Punto de Vista Reflexión

Y después del jubileo ¿qué?

Y después del jubileo ¿qué?
Quiero comenzar aclarando, por aquellos que me han preguntado, el por qué no me he referido directamente al tema de la reelección y otras hierbas, que me he cuestionado mucho si valdrá la pena hacerlo, cuando aquí, les “viene valiendo” lo que diga la Biblia o cualquier ley del Estado, menos para que les interese, lo que diga un simple párroco. Además, seamos honestos, en la práctica, la política hondureña, en la que la ética no se esgrime más allá de los discursos, por mucho que se exhorte al dialogo, a la reflexión madura y a pensar en el país; no les interesará. Pienso que habrá un momento más adelante, no tan tarde, para que dedique unas líneas más “sesudas”, a esas cosas.
Por lo pronto, trato otras cosas, más dignas de mención.
Se termina este domingo el Año Santo del Jubileo Extraordinario de la Misericordia. La semana pasada, se cerraron las Puertas Santas, fuera de la Basílica Vaticana, que se cierra hoy. Toca hacer el balance de lo que ha significado este año, de manera personal y comunitaria.
Parto de lo negativo. Hay que reconocer que ha habido menos entusiasmo este Año Santo, que el anterior. Claro, el anterior fue el Jubileo del tercer milenio. Fue muy distinto por su preparación, la expectativa que generó, hasta las computadoras se iban a arruinar y era el fin del mundo. Desde aquel fin del mundo han pasado otros tantos, pero de alguna manera, no se han cumplido. Parece ser que esa, no es una ciencia exacta.
En todo caso, creo que como fieles y como pastores, nos ha faltado ponerle un poquito más de esfuerzo por llevar a la gente a comprender el inmenso don que significaba, este jubileo.
En lo positivo, que es supremamente mayor, es increíble la cantidad de testimonios de la gente que se ha preparado, seriamente, para cruzar esos umbrales. Doy fe que muchos, muchísimos, lo han hecho de manera muy consciente y comprendiendo que esta “oferta”, no había que desperdiciarla.
Luego, el tema: la misericordia de Dios, es quizás lo más genial que se le ha ocurrido al Papa. ¡Cuánta falta hace que comprendamos bien que las Puertas Santas se han cerrado, pero no la misericordia de Dios! Su corazón está siempre abierto.
Dios es misericordia. No puede hacer otra cosa más que amar y amarnos, como nos ama. Eso debe quedarse bien grabado en nuestro corazón, o el Jubileo, no sirvió más que para proyectar un cierto turismo religioso.
Debemos confiar plenamente en que el amor de Dios nos cobija y que más allá de las minucias y problemas de esta vida, está su perdón y sus brazos que nos esperan, siempre.
Sí, queda claro que el corazón de Dios, no se ha cerrado ni se cerrará nunca, nuestra respuesta debería ser que no encajonemos las obras de misericordia, que se nos recordó poner en práctica, en los últimos meses. Se cerraron las Puertas Santas, pero el camino a la santidad sólo ha tomado un nuevo impulso, nada más. Así que nuestra tarea, por lo pronto, será preparar el próximo Sínodo, que por mucho esfuerzo que se haga que trate también sobre las vocaciones, todo mundo está hablando que es el sínodo de los jóvenes. La Iglesia es siempre joven.

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