Punto de Vista Reflexión

Lo que me encontré por ahí

Lo que me encontré por ahí
P. Juan Ángel  López Padilla
“Esta República de Honduras es probablemente la más necesitada de toda nuestra América, la más débil, la más pobre, no porque carezca de riquezas materiales en su bello, fértil y extenso territorio, ni por la falta de riqueza intelectual o por la capacidad de sus habitantes.”
Así comenzaba su resumen final, Mons. Manuel Francisco Vélez, el último de los obispos de la Diócesis de Comayagua, antes de la creación de la Arquidiócesis, en la relación que hacía en febrero de 1894 a la Santa Sede, sobre el estado de las cosas en su diócesis, en la visita Ad limina.
Terminando de pulir uno de los capítulos de mi tesis, en estos días, me topé con este documento que se encuentra en el Archivo Vaticano y que me hizo pensar tanto en que, después de todos estos años, a ratos parece que las cosas no cambian, porque a la constatación de que capacidades no nos faltan a los hondureños, el pobre obispo antes de salir a su exilio, también señalaba que la causa de nuestra pobreza es la misma de siempre: “Las continuas y frecuentes revoluciones políticas, que aquí nunca faltan, ni han faltado nunca, son la razón de este miserable estado en que nos encontramos. No hay amor a la patria, ni al trabajo, sólo pensando esta pobre y miserable gente a las revueltas sociales y políticas, en hacerse la guerra”.
Ya les digo, cualquier parecido con la realidad actual, NO es pura coincidencia. Aquí no salimos de un lío para entrar a otro y es increíble como nuestras preocupaciones siguen siendo las mismas de siempre.
Seguía diciendo monseñor Vélez: “Es por eso que, los vínculos con la autoridad han desaparecido prácticamente de la vida doméstica, como en la vida civil y religiosa”.
Pues sí, si nos desautorizamos cada vez que nuestro afán es otro, cada vez que no vemos más allá de nuestra nariz, cuando lo que vale son nuestras razones viscerales y no de conciencia. Se ha perdido el respeto a la autoridad porque autoridad viene de “autor” y aquí somos buenos para imitar, pero no para crear. Es más fácil seguirnos destruyendo y destruyendo la fama y la dignidad de los demás, que aprender creativamente a levantar puentes. Algo deberíamos de aprenderle al Papa Francisco que por más que lo criticaron por su viaje a Suecia a encontrarse con los luteranos fue, a tender un puente y no a levantar un muro. Para eso es ponti-fice, hacedor de puentes.
El espacio me limita, pero decía el obispo, una cosa por demás reconocible en Honduras: “los buenos ciudadanos emigran del país a las repúblicas vecinas de Centroamérica, para encontrar tranquilidad, trabajo y así Honduras se va despoblando poco a poco de una manera miserable.” Vamos, aquí si nos falla la analogía, porque nuestra gente no se va para los países vecinos sino para España o Estados Unidos, pero el asunto es que se van.
Y para concluir: “la religión no es directamente perseguida en sus principios, pero esto es porque reina la indiferencia por todos lados y esto es más nocivo. En teoría, todos son cristianos…” Pues sí, en teoría, porque en la práctica, basta ir a las dependencias del Estado donde saben comenzar las sesiones orando, pero después, a Dios lo echan de ahí, sin ningún reparo.

A %d blogueros les gusta esto: