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La espléndida luz de la verdad

La espléndida luz de la verdad Jóse Nelsón Durón V. El fresco mensaje del Papa Francisco radica quizás en su convicción de la necesidad de una teología más pastoral, una manera de pensar en Dios desde la centralidad del hombre, en estos tiempos de dispersión generalizada que nos conduce a una frenética búsqueda de soluciones a las más básicas inquietudes y a los más ingentes problemas.

La multicolor colección de soluciones que son ofrecidas, sin embargo, no llega a satisfacernos totalmente y se ven muchos caminando con una fe apagada, exangüe o esotérica, victimas del sincretismo resultante; precisamente ése que salta inmediatamente para perseguir a la Iglesia y para buscar en las frases del Papa la justificación de sus propias convicciones, como ocurrió recientemente con la autoridad concedida a los sacerdotes en general para absolver el pecado del aborto, limitada hasta ahora a los párrocos.
La polícroma oferta espiritosa extra eclesial ha sido la división, proselitismo, oferta de prosperidad, ocultismo, meditación oriental, anti dogmas, nuevos órdenes, profetismo apocalíptico y el reino de las tinieblas, que dejan solamente confusión, angustia, miedo y desolación interior solapada. Todo esto produce en el diario existir de las gentes una seria dificultad para elegir, tomar decisiones y encausar destinos y moralidades por caminos adecuados que produzcan el bien común y alienten las esperanzas en las propias raíces de tantos pueblos que buscan en el exilio paliativos a sus necesidades; en el ámbito local, almas desoladas y desesperanzadas escarban en frases y rostros que son inmutables posibles justificaciones forzadas. Debemos todos entender, gobernantes por supuesto y políticos obligatoriamente, que el sufrimiento no compatibiliza con la estrategia política que retrasa decisiones. Este es el caso del problema del agua en la ciudad capital, donde la Comisión Interventora del SANAA, después de más de un año de su nombramiento, no ha sido capaz de la transferencia del servicio de agua a la Municipalidad del Distrito Central, pese a la promesa de la Alcaldía de sustancial ayuda en el pago parcial del pasivo laboral, a los esfuerzos que realiza la AMDC para facilitar la transferencia y a los  esfuerzos, con ayuda de las instituciones colaborantes, para determinar alternativas abastecedoras de agua adicional para la capital, llevando el agua a los barrios más altos totalmente olvidados, donde sobreviven miles de compatriotas que merecen mejor calidad de vida. Ya no puede perderse tiempo, el pueblo que sufre necesita obras, decisión y trabajo continuo para acortar las tremendas brechas sociales y económicas. Basta ya de promesas sin fundamento y de intereses ocultos que imposibilitan paliar las necesidades del pueblo, fatalmente olvidadas por décadas de indiferencia. La capital necesita agua y buen servicio. Punto.
En otro orden de cosas, es de los expertos la autoridad para explicar el caso del terrible pecado del aborto y es nuestro el respeto y la prudencia necesaria ante la afirmación del Papa Francisco; sin embargo, es necesario impedir la banalización que puede producirse ante el aborto y recordar que el Sacramento de la Reconciliación es como un facilitador de la misericordia divina y procurador de la enmienda futura, pues: “Todo pecado y blasfemia se perdonará a los hombres, pero la blasfemia contra el Espíritu Santo no será perdonada” (Mt 12,31); aunque: “En verdad les digo que cuanto hicieron a uno de estos hermanos míos más pequeños, a mí me lo hicieron” (Mt 25,40). Misterio que sobrepasa nuestro entendimiento, pero no por ello, bajo la falsa premisa de escándalos en la Iglesia o divisiones en la misma por cambios supuestamente radicales que el  Papa Francisco realiza o permite, puede ser ignorado o sencillamente banalizado. Cuántos hermanos viven con ideas inusitadas e inauditas acerca del misterio de Dios y de la Iglesia por causa de actitudes negativas y críticas, por desconocimiento del maravilloso legado de sus padres, tradición, historia, mística, espiritualidad y magisterio en ella depositado. Espabilémonos, dice san Pablo, porque “la noche está avanzada, el día se echa encima: dejemos las actividades de las tinieblas y pertrechémonos con las armas de la luz.” Amén.

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