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Conversatorio Misionero

Conversatorio Misionero ¿Qué iré hacer a Canadá al retirarme, cuando hay tanta necesidad aquí en Honduras? Padre Bernardo Boucher y Monseñor Guido Charbonneau Texto y Fotos: Oscar Ibrahan Rodríguez ibrahanrodriguez@yahoo.com Síguenos en www.fidesdiariodigital.com La Parroquia San José Obrero de la Diócesis de Choluteca organizó recientemente un Conversatorio Misionero, el cual se llevó a cabo el 27 de octubre del presente año en su templo parroquial.


El evento tuvo como invitados especiales a: Monseñor Guido Charbonneau, Sor Teresa Normand, Sor Roberta Levasseur y al padre Bernardo Boucher, quienes compartieron su experiencia misionera en nuestro país.

Testimonios Misioneros

Monseñor Guido Charbonneau: Hago referencia a un texto de San Juan Pablo II que se dirigió a los jóvenes el 23 de agosto del año 2000, decía… “ Más allá de toda raza y cultura, los jóvenes se sienten hermanos unidos por una misma fe, una misma esperanza, y una misma misión: encender el mundo con el amor de Dios.” Cuando leí este texto de nuevo, vino a mí una relectura de toda mi historia misionera. Vengo de una familia cristiana, mi papá y mamá participaban en la Eucaristía cada domingo, nos inculcaron valores humanos y cristianos profundos a mis hermanos y a mí. Recuerdo en mi Primera Comunión a los 6 años, la religiosa de la Santa Cruz que nos había formado me eligió a mí, para que después de la Comunión hiciera como una consagración en nombre de todos los niños y niñas al Señor, y me dijo: Lo vas hacer de memoria sin micrófono en una Iglesia grande. Y entonces aprendí el texto de memoria, lo hice pero sentí dentro de mi corazón después de recibir por primera vez el Cuerpo de Cristo un fervor inmenso; ese amor de Cristo que se apoderaba de mí, fue como el principio de toda una historia de amor, a través de la cual conocí varios misioneros y misioneras en el colegio que yo estaba. Vivía en un país cristiano católico (Canadá).
Tenía un sueño un poco ilusorio, soñaba en convertir a Rusia, me di cuenta con los años que tenía que convertirme primero a mí mismo que es lo más difícil y después ayudar a otros a convertirse. Yo sentía dentro de mí este amor a Cristo que me abría a las dimensiones del mundo, quería ser sacerdote, pero sin quedarme en mi país, quería ir a un país donde había más necesidad.
Cuando entré a la Sociedad de Misiones Extranjeras conocí al Padre Guido Plante, en aquel entonces él era seminarista, yo era un joven de 12 años; siempre me llamó la atención su testimonio, su entusiasmo, lo cual me motivó a ser también sacerdote misionero.
Durante los 9 meses que estuvimos en espera de entrar a Cuba y en la incertidumbre nos tocó estar en una parroquia, a mí me tocó la Parroquia de  San Marcos de Colón y al Padre Guido Plante le tocó la Parroquia de Goascoran. Cuando al cabo de 9 meses nos dijeron que no era posible ir a Cuba, entonces nos preguntaron los superiores donde nos gustaría ir; sin consultarnos entre los dos nada, hemos dicho: Aquí en Honduras hay mucha necesidad, el pueblo nos quiere, queremos al pueblo y estamos dispuesto a quedarnos aquí, si así les parece.
Y así fue, los dos llegamos a ser formadores en el Seminario Mayor, los dos llegamos a ser Obispos servidores como buenos pastores de este pueblo, les puedo decir.., YO ME SIENTO MUY FELIZ COMO MISIONERO. Como decía el Padrecito Bernardo Boucher “¿QUE VOY A IR HACER A CANADÁ A RETIRARME, CUANDO HAY TANTA NECESIDAD AQUÍ EN HONDURAS?”.
Cuando uno se encuentra con el amor de Cristo, ese Cristo lo enciende a uno y lo lleva a ser portador del Evangelio. Sentimos esta presencia del Espíritu Santo y me siento muy feliz como misionero aquí en este querido país de Honduras.

