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Embusteros de oficio

El hecho está a la vista, lo comprobamos al leer la prensa diaria, oír los informativos de la radio o de la televisión, no necesita demostración, lo sabemos de sobra y yo creo que nadie lo va a poner en duda. Pero lo más preocupante no es el hecho de vivir engañados.

Lo peor de todo es que nos engañen en cosas muy graves y,  además,  la política del engaño y la mentira van en aumento a una gran velocidad sin que nos demos cuenta.  El caso es que cada día tenemos menos derechos, los recibos de la energía eléctrica llegan con sumas impagables especialmente en hogares de clase baja y media,  ganamos menos, vivimos más inseguros,  la salud funciona peor, la educación es deficiente nadie sabe a ciencia cierta cómo vamos a vivir más adelante.

 Pero además de todo esto que he enumerado,  se nos asegura que lo que sucede  es lo que más necesita Honduras,  lo que nos conviene a todos, por no hablar de las repugnantes noticias que nos llegan cada mañana sobre nuevos y asquerosos casos de corrupción, ejecutados impunemente y con guante blanco por quienes nos dicen que tienen la conciencia tranquila y las manos limpias.

Hace  solo unos días escuche a un político en un medio de comunicación  decir que al pueblo le gusta que le mientan.  que le ofrezcan hasta más no poder.  Eso pasa en todas las campañas políticas, estamos pronto a escucharlas, porque se acercan.

De ahí, la pregunta ¿Por qué nos mienten tanto nuestros gobernantes y los que aspiran a serlo? ¿Por qué aguantamos tantos engaños,  en verdad es que nos gusta? Y es aquí donde un reconocido personaje en asuntos de política. Nicolás Maqueavelo, en “El Principe” dejó escrito: “Los hombres son tan ingenuos y responden tanto a la necesidad del momento, que quien engaña siempre encuentra a alguien que se deja engañar”.

 Esto era lo que pasaba al final del siglo XV,  siempre había “alguien” que se dejaba engañar. Ahora, que tanto sabemos y que tanto hemos progresado, el gobernante que engaña, no se encuentra ya a “alguien” que se deja engañar. En este momento por más que nos manifestemos a gritos por las calles, la verdad es que somos muchos los que votamos, como salvadores de nuestros males, a los embusteros que se hartan de predicarnos mentiras y patrañas.

 El problema es más complejo de lo que muchos se imaginan, si no me equivoco el fondo del asunto está en que los intereses económicos  le han ganado la partida a los intereses políticos. Se los pongo más claro: el sistema económico manda más  que el sistema político. Es decir el sistema capitalista y la codicia del dinero tienen más poder en la vida y en las decisiones de quienes manejan el poder económico, que el sistema democrático y los derechos de los ciudadanos.

 Pero  claro.  lo que ocurre es que los gobernantes no pueden aparecer ante la gente como defensores del “Estado del Capital”,  sino como los protectores que garantizan el “Estado de Derecho”. Lo cual quiere decir que, tal como se han puesto las cosas, al político de oficio, si no es un hombre ejemplar  por los cuatro costados, no le queda más salida que convertirse en un embustero de oficio.

 Yo no digo que todos los políticos sean así. Lo que digo es que, hoy, el ejercicio de la política exige una integridad ética para la que muchos profesionales de la “cosa pública” no están éticamente preparados, porque si los gobernantes necesitan una integridad ética indiscutible, la misma integridad necesitamos los gobernados. Y si no, ¿Qué hacemos cada cuatro años, dando nuestro voto de confianza a quien sabemos que nos está engañando y lo va a seguir haciendo?

Así son las campañas electorales, al pueblo se le llena de  promesas, esperanzas y muy buenas intenciones. A todos se les llena la boca a la hora de prometer cosas. Que no habrá más impuestos, que la economía irá mejor, que habrá menos paros, que la corrupción acabará, que habrá seguridad  y que nuestro país nunca se someterá a los deseos de las grandes transnacionales, les aplauden, y entonces les votan.

 Al cabo de cuatro años nos damos cuenta de que la mayoría de las promesas no se han cumplido, y que al final poco se ha hecho por el desarrollo del país.

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