Las lecciones de esta semana

Las lecciones de esta semana P. Juan Ángel López Padilla Creo que todavía no salimos, de la sensación extraña, que nos ha quedado de lo que hemos vivido, con los resultados de las elecciones en Estados Unidos y la decisión del señor presidente de reelegirse. En fin, como la columna la tengo que escribir con antelación, al menos espero que no nos quede otra después del partido del viernes.


A nivel mundial, se está viviendo una situación que era previsible, pero que no se ha querido ver porque sencillamente hay cegueras que nacen de corazones torcidos que velan únicamente por su ego.
Los nacionalismos, están creciendo, en el primer mundo. Motivados por el miedo, porque la gente está exigiendo sentirse segura y eso implica no sólo la lucha contra enemigos externos, sino también, internos.
Hay distintas clases de terrorismos. Los hay al estilo del DAESH, así como los que patrocinan enemigos al interior de los estados, para mantener a poblaciones extensas bajo el yugo de una supuesta cobertura de esperanza, que no existe.
Los que ponen bombas o amenazan con ponerlas son tan peligrosos como aquellos que prometen paz, cuando son los promotores de la violencia; o una estabilidad económica, cuando eso se refleja sólo en sus propiedades; o le tiran de vez en cuando un huesecito a la gente, para que se calme.
Seguimos sin aprender la lección. Nuestro mundo ya no es el que era hace un año atrás. Estamos efectivamente más divididos, más polarizados que nunca. El odio es la bandera que se esgrime para generar simpatías, para captar votos.
En Gran Bretaña como en Estados Unidos ha pasado un poco de esto. A la gente se le dieron enemigos, reales o no. Se les dijo que los migrantes son los que están generando la pobreza, que se roban los trabajos, etc. Pero, lo que generó una mayor repulsa no fue eso, sino las mentiras de los políticos de siempre. La gente se cansa de tanta falsedad. Los partidos se desgastan porque se les olvida que las sociedades, a las que se deben, llega un punto que dejan de ser ingenuas, que el color de una bandera no les mueve y aunque le sigan pintando las cosas con un color atractivo, la verdad es que, el esmalte, no dura para toda la vida.
Hace unas semanas, en esta misma columna, les escribía en forma de pregunta si es que los que dirigen campañas piensan que somos tontos. ¿Ya ven que el resultado de lo que ha pasado en Estados Unidos me dio la razón? No se trataba de estar a favor o no de tal o cual candidato sino de ir en contra de algo o de alguien y al final, eso fue lo que triunfó. No se trata de apoyar un proyecto sino de atajar otro. No se trata de resaltar cualidades sino de asustar incautos y subrayar, hasta la saciedad, los defectos de los demás, sus falencias.
Yo prefiero esta semana quedarme con una lección que me dieron dos muchachas en una tienda por donde pasaba. Llovía y hacía frío y ellas le dijeron a un mendigo de la calle que si seguía lloviendo podía quedarse en la entrada del local, que no tuviera miedo. Acababa de ganar Donald Trump, y me acordé del muro, porque ellas se ganaron un ladrillo en su mansión del Cielo.

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