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Políticos (aunque ud. No lo crea)

Políticos (aunque ud. No lo crea) Diac. Carlos  E. Echeverría Coto carloseduardiacono@gmail.com Siempre he sido aficionado a los diccionarios y a las etimologías, para rastrear el significado y el origen de las palabras. Se aprende mucho y a veces se obtienen algunas sorpresas. Tal es el caso de las tres raíces y sus derivados en español que hoy les presento, intentando reflexionar juntos.

1)  Del griego πόλις  (pólis = ciudad), se derivan en castellano política: ciencia, arte, doctrina u opinión referente al gobierno de los estados; pero también significa: cortesía y buen modo de portarse. De la misma raíz se deriva policía: cuerpo encargado de velar por el orden público y la seguridad de los ciudadanos; pero que también tiene otro significado: cortesía, buena crianza y urbanidad en el trato y las costumbres, que hoy día resulta desusado, aunque coincida con el vigente en inglés de “polite”.

2)  Del latín, urbs/urbis = metrópolis), se deriva urbe: ciudad, especialmente la muy populosa. De la misma raíz proviene el adjetivo urbano/urbana: perteneciente o relativo a la ciudad; que tiene, además, otra acepción: cortés, atento y de buen modo. De ahí deriva igualmente el sustantivo urbanidad: cortesía, comedimiento, atención y buen modo.

3)   Del latín  civitas = ciudad), se deriva ciudad: conjunto de edificios y calles, regido por un ayuntamiento o corporación municipal, significando, además, lo urbano, en oposición a lo rural. Encontramos adicionalmente el adjetivo civilizado, civilizada, que dicho de una persona significa que se comporta de una manera educada y correcta. También tenemos dos sustantivos más: civilidad: sociabilidad, urbanidad y civilización: conjunto de costumbres, artes y saberes propio de una sociedad humana; pero significando también: estadio de progreso material, social, cultural y político propio de las sociedades más avanzadas.

De esta excursión lingüística podemos sacar algunas conclusiones. Es propio de los pueblos civilizados el tener políticos que se encarguen de los negocios públicos propios del Estado, ya sea como sus gobernantes o administradores, ya sea como oposición constructiva, encargada de morigerar cualquier exceso de los funcionarios. Esto implica en los políticos el deber de  comportarse de una manera educada, absteniéndose de groserías, o despropósitos (conocidos en nuestro medio como “chabacanadas”).

El político debe estar motivado por el bien común y el bienestar de la población. Y si llega a algún cargo, gracias a la democracia participativa, debe reflejar urbanidad en todo tiempo y lugar. La Doctrina Social de la Iglesia llama a este deber amistad civil.  “El campo del derecho, en efecto, es el de la tutela del interés y el respeto exterior, el de la protección de los bienes materiales y su distribución según reglas establecidas. El campo de la amistad, por el contrario, es el del desinterés, el desapego de los bienes materiales, la donación, la disponibilidad interior a las exigencias del otro. La amistad civil, así entendida, es la actuación más auténtica del principio de fraternidad, que es inseparable de los de libertad y de igualdad. Se trata de un principio que se ha quedado en gran parte sin practicar en las sociedades políticas modernas y contemporáneas, sobre todo a causa del influjo ejercido por las ideologías individualistas y colectivistas”

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