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LA PURGACIÓN DE LA POLÍTICA

La palabra “catarsis” se deriva del sustantivo griego kátharsis, que significa purgación, limpieza y purificación y en ese sentido fue utilizado por Aristóteles, en referencia “a la purificación en sentido literal y metafórico, desde el acto diario de bañarse, a la extensión metafórica de limpiezas rituales después de pecar o del sacrilegio de la proscrita presencia en un lugar sagrado” (Citado por Peter D. Thomas, Historical-Critical Dictionary of Marxism). Más allá del propósito iluminador del Doctor Thomas, el nuestro es apoyarnos en la frase de Antonio Gramsci, para quien el “momento catártico” es el elemento formativo de la capacidad histórica de actuar… y agregamos nosotros: el momento en que ocurre el cambio en el corazón que cambia su vista hacia el otro; en que los marginados históricamente como la escoria de la humanidad, comienzan a ser vistos por la vergonzosa injusticia a que les hemos sometido. Apoyados en estas palabras, deseamos resaltar tres momentos propicios y actuales que deben ser objeto de meditación: la necesidad de cambios en la política; la actualidad mistérico doctrinal de la catarsis y el profundo significado que representa para nuestra salvación.

 Nadie negará la necesidad de que la política cambie, se renueve y tenga como propósito el bien común y como centro el ser humano. Debe purgarse y lavarse la cara; no habrá mejor purgante que la renovación de sus cuadros y dar paso a principios honestos, de manera tal que el real motivo de la participación sea el servicio a la Patria, cuyo desarrollo depende de sus ciudadanos menos corruptos y más inteligentes y sobrios. Es que no se trata de experiencia, sino de ética y honestidad; cuántos hay que tienen mucha de aquella, pero un mínimo de éstas. Y hay quienes nacieron viejos, al arrullo de palabras dignas de mejores labios. Necesitamos propuestas con sustentos firmes y cifras creíbles. No existe mayor causa de retraso que la improvisación: hemos electo por gritos o discursos atractivos; hasta por efluvios de líderes idolatrados y figurillas de modas estilísticas temporales; por discursos sin sentido y propiciadores de odio y separación; por intereses económicos perversos y extraños y por estrategias dirigidas desde afuera por transnacionales políticas y empresariales, como las pro aborto y de control de la natalidad. Ser “la o-posición” es automático: hay que destruir lo logrado y olvidar lo planificado. No se trata de tener otra posición, sino de oponerse a todo. Burdo y necio. Honduras tiene derecho a ser respetada por sus políticos.

 La catarsis es fundamental para la salvación eterna y, ya que morimos con la mácula dejada en el alma por el pecado perdonado, para estar ante Dios necesitamos purificarnos, aunque ya estamos salvados de la condenación. Ya el sabio Aristóteles (384-322 a. C.) menciona en su obra Poetics el término catarsis, refiriéndose a las limpiezas rituales después de cometer sacrilegio, como el de la entrada no permitida en un lugar sagrado. También filósofos de la talla de Platón, Sócrates, Plotino y otros se refieren con diferentes tonos a una purificación (purus (latín), pur (griego), ambos significan fuego), sin ser ellos monoteístas. Diversos textos antiguos corroboran las mismas ideas en diversos pueblos y como éste, todos los fundamentos religiosos enseñados por la Iglesia en veintiún siglos, han sido esenciales en el desarrollo de la sociedad humana dentro de términos espirituales, morales e intelectuales. Proponer su eliminación, como lo hace la candidata estadounidense, hace suponer estrategias para un nuevo orden mundial bajo condiciones hegemónicas anticristianas. Mal papel harán quienes propugnen un orden que desafíe el tiempo despreciando la fuente primordial humano divina, desoyendo el fuerte viento de la verdad, pese al acomodaticio “está bien” que no se compromete. Aquí, como allá, la metamorfosis es necesaria; aquí, como allá, en la esfera de lo temporal y de lo eterno; para ti y para mí; es imperioso el catárquico giro de los políticos hacia las verdades inmortales y hacia los valores universales de la democracia, la honestidad, el bien común y la justicia para todos.

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