógrada manera de ver, significa la navidad. Cuan necesario es hacer un buen adviento, me quedé pensando.
Seguimos caminando en una sociedad cargada de demasiada violencia. Muchos muertos, demasiados. Terrorismo, sí, terrorismo. No veo cómo podemos prepararnos para una linda navidad, sin convertirnos. No sólo es que: han prendido fuego a algunos buses o que hay desalojos forzados en algunas instituciones o que se cierran empresas o que seguimos enfrascados en el mismo circo de siempre en el que siguen de trapecistas los políticos de turno. La noche de paz, no debería ser un canto, ni un solo día.
La paz no sólo es la ausencia de conflictos sino el establecimiento de la justicia y mientras esto no ocurra tendremos que conformarnos con seguir ilusionándonos con uno que otro cantito. Después me acordé que no tardan con salir con las canciones de las campañas políticas y yo que andaba buscando una cafetera, salí con sabor amargo.
Se me vino entonces a la mente que de quejarnos, ya estuvo bueno. ¿Qué puedo hacer para que la canción que escuché, se vuelva realidad? Es que la noche de paz, es también noche de amor. Si no hay amor por Honduras, por nuestras familias, por nosotros mismos, seguiremos escuchando “perreos” y viviendo como tales.

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