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“Estad en guardia…”

Al encuentro de  la palabra... según San Mateo para la Lectio Divina P. Tony Salinas Avery asalinasavery@fundacioncatolica.org “Estad en guardia…” (Mt 24,42-44 – I Domingo de Adviento) Queridos lectores: ¡Bienvenidos al nuevo Año Litúrgico! Será de mucho placer seguir escrutando la Palabra de Dios con cada uno de ustedes, durante estos nuevos tiempos litúrgicos, siguiendo el Evangelio según Mateo.

Todos debemos ser conscientes que no hay posibilidad de vivir un tiempo litúrgico sin el ingrediente indispensable, el de la Santa PALABRA de Dios, ella es como “el fuego, como el martillo que deshace la roca” (Jr 23,29), es “la antorcha para mis pasos, luz para mi sendero” (Sal 119,105), es “más dulce que la miel, más dulce que el jugo de panales” (Sal 19,11), es “viva y  eficaz y más cortante que una espada de dos filos. Penetra hasta la división entre el alma y el espíritu, articulaciones y médulas; discierne sentimientos y pensamientos del corazón” (Hb 4,12), ella es como la lluvia que empapa la tierra, la fecunda y la hacer germinar, haciendo florecer de este modo también la aridez de nuestros desiertos espirituales (cf. Is 55,10-11).
A través, de estos breves artículos semanales queremos poner sintonía entre la vida y la Palabra, entre lo que escuchamos y lo que debemos hacer, queremos que el Espíritu Santo fluya, para que seamos conscientes como ya lo dijo San Juan Crisóstomo: “nosotros somos las liras, pero tú eres el artista; nosotros somos las flautas pero el soplo es tuyo; nosotros somos como los montes pero el eco es tuyo, Señor”. Dejemos espacio solamente a la Palabra de Dios y a sus resonancias, ella quiere hacer “eco” en nuestras vida.
Pues, bien, con la entrada del Adviento, se nos anuncia la llegada del Señor, que entra en nuestra historia y en nuestras vidas, en esa forma única en la que Dios siempre actúa de manera misteriosa y libre. La Palabra de este domingo, pone el ritmo musical a esta preparación, que nos dispone a salir al encuentro del que viene con fuerza y poder.  La pequeñísima parábola del ladrón, es más que suficiente para entender el sentido de este tiempo. El ladrón espera la oscuridad y ataca en la sorpresa a la familia que está ya descansando. Pero para él también puede haber una sorpresa, la del padre de familia que está en aquella noche despierto, listo, en guardia para reaccionar para cuando aparezca el ladrón.
De este breve versículo del Evangelio según Mateo se desarrolla la gran espiritualidad de toda la Iglesia en este hermoso tiempo litúrgico, a saber, el “estad en guardia”. ¡Es un imperativo! Hay que estar “despiertos”, no adormecidos ni indiferentes, ante la presencia del que vendrá “como ladrón por la noche”, sin saber a qué hora. ¡Atentos para escuchar!, en esto se resume el estar en guardia… Este es el ritmo del Adviento… Estar en guardia para poner toda la atención con el oído, a sus pasos, a su voz… Por eso podemos afirmar con fuerza: No hay Adviento sin la palabra de Dios. Porque es a ésta la que debemos prestarle toda la atención, despiertos y devotos, para que no pase de largo o caiga en saco roto. Bien se titula nuestros artículos semanales: “Al Encuentro de la Palabra”, y, es que la Palabra de Dios nos mantiene siempre en Adviento, despiertos, no adormecidos en una nube gris de dudas y dejación, somos la Iglesia de la esperanza y de una continúa espera, porque cada vez que escuchamos la Santa Palabra de Dios, estamos dispuestos a salir a su encuentro, que es salir al encentro del Verbo Encarnado: Jesucristo.

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