Jubileo: Misericordia a flor de piel

 El compromiso de practicar la misericordia y aplicar la justicia sigue; la Catedral San Pedro Apóstol  se llenó al recibir a los peregrinos de Puerto Cortés.

 Texto: Helen Montoya

Fotos: colaboración Edgardo Zelaya y Carlos Maradiaga

Con sudor en su frente, María Victoria Gutiérrez se detiene en el atrio de la Catedral de San Pedro Apóstol, observa la inmensidad arquitectónica, mira fijamente una imagen de Jesús que porta, y reza entre sollozos “gracias Padre”.

Esta peregrina contó que vino para pedir por toda la gente que sufre, por los pobres, por la unión de la familia y sobre todo para ser más misericordiosa. Expresa que el camino es duro pero que ha llegado con mucha emoción.

Junto a esta fiel católica, unos tres mil feligreses salieron de madrugada de las comunidades de Puerto Cortés hacia San Pedro Sula,  para caminar por cuarenta minutos hasta llegar a la puerta de la misericordia para alcanzar el gozo de la indulgencia en conmemoración del año del jubileo.

Estos peregrinos pertenecen a la parroquia Sagrado Corazón de Jesús en Puerto Cortés, liderada por el párroco Mikel Sagastagoitia. En medio de un poniente sol, los devotos acudieron el pasado sábado y pisaron la acera caliente de la Tercera Avenida. Vestían camisa blanca y ropa cómoda; avanzaron sin detener su paso, formando un interminable río humano.

Las bocinas de  autos y de motos, y estruendos de globos pinchados anunciaban que llegaban al lugar los peregrinos, un grupo numeroso de devotos exhaustos pero sonrientes quienes posteriormente fueron acogidos por el Obispo de la  Diócesis de San Pedro Sula, Ángel Garachana.

Se abrieron las puertas de par en par, así ingresaron los peregrinos, y se prepararon para iniciar el rito bautismal y la celebración de la Eucaristía. Durante la misa,  el obispo pidió quitar el odio y el rechazo. Además,  crear un ambiente de paz, de convivencia, de armonía, de respeto y amor a la vida. “Es un acontecimiento de gracia, el año como jubileo termina pero el compromiso de practicar la misericordia y aplicar la justicia sigue”, manifestó Garachana.

Amplió que este año significa el compromiso de todos los hondureños, para ser misericordiosos, defendiendo la justicia y la paz y sobre todo el don de la vida, “ese gran regalo que Dios nos ha hecho y que está siendo vulnerado en nuestra tierra”.

Por otra parte, el párroco Sagastagoitia  expresó que Honduras está fragmentada, adolorida, donde se necesitan cerrar cicatrices, perdonarnos y dar ese perdón. “Nos regresamos renovados, hemos hecho un compromiso con Dios. La peregrinación comienza en la vida cotidiana. Tenemos la oportunidad de mostrarle a la sociedad que queremos ser misericordiosos como el Padre nos ha enseñado”.

Puntualizó que la Iglesia no debe encerrarse sino salir y vivir de una manera  renovada y entregada, “ratificando la condición de una Iglesia samaritana, que si Dios es compasivo conmigo yo seré así con los demás”.

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