Sor Teresa Normand: Cuando vinieron las primeras hermanas de Canadá a Honduras (Sor Paula, Sor Rogelio, Sor Luisa Elena y Hermana Gema), al retornar nos contaban como era su experiencia, eso nos hacía tener el deseo de conocer esa gente tan acogedora de Honduras pero nunca pensé venir acá, más bien me tocó estudiar en Canadá, y de repente me confiaron el noviciado de las Hijas de Jesús en Canadá. Pero un día el Padre Guillermo Arsenault que vivía en las Aldeas SOS vino a verme en el noviciado donde era responsable de novicias canadienses, y me dice: Aceptaría una hondureña? Ufff si le dije. Pero no para las Hijas de Jesús, es que hay otro pequeño grupo que se quiere consagrar para hacer misión en aldeas SOS, para cuidar niños abandonados y huérfanos, solo va recibir la formación como novicia; está bien le dije. Ella vino, pasó todo el año y regresó a Honduras. Al año siguiente llegaron otras 2 jóvenes para recibir la formación, después de 2 años el Padre me dijo, ya no te vamos a mandar jóvenes, ven tú a Honduras. Y yo no esperaba eso pero si sentía un gran deseo de venir. Y como tenía una gran responsabilidad se mandó la solicitud a Francia, me autorizaron por 6 meses y como ven desde hace 34 años estoy aquí. Me dijeron: nosotros tenemos criterios para mandar hermanas a otro país, primero tiene que recibir 2 años de misionologia, tiene que  pasar 4 meses en México para aprender otro idioma, así que me autorizaron 6 meses. Tres semanas después de llegar, viene la Hermana Superiora me dice… ¿aceptaría 2 años para quedarse acá? Si le dije. Estoy por cuarta vez en Choluteca y me siento bien.

Sor Roberta Levasseur: Pertenezco a las Hermanas de Nuestra Señora del Santo Rosario, nací en 1934, viví mi juventud en la casa, estudiando. Estudie en una congregación misionera, ellas nos enseñaban una vida austera y regresaban delgaditas. Teníamos una escuela laica, un día por milagro me metí así de repente con Hermanas del Santo Rosario que no eran misioneras,  eran educadoras de Escuelas Públicas. Bueno, entonces empecé con la formación, en 1963, el Papa Pio XII hizo un llamado para que apoyáramos América Latina. No conocíamos Honduras, empecé a buscar en el mapa, porque sabía de Japón, China, pero de este país no sabíamos la ubicación. Bueno, piden voluntarias, es así como dije: ES LA HORA DE JESÚS. Inmediatamente el deseo de ser misionera se estaba dando, pensaba que iba encontrar 100 hermanas, pero solo había cuatro, sin embargo con ellas iniciamos la formación en México, luego llegamos a Nacaome. Vivimos las 4 de manera sorprendente, entusiastas. Venimos para escuelas e institutos pero estando en México nos concientizaban que era mejor La Pastoral Familiar.  Actualmente seguimos en la Parroquia San José de Nacaome. Es Jesús quien dirige nuestro camino.

Padre Bernardo Boucher: En casa mi mamá recibía varias revistas misioneras, cada parroquia con 40,000 habitantes solo habían 100 sacerdotes, en mi parroquia con 2,500 habitantes habían 2 sacerdotes y 3 hermanos maristas. Pero ¿cómo el Señor me ha llamado? Quizás estaba como San Pablo, fue un salto hacia adelante. Ingresé a Seminario Interno, habían 3 dormitorios con 100 camas cada uno, donde después de apagar las luces debía existir silencio.  Una vez que el sacerdote hacia la oración y la bendición, y se retiraba del dormitorio, yo daba la media vuelta y hacia la bendición para otros que necesitaban más y que tenían 15 años. No me di cuenta que el Padre estaba ahí, y observó  lo que yo hacía, me imaginé que tenía que escribir 100 veces “Yo estaré más quieto en el dormitorio”, el Padre se acerca y me dijo: “BERNARDO, LO QUE ACABAS DE HACER, ESPERA… TALVEZ ALGUN DIA PODRÁS HACERLO DE VERDAD” y se fue.  En lugar de regaño, palabras divinas. Yo dije: Señor si tú me llamas así, voy a entrenarme como en los deportes.

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